El comienzo de un narco

cap 19 ⛓️ — cafetería

SUNGHOO.

El nombre brilló unos segundos, fue incomodo, algo fuera de lugar. Dejé que el celular sonara, una vez, dos veces.

Hasta que la llamada se corto.

suspiré, pensé que ahí terminaria todo, pero me equivoque.

un mensaje aparecio de inmediato.

"¿Por qué no contestas?"

Y al instante otro mensaje aparecio desoues de ese

"No te llamé para pelear."

El tercer mensaje apareció de forma inesperada.

"¿Pensaté en lo que te dijé?"

Mis dedos se tensaron y en ese momento recordé aquélla conversación que tuvimos hace poco. En como Sunghoo veía a Chris simplemente como un intercambio, como una negociación.

"Me disculpé con él."

Dejo de escribir unos segundos.

"Cumplí mi parte.... ahora es tu turno."

Levanté la vista. Jackson me observaba en silencio, como si supiera que algo acababa de cambiar, como si pudiera leer la grieta que se abría lentamente en mis pensamientos.

Porque algunas llamadas no solo interrumpen conversaciones. Algunas empujan la historia hacia un lugar del que ya no hay regreso.

—¿Paso algo?

La voz de Jackson llegó suave, como si no quisiera romper el hilo invisible que nos rodeaba desde hacía rato.

Sus ojos seguían puestos en mí, atentos, pacientes… peligrosamente sinceros.

Bajé la mirada hacia el teléfono que aún sostenía entre mis manos.

¿Qué hago?

Podía decirle la verdad. Podía contarle sobre Sunghoo, sobre Chris, sobre ese trato absurdo el cuál no sabia en qué momento acepté.

No puedo decirle todo. Pero tampoco quiero mentirle.

Tragué saliva, buscando un punto medio donde mi conciencia no me gritara demasiado fuerte.

—Es… un amigo —hablé finalmente, tratando de sonar casual —. Está buscando trabajo.

Jackson inclinó apenas la cabeza, interesado, sin presionar. Esa forma suya de escuchar hacía que el silencio sintiera menos incómodo… y más peligroso, porque me daban ganas de hablar más de la cuenta.

—¿Es alguien cercano?

—No tanto, solo… es alguien que necesita empezar a trabajar.

Tal vez... Solo tal vez él.

—Oye, Jack… —empecé, dudando incluso antes de terminar su nombre —. ¿Crees que… él podría trabajar aquí?

En cuanto las palabras salieron, sentí el golpe de la duda caerme encima.

¿Por qué dije eso? Ni siquiera estoy seguro de querer mezclar a Sunghoo con este lugar… con Jackson.

Jackson parpadeó sorprendido, pero no molesto. Sus labios se curvaron apenas, pensativo.

—Podría ser —respondió con calma —. Pero él supervisor viene en la noche para revisar turnos y esas cosas… aún así tu amigo puede pasar antes. Podría hablar conmigo y ver qué se puede hacer.

Asentí lentamente, aunque por dentro algo se retorcía como si acabara de mover una pieza equivocada en un juego demasiado complicado.

—Gracias —mormuré.

Jackson solo se encogió de hombros, restándole importancia, pero su mirada se suavizó de una forma que me hizo sentir extraño… ligero… vulnerable.

Desbloqueé el teléfono y abrí el chat con Sunghoo. Mis dedos dudaron unos segundos antes de escribir.

"Tal vez encontré algo para tí, ven a esta dirección ***********"

Envié el mensaje antes de arrepentirme.

El sonido del envío apenas terminó de desaparecer cuando sentí que Jackson se acercaba un poco más. No fue brusco ni repentino. Fue lento… casi como si me estuviera dando tiempo de notar su presencia, su respiración, el calor tenue que empezaba a romper la distancia entre los dos.

Levanté la vista.

—¿Sabes? —susurró —. Te preocupas demasiado por los demás.

—Eso no es algo malo.

Antes de que pudiera responder, Jackson inclinó apenas el rostro. Fue un movimiento pequeño, natural, como si simplemente estuviera cerrando una conversación sin usar palabras. Sus labios rozaron los míos en un beso breve, tibio, inesperado… pero suave, como una promesa que aún no sabía pronunciarse.

El mundo no se detuvo. La cafetería siguió respirando alrededor. Pero algo dentro de mí sí lo hizo. Cuando se separó, lo hizo despacio, observándome con una mezcla de nervios y tranquilidad que me dejó sin saber qué decir.

Y justo en ese silencio, mi teléfono vibró otra vez.

Sunghoo había respondido.

—Perdón… —habló en voz baja —. No debí hacer eso sin preguntarte.

No sonaba avergonzado —no del todo—, pero sí cuidadoso. Como alguien que no se arrepiente del sentimiento, solo del riesgo.

—No... No pasa nada.

Y era verdad, pero a la vez no.

Lo miré unos segundos. El eco del beso aún flotaba, leve, como vapor sobre una taza caliente.

—Jackson… —respiré —. Me importas. Pero...

Los “pero” siempre llegan como lluvia sobre lo que empezaba a sentirse claro.

—Solo somos amigos. ¿Sí? —continué con suavidad —. Y… un beso no cambiará eso.

No lo dije con frialdad, sino con esa honestidad que duele menos cuando se ofrece despacio Mis ojos no huyeron de los suyos; quise que entendiera que no era rechazo, era límite.

—No quiero que se malinterprete —añadí —. No quiero lastimarte después.

Jackson me sostuvo la mirada unos segundos. No había enojo. Solo una pequeña sombra de decepción… y luego, comprensión.

—Entiendo —bajó la mirada —. Gracias por dejarlo claro.

El ambiente no se rompió. No hubo tensión cortante. Solo un reajuste silencioso, como cuando una canción cambia de tono pero sigue siendo la misma melodía.

—Entonces, sigamos siendo amigos sin importar que —volvió a sonreír.

No contesté, simplemente tome mi celular y miré aquél mensaje.

"Llegó en 15 minutos"

Leí el mensaje de Sunghoo dos veces, como si al repetirlo fuera a cambiar el número. Quince minutos no suenan a mucho… hasta que sabes exactamente quién viene caminando dentro de ellos.

Tecleé una respuesta corta y la borré. Luego otra. También la borré.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.