El consultorio privado estaba silencioso a esas horas de la madrugada. Afuera apenas se escuchaban algunos autos pasando a lo lejos y el sonido constante del aire acondicionado llenando los pequeños espacios vacíos entre cada segundo.
Blery no había dejado de caminar desde que llegamos.
Iba de un lado a otro por la sala de espera con los brazos cruzados y la respiración inquieta, como si quedarse quieta aunque fuera un momento hiciera que todo esto se volviera más real. De vez en cuando levantaba la mirada hacia la puerta del consultorio esperando que el médico saliera otra vez.
Yo en cambio, permanecía inmóvil, como si nada me había afectado.
O al menos, eso parecía por fuera.
Porque por dentro sentía la cabeza hecha un desastre.
No podía dejar de pensar en el incendio.
Blery volvió a girar hacia mí rápidamente.
—¿Por qué tarda tanto?
No respondí enseguida.
La verdad era que tampoco quería escuchar la respuesta.
Después de unos segundos, la puerta finalmente se abrió y el médico apareció acomodándose los lentes mientras revisaba unas hojas.
Nuestro médico de confianza.
Uno que sabía perfectamente a qué nos dedicábamos y que había aprendido hace años que ciertas preguntas simplemente no debían hacerse.
Blery fue la primera en acercarse.
—¿Cómo está Chris?
El médico levantó apenas la vista antes de responder con calma.
—Está fuera de peligro.
Sentí algo aflojarse dentro de mi pecho de inmediato.
Blery soltó el aire temblorosamente y cerró los ojos unos segundos, claramente intentando calmarse.
—Respiró demasiado humo durante el incendio —continuó el médico—, pero lograron sacarlo a tiempo. Ya limpiamos sus pulmones y solo necesita descansar un poco. Probablemente despertará completamente más tarde.
Asentí lentamente sin apartar la mirada de él.
—¿Podemos verlo?
—Claro. Pero intenten no alterarlo demasiado.
Entramos casi inmediatamente.
La habitación privada estaba tenuemente iluminada por una lámpara lateral y algunas luces pequeñas de las máquinas médicas Chris permanecía acostado sobre la cama con oxígeno puesto y una manta cubriéndole parte del cuerpo.
Se veía agotado, pero estaba vivo y eso es suficiente.
Chris tenía los ojos cerrados, aunque por la forma en que respiraba era evidente que estaba consciente apenas a medias.
Blery se acercó primero acariciándole el cabello con cuidado mientras yo seguía quieto cerca de la puerta observándolo.
Entonces la culpa volvió a golpearme.
Muchísimo peor que antes.
Sentí las piernas pesadas de repente y terminé sentándome de golpe en una de las sillas junto a la cama mientras bajaba la mirada.
—Si hubiera revisado que todos estuvieran afuera… —murmuré con la voz rota— Chris no estaría aquí.
El silencio llenó la habitación inmediatamente.
Apreté las manos con fuerza intentando controlar todo lo que estaba pasando dentro de mi cabeza.
—Bler… —la voz de Blery sonó mucho más suave esta vez.
Negué apenas con la cabeza.
—Debí asegurarme. Era mi responsabilidad.
Sentía el pecho hundirse más con cada palabra.
Porque no importaba cuánto intentara justificarlo. Chris era mi hijo. Y estuvo a punto de morir mientras yo intentaba sacar a todos los demás.
Blery caminó lentamente hasta quedar frente a mí y apoyó una mano sobre mi hombro.
—No fue tu culpa.
Solté una risa seca sin siquiera levantar la mirada.
—Claro que sí.
—No —insistió ella con calma—. Todo estaba pasando demasiado rápido. Había fuego, disparos, gente herida… nadie estaba pensando claramente.
Blery se inclinó un poco más cerca de mí.
—Chris está vivo —murmuró suavemente—. Eso es lo importante ahora.
Levanté finalmente la mirada hacia la cama.
Chris seguía respirando lentamente bajo el oxígeno, completamente agotado pero a salvo.
Apreté apenas la mandíbula, porque sí, Chris estaba vivo.
Pero el hecho que Chris este vivo, no cambia nada.
No cambiaba la imagen de Taeyeon alejándose en aquel auto mientras nosotros nos quedábamos ahí mirando sin hacer absolutamente nada.
Blery suspiró lentamente antes de hablar otra vez.
—Afortunadamente Taeyeon entró por él…
Eso fue exactamente lo que terminó rompiéndome algo dentro del pecho.
Solté una risa seca mientras bajaba la mirada hacia mis manos.