—Como ya te había dicho, hijo... quería hablar contigo sobre algo.
Sentí un nudo en el estómago.
¿Y ahora qué hice?
No recordaba haber cometido ningún error.
—Ya estoy aquí, padre. ¿Qué sucede?
Por un momento guardó silencio. Su mirada parecía perdida, como si estuviera pensando demasiado las cosas.
—Empiezo a preguntarme si de verdad estoy tomando la decisión correcta...
Fruncí ligeramente el ceño.
—Sígueme. Tenemos que ir a otro lugar.
Lo miré confundido.
—¿A otro lugar? Pero... ¿no podemos hablar aquí?
—Podemos. Sin embargo, prefiero hacerlo en otro sitio.
Su tono dejó claro que la conversación había terminado.
—Está bien...
Mi padre dio un paso hacia la puerta y levantó un poco la voz.
—¡Taeyeon!
No pasaron ni unos segundos antes de que apareciera.
—Sí, mi señor.
—Prepara el auto. Saldremos en veinte minutos.
—Entendido.
—En un momento te enviaré la dirección.
—Como ordene.
Taeyeon hizo una ligera reverencia antes de salir de la casa. En cuanto desapareció por la puerta, mi padre volvió a dirigir toda su atención hacia mí.
—Tú, Haeseung, sube a tu habitación y cámbiate. Ponte la ropa que dejé sobre tu cama.
Parpadeé confundido.
—¿Sobre mi cama?
—Tienes quince minutos.
—Sí, padre.
Subí las escaleras con la cabeza llena de preguntas. Todo estaba siendo demasiado extraño. Mi padre nunca preparaba nada con tanta anticipación y mucho menos se preocupaba por la ropa que debía usar.
Al abrir la puerta de mi habitación entendí a qué se refería. Sobre la cama descansaban dos cajas; una era bastante más grande que la otra. Me acerqué despacio y abrí primero la más grande.
Dentro había un traje negro perfectamente doblado junto a un par de zapatos del mismo color. Lo saqué con cuidado y, después de observarlo unos segundos, terminé por ponérmelo. Jamás había usado un traje tan elegante.
Debía admitir que me quedaba bastante bien, aunque la corbata me hacía sentir como si me estuviera ahorcando.
—Esto aprieta demasiado...
Aflojé un poco el nudo y respiré con alivio antes de abrir la segunda caja.
Dentro había un reloj.
No era cualquier reloj.
Reconocí la marca al instante: un Patek Philippe Grandmaster Chime. No conocía el modelo exacto, pero sí sabía que costaba una cantidad absurda de dinero. Lo observé durante unos segundos antes de colocarlo en mi muñeca.
¿Para qué quiere que use algo tan caro?
La duda siguió rondando mi cabeza mientras me ponía un poco de perfume, acomodaba mi cabello frente al espejo y salía de la habitación.
Cuando iba bajando las escaleras escuché la voz de mi padre hablando para sí mismo.
—Qué complicado es este muchacho... Si ahora es así, no quiero imaginar cómo será cuando tenga que hacerse cargo de todo.
Preferí hacer como si no hubiera escuchado nada.
Al llegar al último escalón, él levantó la vista y comenzó a observarme de arriba abajo.
—Al fin bajas. Tardaste más de lo que esperaba.
Me acomodé un poco el saco, todavía sintiéndome incómodo con el traje.
—Perdón...
—Veo que sí te lo pusiste. ¿Qué te pareció?
Miré un momento mis mangas antes de responder.
—Está bien... No es muy cómodo, pero supongo que podría acostumbrarme.
Él asintió lentamente.
—Mandaré a Taeyeon a comprarte algunos más. Muy pronto los necesitarás.
Lo miré sin entender.
—¿Algunos más?
—Sí. Ahora ve a la sala. Necesito traer una cosa.
No tuve oportunidad de preguntar nada más.
Fui hasta la sala y me senté en uno de los sillones mientras esperaba su regreso. Mi cabeza no dejaba de darle vueltas a todo lo que había pasado en los últimos minutos: el traje, el reloj, la salida inesperada y esa insistencia de mi padre en que pronto necesitaría vestir así con frecuencia.
Todo apuntaba al mismo tema de siempre.
El negocio familiar.
Por más que yo le dijera que no quería formar parte de eso, él nunca parecía dispuesto a escucharme.
Después de unos minutos regresó con una caja negra entre las manos. La dejó sobre la mesa y la empujó lentamente hacia mí.
—Toma.
La sostuve con ambas manos.