"y no quiero perderlo otra vez"
Esa frase no la dijo en voz alta… pero pude verla en su mirada.
Sunghoo levantó lentamente la cabeza, como si ese pensamiento aún pesara dentro de él, como si no supiera muy bien qué hacer con todo lo que acababa de recordar.
—Hasta que ese chico se mudó… —repitió en voz baja.
Asentí, despacio.
—Sí.
El silencio que siguió no fue incómodo… pero tampoco tranquilo. Era un silencio lleno de cosas no dichas, de recuerdos flotando entre nosotros, de algo que estaba a punto de revelarse pero aún no terminaba de tomar forma.
Lo observé.
Algo en su expresión había cambiado.
Entonces me miró.
No fue una mirada cualquiera. Fue distinta… más firme, más clara, como si por fin hubiera encontrado una respuesta que llevaba tiempo buscando.
—Ese chico era yo.
Por un momento sentí que no había entendido bien.
El mundo pareció detenerse apenas un segundo.
—¿Eh…?
Parpadeé.
Sunghoo dejó escapar una risa baja, amarga, de esas que no nacen de la alegría sino del cansancio.
—Yo era ese chico, Hae… —murmuró—. Yo amaba a Jackson.
Sus palabras no fueron fuertes… pero algo en su voz hizo que todo dentro de mí se quedara en silencio. Como si el aire se hubiera vuelto más pesado.
—Fue mi primer amor.
Bajó la mirada hacia la mesa. Sus dedos se deslizaron suavemente sobre la superflcie, como si estuviera siguiendo un recuerdo invisible, como si intentara aferrarse a algo que ya no estaba.
—No quería dejarlo… —continuó, más bajo—. De verdad quería quedarme a su lado.
Hizo una pausa.
Una de esas pausas que dicen más que cualquier palabra.
—Pero no pude.
Tragué saliva.
Quise decir más, pero él levantó la mano, deteniéndome sin brusquedad, como sisupiera exactamente lo que iba a intentar decir.
Sentí cómo algo en mi pecho se apretaba.
—Tuve que terminar con él —añadió, ahora con un tono más firme—. Por mi padre… por esta vida.
—Sunghoo…
Apretó ligeramente la mandíbula.
Y por primera vez, no vi duda en él… solo enojo contenido.
—Odio esta vida.
No lo gritó.
Pero sonó más fuerte que si lo hubiera hecho.
—Tuve que dejar a la persona que amaba por todo esto.
No respondí de inmediato.
Porque lo entendía.
No de la misma forma… pero sí lo suficiente como para saber que no había palabras que realmente arreglaran algo así.
El silencio volvió a caer entre nosotros, más denso esta vez.
—…Lo entiendo —murmuré al final.
Levanté la mirada, buscando la suya.
—Pero míralo así…
Esperé a que volviera a mirarme.
—Hoy volvieron a encontrarse.
Sunghoo negó despacio.
—No es tan fácil.
Su voz había bajado otra vez.
—¿Y si ya no le gusto?
Esa pregunta no era ligera.
Se notaba en cómo evitaba mirarme directamente.
—¿Y si ahora le gusta alguien más?
No pude evitar sonreír un poco… no porque fuera gracioso, sino porque entendía ese miedo.
—Fuiste su primer amor.
Hice una pequeña pausa, dejando que eso se asentara.
—Eso no desaparece tan fácil.
Sunghoo no respondió enseguida.
Sus ojos bajaron otra vez.
—¿Y si sí?
Seguí su mirada por un instante… y entonces lo noté.
Jackson venía caminando hacia nosotros.
Todo dentro de mí se tensó un poco, como si el momento hubiera decidido avanzar por su cuenta.
—Entonces… —dije suavemente— tal vez no tengas que imaginarlo tanto.
Sunghoo frunció levemente el ceño.
—¿A qué te refieres?
Giré apenas la cabeza.
—A que ahí viene.
Sentí cómo su cuerpo se tensaba a mi lado.
—¿Qué…?
No terminó la frase.
Jackson ya estaba frente a nosotros.
—Lo siento —dijo mientras se sentaba—. Ahora sí, ya volví.
Su tono era tranquilo. Normal.
Demasiado normal para todo lo que acababa de pasar. Como si el mundo de él no hubiera cambiado… mientras el de Sunghoo acababa de romperse un poco.
—¿Qué te trae por aquí?
Noté cómo Sunghoo dudaba apenas un segundo antes de responder, como si estuviera acomodando todo lo que sentía en una respuesta simple.
—Estoy buscando trabajo… Haeseung me dijo que aquí necesitaban gente.
Jackson asintió, pensativo.
—Ya veo.
Lo observó con más atención, como si intentara medir algo más que sus palabras.
—¿Sabes hacer postres?
—Algunos… pasteles, flanes… panes dulces.
Jackson se recargó ligeramente en la silla.
—Aquí no solo se cocina.
Hubo un pequeño silencio, pero esta vez era más cotidiano, más ligero.
—Lo sé.
—Antes tenía ayuda —continuó Jackson—, pero ahora hago prácticamente todo.
No sonó como queja… pero el cansancio estaba ahí, escondido entre palabras simples.
Sunghoo asintió.
—Entiendo.
Jackson lo miró directo.
—Entonces dime… ¿quieres trabajar aquí?
Esta vez no dudó.
—Sí.
Una sola palabra… pero sincera.
Jackson asintió.
—Bien. Empiezas en tres días.
Sunghoo parpadeó, como si no esperara una respuesta tan rápida.
—¿Tres días?
—A menos que quieras empezar antes.
Lo observé un segundo. Dudó… pero no por el trabajo, eso era evidente.
—Tres días está bien —intervine antes de que se enredara más.
Sunghoo asintió casi de inmediato.
—Sí… está bien.
Jackson pareció conforme. Se levantó con naturalidad, como si ya estuviera acostumbrado a no detenerse nunca.
—Perfecto. Tengo que atender a otro cliente.
Lo seguimos con la mirada hasta que se alejó entre las mesas. Y con él… algo cambió. No desapareció la tensión, pero dejó de ser tan evidente.
Apoyé los brazos sobre la mesa, mirándolo.
—¿Y ahora?
Sunghoo alzó la vista, confundido.
—¿Ahora qué?
—¿Qué piensas hacer con Jackson?
La pregunta quedó suspendida entre nosotros.