El comienzo de un narco

Cap 17 ⛓️ El peso del "plan"

—Tienes que separarlos.

Las palabras cayeron limpias, sin temblor.

—Chris y Haeseung no pueden seguir juntos —dijo—. Mientras estén cerca, el plan de Bler y Saijin sigue avanzando.

—Pero ¿Y si esto no funciona?

—Todo saldrá descuerdo a lo planeado, porque tú vas a hacer que funcione ¿entendido?

Silencio.

—Recuerda esto Sunghoo —añadió —. No es nada personal, es solo un trabajo —sonrió levemente, como si él ya estuviera seguro de que todo saldría bien—. Solo tienes que sabotear el plan de Bler y todo estará bien.

Asentí. No porque estuviera de acuerdo, sino porque nunca se espera otra cosa de mí.

—Hazlo bien Sunghoo —tocó mi hombro —. Y sobre todo, no me decepciones.

—Sunghoo...

Levanté la cabeza despacio, como si el cuerpo me pesara más de lo normal. El aula volvió a formarse frente a mí: los pupitres, el ruido, la luz entrando por las ventanas. Haeseung estaba de pie junto a mi escritorio, observándome con atención, como si él hubiera llegado justo a mitad de un pensamiento que no debía ver.

—¿Estabas durmiendo? —preguntó.

Negué con la cabeza y me incorporé de inmediato. Sentí todavía el eco de las palabras anteriores retumbando en mi pecho, pero ahora tenía que esconderlas, doblarlas, guardarlas donde no se notaran.

—No —respondí sin pensar dos veces—. Solo estaba distraído.

Haeseung frunció el ceño ligeramente. Sus ojos no acusaban, pero tampoco creían del todo.

El juego había comenzado. Y viéndolo ahora tan de cerca, me di cuenta de que salir de esto no sería nada fácil.

—Yo... ¿Hice algo malo?

Levanté la mirada despacio. Haeseung estaba frente a mí, con esa expresión insegura que siempre aparecía cuando sentía que algo se estaba rompiendo.

—¿Por qué lo preguntas?

—Porque estás muy distante y pensé que tal vez te molesto algo que hice o dije.

—Eso... No es verdad.

—Entonces, dime qué sucede —insistió —. Me importa saber cómo te sientes.

—¿Hablas en serio? ¿Tu realmente estás preocupado por mí? —lo miré con seriedad —. pues no lo parece.

—¿Por qué dices eso?

—Porque siempre eliges a Chris —respondí sin rodeos—. Siempre estás con él, siempre lo buscas a él. No me mires así, Haeseung, no es algo que solo yo vea. Ustedes tienen algo… una conexión que se nota mucho más de lo que crees.

—Sí, pero eso no significa que tú no me importes.

—Eso no es lo que estoy tratando de decir... Yo solo —dudé un instante —. Aún así me duele.

Guardó silencio unos segundos.

—Chris y yo hablamos más, sí, es verdad —admitió—. Pero tú también me importas. Y mucho. Solo que no sé demostrarlo bien. Si algo de mí te lastima, dímelo. Puedo cambiar o al menos lo puedo intentar.

Negué despacio.

—No. Tú no tienes que cambiar. Para empezar, el problema no eres tú... Soy yo.

Bajó la mirada, nervioso. Ese gesto suyo, tan honesto, me desarmó un poco más de lo que debía. Me levanté del asiento, acercándome.

Él se acercó también. Sentí su mano tomar la mía, firme, como si temiera que desapareciera.

Sentí su mano tomar la mía, deteniéndome, acercándome al mismo tiempo. Fue ahí cuando todo se apretó dentro de mí. Porque no era amor lo que me empujaba, era la costumbre de obedecer, de hacer lo que se espera sin preguntar demasiado, de cumplir con un papel aunque se me esté yendo de las manos. Desde siempre he seguido instrucciones, he aprendido a decir las palabras correctas, a mirar de la forma adecuada, a moverme sin dejar rastros. Y ahora estaba aquí, usando eso con alguien que no lo merecía, diciéndome que aún podía detenerme cuando en el fondo sabía que ya había cruzado el punto donde se decide si seguir o caer. Si me echaba atrás ahora, todo el trabajo de mi padre se venía abajo. Si avanzaba, Haeseung iba a quedar en medio de esto. Y aun así… no me solté.

Tomé su barbilla con cuidado para que me mirara.

—Haeseung.

—Si.

—¿Puedo decirte algo?

—Dime.

Las palabras esperaban en el borde de mis labios, listas para convertirse en algo que tendría que mantener de ahora en adelante.

Respiré hondo. Todas mis frases salieron medidas, calculadas, casi como si las hubiera practicado antes, aunque sonaran sinceras.

—Desde que te conocí entendí que eras alguien capaz de mover a los demás sin proponértelo. Yo he pasado mi vida siguiendo caminos que otros eligieron por mí, haciendo lo que se espera, sin cuestionar demasiado. Pero contigo todo se desordena, pierdo el control, y eso me asusta más de lo que debería.

Lo miré fijamente, sin apartarme.

—No sé si debería decir esto… pero contigo siento que estoy rompiendo algo que siempre me enseñaron a proteger.

Hice una pausa mínima.

—Haeseung, creo que tú... Me gustas.

—Sunghoo.

Tal vez nunca había sido yo a quien esperaba escuchar. Tal vez siempre había alguien más ocupando ese espacio, alguien que no necesitaba esforzarse para ser visto. Pensé que, si lograba que me mirara distinto, aunque fuera un poco, todo sería más sencillo. Las cosas no ocurren solas; alguien tiene que empujarlas en la dirección correcta.

—Me gustas —repetí con más seguridad —. No es algo que diga por decir. Desde que comencé a verte, todo se volvió… diferente. Como si nada terminara de encajar.

Eso no era del todo falso, solo estaba un poco incompleto.

—No te estoy pidiendo una respuesta ahora —añadí antes de que pudiera decir algo más—. Solo piénsalo. Eso es suficiente para mí.

Acepté su silencio como si no pesara, como si no significara nada. El tiempo también juega, y a veces gana.

Más tarde, cuando el salón quedó casi vacío y su mano tomó la mía, lo miré con atención. Tan cerca que podía notar detalles que antes no había querido ver. Pensé que, si lograba ocupar ese lugar que no me pertenecía, si conseguía que su atención se desviara aunque fuera un poco, entonces todo seguiría el curso esperado. No tenía que forzarlo. Solo dejar que ocurriera.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.