El comienzo de un narco

Cap 23 ⛓️ ¿Me recuerdas?

Hola a todos.

No tenía planeado subir un capítulo el día de hoy, pero lo hago por si el día de mañana no soy capaz de hacerlo por algunos asuntos.

Entonces sin más que decir, disfruten del capítulo.

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—Entonces… ¿eso sería todo? —pregunté, manteniendo la voz firme.

—Así es, señor. En unos días todo estará listo.

Asentí despacio.

—De acuerdo. Entonces me retiro.

—Recuerde que hoy tiene una junta con Bler —añadió—. Su hijo no podrá asistir. Haga lo necesario para que no vaya… y esté preparado para todo.

Hice una breve pausa.

—Lo estaré. Gracias.

Cuando ya estaba por irme, su voz volvió a alcanzarme.

—Por cierto… ¿no te asusta lo que está por pasar?

Sonreí apenas.

—¿Asustado? Yo mismo lo acepté.

—De acuerdo…

—Con permiso.

—Hasta luego, Saijin.

Me levanté sin decir nada más y caminé hacia la salida.

La luz del exterior me golpeó de pronto, obligándome a entrecerrar los ojos.

—Vaya… qué día tan brillante…

Saqué el celular y revisé la hora. Aún era temprano o eso parecía.

Haeseung ya debería estar en casa.

Alcé la mirada.

Cuatro autos.

Estacionados no muy lejos.

Fruncí ligeramente el ceño.

Este lugar está demasiado apartado como para que haya tanto movimiento… pero decidí no darle importancia. No todavía.

Subí al auto, dejé una carpeta con información, en él asiento del copiloto y me puse el cinturón.

Encendí el motor y avancé.

El camino se extendía frente a mí… pero mi mente estaba en otra parte.

Tres días.

Solo tres días para que Haeseung cumpliera 18.

Tres días para que todo cambiara.

Ese poder… todo lo que construí… pronto dejaría de ser mío.

Debería ser un motivo de orgullo… de celebración.

Pero no lo era.

No así.

Nunca quise que fuera de esta manera.

Quizá lo mejor era no pensar demasiado… solo dejar que todo ocurriera.

Solté un suspiro.

Y confiar en que Taeyeon haya hecho lo que le pedí.

Hoy… Haeseung debe mantenerse al margen.

No debe saber nada.

Un movimiento en el espejo retrovisor me hizo fruncir el ceño.

Un auto.

Detrás de mí.

Giré en otra calle. Luego en otra.

Tres minutos.

Seguía ahí.

Apreté el volante.

—Qué curioso…

Aceleré un poco.

El auto también.

Entonces dejé de fingir.

No era coincidencia.

No pasó mucho antes de que otro vehículo apareciera desde una esquina… y se uniera.

Y luego otro.

Y otro más.

Cuatro.

Cuatro autos siguiéndome.

Mi pulso se aceleró.

—Esto ya no es normal…

Di varias vueltas, cambié de ruta, intenté perderlos… pero no funcionó.

Seguían ahí.

Como sombras pegadas a mí.

El tráfico apareció frente a mí como una maldita pared.

—Maldición…

Miré a ambos lados.

Sin salida.

Sin tiempo.

Sin margen de error.

Solo había una persona que podía ayudarme ahora.

Tomé el celular.

Marqué.

Los segundos se arrastraron como si el tiempo disfrutara verme caer.

—Vamos… contesta…

—¿Jefe? ¿Ocurre algo?

—¿Dónde estás? —solté, sin ocultar la tensión—. ¿Por qué no contestabas?

—Lo siento, señor. ¿Qué sucede?

—Necesito que vengas. Ahora mismo.

—¿Pasó algo?

Respiré hondo, mirando el espejo.

Seguían ahí.

—Escucha bien… hace unos veinte minutos un auto comenzó a seguirme.

Hice una pausa.

—Ahora son cuatro.

Silencio.

—Enseguida voy —respondió—. Envíeme su ubicación.

____________

Terminé la llamada y en pocos segundos, la ubicación ya había aparecido en mi pantalla.

El señor Saijin no suele sonar así… pero esta vez…

Esta vez había algo distinto en su voz.

Algo que no me gustó.

—Tengo que ir por Haeseung… ahora —murmuré, sintiendo un peso en el pecho—. Si algo le pasa… será mi culpa.

No perdí tiempo.

Me dirigí de inmediato a la cafetería.

Entré rápido, casi sin mirar a nadie.

Mis ojos lo buscaron entre las mesas hasta encontrarlo.

—Ah… ahí está.

Caminé hacia él, pero en cuanto me acerqué, todos levantaron la mirada.

Haeseung.

Jackson.

Y… Sunghoo.

—Lamento interrumpir —dije, intentando mantener la calma—, pero Haeseung… tenemos que irnos.

Jackson frunció ligeramente el ceño.

—¿Tan pronto?

—Lo siento, pero debemos irnos ahora.

Haeseung me miró, confundido.

—¿Pasó algo?

Di un paso más cerca.

—Haeseung, tu padr—

—Está bien, no hace falta decir más —interrumpió Sunghoo con rapidez—. Nos vemos luego, Haeseung

Lo miré por un segundo.

Demasiado atento.

Demasiado rápido.

Pero no era momento.

Salimos de la cafetería sin decir mucho más.

El aire afuera se sentía… pesado.

Abrí la puerta del auto y ambos subimos.

—Perdón, Haeseung —murmuré al encender el motor.

—No te preocupes, Taeyeon.

Pero su voz… no estaba tranquila.

Conduje lo más rápido que pude.

Cada semáforo… cada calle… se sentía como un obstáculo.

No podía fallar.

No hoy.

—¿Qué sucede? Dime la verdad.

Apreté el volante.

—Lo siento… pero no puedo decirle nada por ahora —respondí, sin mirarlo—. Solo… confíe en mí. Lo llevaré a casa.

Hubo silencio.

—De acuerdo…

El resto del camino fue… quieto.

Demasiado quieto.

Como si el mundo supiera que algo estaba por romperse.

Cuando llegamos, detuve el auto frente a la casa.

—Entra, por favor. Ve directo a tu cuarto —le pedí—. No salgas.

Me miró unos segundos.

Como si quisiera preguntar más.

Como si ya sospechara.

Pero al final… solo asintió.

—Está bien.

Lo vi entrar.

Y hasta que la puerta se cerró…

Respiré.



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En el texto hay: lgbt, misterio accidentes y muertes, dark romace

Editado: 14.04.2026

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