El comienzo de un narco

Cap 18 ⛓️ un intercambio

No miré atrás. No quería ver nada que me devolviera a Sunghoo. Chris caminaba a mi lado, callado pero ya no tan rígido; lo conocía lo suficiente para saber que estaba tratando de recomponerse.

El estacionamiento estaba bañado por la luz de la tarde, demasiado tranquila para lo que llevábamos encima. Entonces lo ví. El auto de Taeyeon no destacaba por el color ni por el tamaño, sino por la forma en que parecía esperar. Estaba estacionado un poco apartado, como si no necesitara mezclarse con nadie más. Taeyeon estaba apoyado en la puerta, erguido, sereno. No miraba el teléfono. Nos miraba a nosotros. Y en ese instante sentí algo acomodarse dentro de mí, como si alguien hubiera llegado justo cuando debía.

—Suban al auto —dijó.

No alzo la voz, no hizo preguntas, no era necesario.

Chris se detuvo a mi lado. Lo vi dudar, morderse el labio, como si no quisiera ser una carga. Taeyeon giró apenas la cabeza hacia él. Su mirada fue distinta: más suave, más lenta. No lo apuró. No lo obligó. Chris exhaló, casi resignado, y caminó hacia el auto.

Dentro, el motor arrancó con un sonido bajo y constante. El silencio no pesaba. Taeyeon preguntó si estábamos bien, si habíamos comido. Detalles simples, de esos que solo pregunta alguien que se preocupa de verdad. Chris respondió con esa voz tranquila que solo le sale con él, y yo escuché desde mi asiento, observando cómo la ciudad se estiraba frente a nosotros.

El auto siguió avanzando. Y por primera vez, sentí que el mundo no nos empujaba, en lugar de eso, nos cuidaba.

La casa de Chris apareció al final de la calle, silenciosa, con las luces aún apagadas. Taeyeon se detuvo frente a la reja y apagó el motor. Chris tardó unos segundos en bajar; como si quisiera quedarse un poco más dentro de ese espacio que lo protegía.

—Gracias por traerme a casa.

No fue una palabra grande, pero llevaba todo. Taeyeon asintió apenas, con esa media sonrisa que nunca pedía nada a cambio.

Antes de cerrar la puerta, Chris me miró, y en sus ojos no había miedo… solo confianza. Luego entró a su casa, y yo lo vi desaparecer tras la puerta.

El motor volvió a encenderse y el auto avanzó, dejándolo atrás.

El silencio cambió. Ya no era compartido.

Apoyé la cabeza en el asiento y, sin pensarlo demasiado, hablé:

—Taeyeon ¿Mi padre está en casa?

Taeyeon no respondió de inmediato. Sus dedos ajustaron el volante con calma.

—No, él está en una reunión ahora mismo con unos compradores y después tendrá otra reunión con un nuevo socio.

No pregunté más, la palabra reunión siempre significaban lo mismo. Miré por la ventana, siguiendo las luces que se encendían una a una en las casas ajenas.

—Entonces... —dijé dudando —. ¿Puedes llevarme a otro lugar?

Taeyeon giró el rostro apenas, lo suficiente para verme de reojo.

—¿Acaso no quieres llegar a casa?

—La verdad es que no.

Hubo una breve pausa. Luego, sin cambiar el tono:

—De acuerdo.

El auto tomó otra calle. Sentí el cambio de dirección como un alivio lento, casi culpable.

—Fue un día difícil ¿No es así?

Solté una risa leve.

—Sí, un poco.

Taeyeon no insistió. Y yo agradezco que supiera cuando hablar y cuando seguir manejando.

El auto disminuyó la velocidad y se detuvo frente a una calle tranquila, iluminada por luces suaves que no lastimaban los ojos. Al otro lado, un pequeño parque respiraba despacio, con los árboles moviéndose apenas. Taeyeon apagó el motor.

—Voy a estar aquí —dijó ya con la puerta abierta —Ve y tomate tu tiempo.

Asentí. Lo vi alejarse hacia el parque, perdiéndose entre la sombra y el murmullo lejano de la noche. Crucé la calle y empujé una puerta de vidrio. Una campanilla anunció mi entrada.

El aire adentro era distinto. Cálido. Con ese olor que siempre logra que el pecho se afloje un poco. Miré alrededor, buscando sin saber exactamente que.

Y fue entonces cuando lo ví.

Jackson estaba detrás de la barra, dormido, con la cabeza recargada sobre el brazo. La luz caía sobre él de una forma suave, casi cuidadosa. Su delantal estaba torcido, como si el cansancio lo hubiera vencido de golpe. Me quedé quieto un segundo, observándolo, sintiendo que el ruido del día se quedaba afuera.

Caminé despacio y me senté a su lado. No pedí nada. No hacía falta. Me conformé con estar ahí, acompañando su sueño, escuchando el silencio que solo existe en lugares que ya cerraron pero aún no se van.

Y de la nada, mi celular comenzó a sonar.

El sonido me sacó de golpe de ese pequeño refugio. Miré la pantalla, y el nombre me apretó el estómago.

Sunghoo.

El aparato siguió vibrando en mi mano, insistente, como si supiera que había encontrado un lugar donde esconderme.

Y aún así me había encontrado.

Me levanté de la barra con el teléfono en la mano y caminé unos pasos, lo suficiente para no despertar a Jackson. Contesté antes de que terminara de sonar.

—¿Qué quieres Sunghoo? —pregunté en voz baja.

—No empieces —respondió Sunghoo, como si estuviera cansado incluso de discutir—. Solo llamé para… disculparme.

Cerré los ojos por unos segundos.

—¿Conmigo?

—Sí, por lo que sucedió hoy... He pensado y siento que no fue adecuado lo que hice.

—Entiendo, pero no —exclamé sin alzar la voz —. No es conmigo, con quién tu debes disculparte y lo sabes bien.

Hubo un silencio corto. Pude imaginarlo frunciendo el ceño, buscando otra salida.

—Ya para Haeseung, no hagamos las cosas más difíciles —mormuró —. Solo fue una pequeña discusión.

Apreté el celular.

—No Sunghoo. No fue una "pequeña discusión" tu te metiste con Chris.

—No me apetece hablar de él ahora.

—Pues a mi sí —respondí —. Y si de verdad quieres disculparte, hazlo bien. Así que disculpate con él.

Hubo un silencio largo, pero no de los normales, está vez, pesaba más de lo normal.

—Esta bien —cedió —. Me disculparé con Chris




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