El comienzo de un narco

Cap 21 ⛓️ se me hace familiar

Antes de que pudiera decir algo más, mi teléfono vibró sobre la mesa.

La pantalla se iluminó

Sunghoo.

Contesté casi de inmediato.

—Ya voy en camino —dijo su voz del otro lado, ligeramente agitada—. Perdón por el retraso.

Miré alrededor de la cafetería.

—Está bien —respondí—. Tranquilo, no pasa nada.

Mientras hablaba, escuché el sonido de la puerta abriéndose. Ese pequeño tintinear de

la campanilla que colgaba arriba siempre anunciaba la llegada de alguien nuevo.

No le di demasiada importancia al principio.

—Solo llega con cuidado —agregué.

La llamada terminó.

Levanté la vista justo cuando alguien caminaba hacia el interior de la cafetería.

Era un chico alto.

Lo primero que noté fue su cabello castaño, ligeramente ondulado, cayendo con naturalidad sobre su frente como si nunca hubiera intentado acomodarlo demasiado. La luz del lugar hacía que algunos mechones parecieran más claros.

Su piel tenía ese tono intermedio que no era completamente pálido, pero tampoco oscuro. Algo cálido. Natural.

Los ojos cafés recorrían el lugar con calma, como si solo fuera otro cliente más buscando una mesa libre.

Y entonces sonrió.

Una sonrisa tranquila. Encantadora.

Demasiado normal.

Tan normal que resultaba casi extraño pensar que alguien así pudiera tener cualquier relación con el mundo en el que yo vivía.

Mis ojos siguieron su camino sin que me diera cuenta.

El chico caminó directo hacia una mesa del fondo.

Dónde estaba la chica de hace rato.

Ella ya estaba sentada, con una taza frente a ella. Cuando lo vio acercarse, levantó la mirada y le dedicó una sonrisa breve.

Él tomó asiento frente a ella.

Jackson también lo notó.

—Lo siento —me dijo rápidamente—. Tengo que atenderlos.

Asentí

—Está bien.

Jackson tomó su libreta y caminó hacia la mesa de ellos

No sé si fue curiosidad.

O instinto.

Pero giré ligeramente la cabeza para seguir mirando.

El chico estaba diciendo algo mientras Cristina lo escuchaba con atención. Desde donde estaba no podía oír sus palabras, pero sí podía ver la forma relajada en la que se movía.

Demasiado relajado.

Como si no hubiera nada peligroso en su vida.

Como si el mundo fuera simple.

Apoyé la barbilla sobre mi mano, observándolo unos segundos más.

Algo dentro de mí no podía evitar pensar en la lista que mi padre me había obligado a memorizar.

Y el como algunos nombres comenzaban aparecer en mi mente.

El sonido de la campanilla en la puerta volvió a escucharse.

Levanté la mirada casi por reflejo.

Su cabello blanco resaltaba incluso desde la entrada, como si la luz de la tarde se quedara atrapada en cada mechón. Caminaba con esa calma suya, con las manos dentro de los bolsillos del abrigo y la mirada tranquila recorriendo el lugar.

Sunghoo siempre llamaba la atención.

Sus ojos azules se movieron por la cafetería hasta encontrarme.

Cuando lo hicieron, levantó ligeramente la mano a modo de saludo y comenzó a caminar hacia mi mesa.

—Pensé que no llegarías.

Sunghoo se detuvo frente a mí.

Soltó un pequeño suspiro.

—Perdón por el retraso.

—No pasa nada, supongo.

Jackson, que estaba cerca de nosotros con una bandeja en la mano, levantó la vista curioso.

—¿Es él? —preguntó.

Asentí

—Así es… es él —dije finalmente.

Sunghoo inclinó un poco la cabeza y luego miró a Jackson con una sonrisa educada.

—Un gusto. Jackson, ¿verdad? —dijo mientras extendía su mano.

Jackson lo observó un segundo, como si intentara leer algo en su rostro, y luego correspondió el gesto.

—Así es.

Sus manos se estrecharon brevemente.

—Espero que podamos llevarnos bien —añadió Sunghoo con calma.

—Lo mismo digo —respondió Jackson.

Luego miró por encima de mi hombro hacia el mostrador.

—Ahora, si me disculpan… tengo que servir un pedido.

—Ah, sí, claro —dijo Sunghoo.

Jackson comenzó a alejarse, pero se detuvo a medio paso y volteó hacia mí.

—Haeseung… ¿puedes venir un momento?

Asentí.

—Claro. ¿Nos esperas, Sunghoo?

—Por supuesto.

Jackson y yo caminamos hacia el otro lado de la cafetería, cerca de la barra. El sonido de la máquina de café llenaba el espacio con un zumbido constante.

Fue entonces cuando noté algo extraño.

Jackson estaba… serio.

Demasiado serio.

Lo cual ws algo raro en él, considerando que casi siempre tenía esa sonrisa ligera en el rostro.

Se detuvo cerca de una mesa de la esquina y se apoyó ligeramente en ella.

—Oye, Hae…

—¿Qué sucede, Jackson? —pregunté—. ¿Acaso no te agradó mi amigo?

Jackson negó de inmediato.

—¿Eh? No, no es eso…

Parecía buscar las palabras correctas.

—Es solo que…

—¿Qué pasa?

Jackson exhaló lentamente.

—Cuando te conté sobre mi vida… hubo algunas cosas que omití. Cosas que decidí no contar del todo.

—Entiendo

Jackson se quedó unos segundos en silencio, como si estuviera ordenando recuerdos.

—Verás… ese chico… tu amigo.

Jackson levantó la mirada hacia donde estaba sentado Sunghoo.

—Me parece familiar.

Fruncí ligeramente el ceño.

—¿Familiar?

—Sí… como si ya lo hubiera visto antes. Como si lo hubiera conocido hace mucho tiempo.

Se pasó una mano por el cabello, pensativo.

—Escucha, Haeseung… cuando iba en secundaria estudié en una escuela solo para chicos. Yo no era muy sociable, apenas estaba entrando y durante la primera semana casi no hablé con nadie.

Lo imaginé más joven, callado, mirando al suelo.

—Era muy tímido. Pasaba la mayor parte del tiempo solo… hasta que, dos semanas después, llegó un chico nuevo.

Entrecerró ligeramente los ojos, intentando recordar.

—No recuerdo bien su nombre, pero sí cómo era.




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