Ya casi era la hora.
El lugar comenzaba a llenarse poco a poco, no de ruido… sino de presencia. Conversaciones bajas, pasos medidos, miradas que se cruzaban y se retiraban antes de volverse incómodas. Nadie levantaba la voz, pero todos sabían por qué estaban ahí.
Entre la gente, algunos rostros destacaban más de lo que deberían. Jóvenes. Demasiado jóvenes para ese tipo de ambiente… pero aun así presentes. Observando, aprendiendo, siendo arrastrados poco a poco a algo que todavía no terminaban de comprender.
El futuro… mezclado con el presente.
Y entre todo eso…
Blery.
No hacía falta buscarla. Estaba ahí, a unos pasos, firme, elegante, con esa calma que no era fragilidad… era control. No intervenía, no hablaba de más, pero su sola presencia mantenía todo en su lugar, como si nada pudiera desordenarse mientras ella estuviera observando.
Mi mirada se detuvo apenas un segundo en ella antes de continuar.
Saijin.
Dudaba que viniera.
Y si lo hacía… no sería en condiciones
—Espero que venga —murmuró Taegyung a mi lado, con esa calma suya que nunca terminaba de sentirse del todo natural—. Estas reuniones sin él se vuelven… tediosas.
—No es como si fuera estrictamente necesario —respondí—. Pero hoy… su presencia cambia las cosas.
Taegyung no respondió.
Solo observó.
Como si estuviera viendo más de lo que los demás podían.
—…Disculpen.
Giré el rostro.
Sunghoo.
Había algo distinto en su expresión.
—¿Qué sucede?
—Chris… necesita hablar con usted. En privado.
Asentí sin cuestionar y tomé a Chris por el hombro, guiándolo a un punto más apartado. No demasiado lejos… solo lo necesario.
La distancia correcta.
—¿Qué sucede, Chris?
—Bueno… verás, padre… me preguntaba si el señor Saijin vendrá… y si eso significa que su hijo… Haeseung… también estará aquí.
Ah.
Demasiado interés.
—¿Haeseung?
—Sí…
—No vendrá.
El cambio en su expresión fue inmediato.
—¿Qué? ¿A qué te refieres con que no vendrá?
—Simplemente no asistirá.
—Pero tú dijiste que él asistiría a todo.
—No. Dije que asistiría con más frecuencia… no a todo.
El silencio se instaló entre nosotros.
—Hoy no es necesario que esté aquí, Chris —esperé un momento—. Además la invitación, solo fue para Saijin, no para Taeyeon, ni mucho menos Haeseung.
No dijo nada.
Pero fue suficiente.
Cuando regresé, todo seguía exactamente igual. Blery en su lugar, impecable, observando como si nada escapara a su mirada. Taegyung también estaba ahí… exactamente donde lo había dejado.
—¿Todo en orden? —preguntó sin mirarme.
—Nada fuera de lo esperado.
Hubo una pausa breve, casi imperceptible, antes de que volviera a hablar.
—Entonces… esto se pondrá interesante.
Giré apenas el rostro hacia él, no por lo que dijo… sino por cómo lo dijo. Había algo en su tono, en esa calma tan medida, que no terminaba de encajar. Como si ya supiera algo. Como si estuviera esperando este momento desde antes de que siquiera comenzara.
No dije nada.
Pero por un segundo…
Algo no encajaba del todo.
________. . Saijin y Taeyeon . .______
—Taeyeon, prepara el auto. Nos vamos.
Mi voz salió seca, sin espacio para discusión. El dolor en el brazo seguía ahí, punzante, constante… pero no era nada que no pudiera ignorar. No esta noche.
—Señor… no está en condiciones de salir —respondió Taeyeon con cuidado.
Lo miré.
No completamente.
Mi vista ya no era la misma sin los lentes, todo se volvía ligeramente borroso… molesto.
Pero no necesitaba ver con claridad para imponerme.
—¿Te pregunté?
El silencio cayó de inmediato.
—Pero señor, usted mismo sabe que no puede—
—Dije que prepares el auto.
No alcé la voz.
No hizo falta.
—¿Salir? ¿A dónde?
La voz de Haeseung.
Siempre a destiempo.
Siempre donde no debe.
Giré apenas el rostro hacia él, entrecerrando los ojos para enfocar su silueta.
—No es nada que te interese.
—Si estoy preguntando es porque me interesa… y porque quiero saber por qué no voy.
Solté una leve exhalación por la nariz, más fastidio que cansancio.
—Escuchá bien, Haeseung… —di un paso hacia él—. Sí, tengo que salir.
Hice una pausa breve.
Lo suficiente.
—Pero tu, te quedas.
—¿Por qué?
Ahí estaba.
Esa insistencia.
Esa necesidad de sentirse parte de algo que todavía le queda grande.
—Porque no eres necesario.
Directo.
Sin adornos.
—Así de simple. Te quedás acá… y más te vale ir a tu habitación antes de que tenga que repetírtelo de otra forma.
El silencio se tensó.
—No.
Fruncí el ceño.
—¿Qué acabás de decir?
—Que no voy a ir a mi habitación.
Lo miré fijo ahora, sin intentar ocultar el enojo.
—Y ¿sabés algo, padre?… yo ya sé todo.
"Obviamente no, pero no necesita saberlo"
Por un segundo…
el aire cambió.
No por lo que dijo.
Sino por el atrevimiento.
—¿Qué estás diciendo, estúpido?
—Ya sé a dónde vas… a qué vas… y para qué.
Mi mandíbula se tensó.
—¿Ah, sí? —di un paso más cerca—. Entonces decime… ¿quién te lo dijo?
—Eso no importa.
—Taeyeon —lo llamé sin girarme—. Te estoy esperando.
Sonreí apenas.
Pero no había humor ahí.
—Claro que importa.
Pero negué con la cabeza al instante siguiente, perdiendo el interés.
—No… en realidad no.
Di media vuelta.
—No voy a discutir por una estupidez como esta.
Caminé sin mirar atrás.
—Vámonos, Taeyeon.
Escuché la voz de Haeseung detrás, llamándolo… una disculpa, algo débil, algo inútil. No presté atención.
No era importante.
Nada de eso lo era.
Seguí avanzando, sintiendo el dolor en el brazo y esa ligera distorsión en la vista que me obligaba a enfocar más de lo normal.