El comienzo de un narco

Cap 25 ⛓️ Antes de que me olvidaras

Estábamos hablando cuando lo noté.

Saijin comenzó a tambalearse, apenas… de un lado a otro, como si el suelo hubiera dejado de sostenerlo. Sus párpados descendían lentamente, luchando contra algo que ya lo estaba venciendo.

Lo supe de inmediato.

No estaba bien.

Se le notaba en la respiración, en la forma en que su cuerpo cedía poco a poco… como si estuviera a punto de desaparecer frente a mí.

—Saijin…

Iba a decir algo más, cualquier cosa que lo mantuviera aquí… pero no me dio tiempo.

Su cuerpo cayó.

O al menos lo habría hecho… si no lo hubiera sostenido justo antes de que tocara el suelo.

—Saijin… Saijin, despierta —murmuré, con una urgencia que no pude disimular.

No reaccionó.

El miedo se instaló en mi pecho con un peso insoportable.

Entonces escuché pasos apresurados.

Chris y Haeseung llegaron corriendo hacia nosotros. Sus miradas se clavaron en la escena, pero… algo en Haeseung me hizo dudar. No era indiferencia, pero tampoco era la preocupación que esperaba ver.

—Taeyeon, ¿qué pasa? ¿Está todo bien? —preguntó Haeseung.

—¿Estás bien? ¿Qué sucedió? —añadió Chris, acercándose más.

Negué con la cabeza.

—Yo estoy bien… el que está herido es Saijin.

Chris se agachó de inmediato, observándolo con atención, mientras yo trataba de mantenerlo consciente.

—¿Qué tiene? —preguntó Haeseung, ahora más serio.

—Está muy mal… —respondí, revisándolo con rapidez—. Tiene una herida de bala… y varios golpes. Ha perdido demasiada fuerza. Tenemos que llevarlo a casa, ahora.

Chris no dudó.

—Entonces, ¿qué estamos esperando? Vámonos. Tenemos que asegurarnos de que se recupere.

Asentí, sin apartar la vista de Saijin.

—Haeseung, avisa a los demás. Nos retiramos.

—Sí… pero ¿qué hacemos con ellos? —dijo, señalando al grupo de Gerald.

Ni siquiera lo pensé.

—Déjalos. Ahora lo importante es Saijin.

Hubo un breve silencio… y luego asintió.

—De acuerdo.

Mientras Haeseung se alejaba para dar la orden, Chris y yo levantamos a Saijin con cuidado y lo llevamos hasta el auto.

Su cuerpo se sentía más pesado de lo normal… no por su peso, sino por la forma en que no respondía. Como si se estuviera yendo.

—Listo, ya les dije —anunció Haeseung al regresar—. Están recogiendo todo.

—Gracias —respondí rápidamente.

Me miró por un momento antes de hablar.

—Supongo que irás en el auto con mi padre, ¿no?

—Sí… a menos que quieras venir conmigo.

Negó con la cabeza.

—Gracias, pero mejor voy con Chris.

—Está bien.

—Ven, Chris.

Nos separamos sin decir más.

El camino de regreso fue un silencio tenso. Mis ojos no se apartaban de Saijin ni un segundo, atento a cualquier cambio… cualquier señal.

Pero no hubo nada.

Solo su respiración débil… y ese miedo constante de que se detuviera.

Cuando llegamos, la casa ya estaba rodeada de seguridad. Todo se movía rápido, eficiente… pero distante.

En cuanto entramos, el lugar se cerró sobre nosotros como un refugio… o una espera.

Chris y yo lo llevamos directamente a su habitación.

Lo recostamos con cuidado.

Seguía sin despertar.

Apreté la mandíbula.

No podía perder tiempo.

—Chicos, cuiden a Saijin un momento —dije, levantándome—. Iré por lo necesario para limpiar sus heridas.

Haeseung asintió.

—Está bien, Taeyeon. Chris y yo nos encargamos.

Lo miré una última vez antes de salir.

Y por primera vez, sentí como el tiempo estaba en nuestra contra.

Salí de la habitación con el pulso aún desordenado.

El pasillo estaba lleno de murmullos bajos, respiraciones cansadas… cuerpos heridos intentando sostenerse unos a otros.

Algunos se curaban como podían, otros simplemente se sentaban, agotados.

La guerra no siempre termina cuando dejan de escucharse los disparos.

Bajé las escaleras sin detenerme y fui directo a donde guardaban los suministros. Tomé vendas, alcohol, gasas… lo necesario.

Repartí algunas cosas entre los demás sin decir mucho. No tenía tiempo para explicaciones. Solo podía pensar en él.

Regresé.

—No ha despertado —dije apenas crucé la puerta.

—Aún no —respondió Haeseung.

Chris observaba en silencio.

—Se ve mal… no es solo el cansancio, debe estar más herido de lo que pensamos.

—Lo está —respondí sin rodeos—. Y si seguimos perdiendo tiempo, podría empeorar. Necesito que me ayuden a curarlo.

Chris asintió de inmediato.

—Sí, claro… dime qué hago.

Pero Haeseung dudó.

—Yo… tengo que hacer algunos deberes. Y Chris… creo que deberías irte a casa, deben de estar preocupados por ti.

Chris lo miró, confundido.

—No creo que sea buen momento para...

—Vamos —lo interrumpió Haeseung, con una firmeza que no dejaba espacio a discusión—. Yo te llevo.

Guardé silencio un segundo… y luego asentí.

—Está bien. Yo me encargo.

—Adiós, Taeyeon —dijo Haeseung antes de salir.

La puerta se cerró… y con ella, cualquier distracción.

El silencio se volvió pesado.

Me acerqué a Saijin.

Su respiración era débil, irregular… como si cada intento le costara demasiado. Preparé todo con cuidado y comencé a limpiar las heridas de su rostro, despacio, evitando lastimarlo más.

Su piel estaba fría.

Demasiado.

Descendí hasta su hombro. La herida de bala seguía sangrando ligeramente.

Suspiré

—Voy a tener que quitarte la camisa… así que no te quejes después —murmuré, más para mí que para él.

Desabroché los botones uno a uno, con cuidado.

Casi terminaba cuando—

Sentí un tirón.

Levanté la mirada.

Sus ojos estaban abiertos.

Pero no había reconocimiento en ellos.

Solo desconfianza.

—¿Quién eres… y qué crees que estás haciendo? —su voz era baja, pero firme.

El aire se me atoró en la garganta.



#3475 en Novela romántica
#1094 en Otros
#220 en Acción

En el texto hay: lgbt, misterio accidentes y muertes, dark romace

Editado: 06.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.