El polvo se levantaba como humo mientras avanzábamos por aquel camino viejo. A esta hora de la madrugada la oscuridad lo cubría todo, no había luces, no había testigos, solo la tierra seca, los árboles y el sonido constante del motor.
Yo iba al volante, con la mirada fija al frente y a mi lado estaba Bler, que revisaba su celular con el ceño fruncido, no decía nada como siempre que estaba concentrado.
—¿Sucede algo? —pregunté sin apartar la vista del camino
tecleó un mensaje en el celular.
—Solo le avisaba a Chris que hemos salido.
Y sin más guardo el celular.
—Sabes que prefiero avisarle que saldré a desaparecer a sí de la nada... Como lo haces tú.
No dije nada más. Bler puede parecer duro y bastante competitivo cuando es sobre el negocio, pero cuando se trata de su hijo se nota que aún tiene corazón, lo que es raro y valioso hoy en día en este mundo donde siempre te están apuntando a la cabeza.
Detrás de nosotros, apenas visible, una moto seguía nuestro ritmo, esa es Blery, siempre a distancia, siempre alerta, va armada siempre por precaución, aunque su arma principal no es de fuego sino de información,
Ella no se metía en combate... a menos de que fuera necesario, ella siempre estaba entre las sombras, observando, pero está noche algo me decía que sería muy útil.
_________mientras tanto en la casa Park_____________
Estábamos de camino a la habitación de Chris, después de aquella plática en el jardín, yo iba con las manos dentro de mis bolsillos para no hacer obvio mi curiosidad por todos los cuadros y adornos.
Chris se detuvo un momento y tomó su celular
—Es mi padre.
Mencionó mirando el mensaje en la pantalla del celular.
—¿Qué es lo que dice?
—Dice que han salido y pueden que tarden un tiempo considerable
—Oh entiendo
Chris subió las escaleras sin decir nada, solo hizo un pequeño gesto con la cabeza y con eso fue suficiente para que yo entendiera que quería que lo siguiera.
Cuando entramos a su habitación, me detuve un segundo, no había imaginado anteriormente como sería su habitación... Pero desde luego esto no era lo que esperaba.
Había una guitarra eléctrica en la esquina, una mesa de billar en el centro y uno que otro libro abierto en el suelo, era todo un desorden... Pero un desorden con carácter
—¿Y este es tu cueva o tu habitación? —pregunté mirando todo el desorden que había al rededor.
—Depende del día.
Respondió sarcásticamente cerrando la puerta detrás de nosotros
Enseguida se dirigió a aquella mesa de billar, sacó los tacos y comenzó a acomodar las bolas con una sonrisa en su cara, yo me acerque algo curioso.
—¿Sabes jugar?
Me preguntó sin mirarme a los ojos, como si el ya sabía cuál sería mi respuesta.
—Algo así, no lo suelo jugar mucho.
—Perfecto, entonces ¿Qué te parece si jugamos?
Me preguntó con una mirada a la que no me podía negar.
—Es más hagamos una pequeña apuesta.
—¿Qué tipo de apuesta.
Chris sonrió levemente.
—Si yo gano me cuentas uno de tus secretos... Y si tú ganas te dejo hacerme una pregunta... La que tú quieras ¿Te parece bien?
Me quedé en silencio unos minutos, no sabía si el me está desafiando, coqueteando o jugando con mi mente.
—Esta bien, pero no te enojes si pierdes contra mi.
Sonrió ladeando apenas la cabeza.
—Ja, que confiado, pero ¿Y si tú eres el que pierdes?
—Entonces como ya dijiste. Te diré algo que nadie sabe de mi —respondi al instante.
Arqueó una ceja.
—¿Entonces has aceptado ese trato?
—Claro ¿o qué? ¿Prefieres que apostemos dinero? —dije en forma de broma—. Sabes que podemos hacerlo.
Soltó una pequeña risa mientras negaba con la cabeza
—Esta bien... Pero recuerda que no voy a tener piedad contra ti.
—Me parece bien.
—Entonces. ¡Que inicie el juego!
Chris colocó la bola blanca encima de la mesa y con un gesto seguro, dio el primer golpe, las bolas se esparcieron y sonó el tipico chasquido de del choque.
—Nada mal —mencioné tomando el taco
—es tu turno Haeseung.
Menciono apoyándose levemente en la mesa de juego.
—Veamos que tan bueno eres en esto.
—Te recuerdo que no soy tan bueno en esto Chris.
—Eso no importa.
Comentó observándome con verdadera atención.
Me incliné para golpear, estaba algo nervioso no por el miedo a fallar, era por su mirada fija en mi y en mis movimientos, respiré hondo y tiré, la bola rodó. Y pasó rozando la tronera (agujero de la mesa).