El Compañero Que No Veo

CAPÍTULO 01

Mis pulmones ardían como brasas, el aire parecía volverse inexistente. Miraba en todas las direcciones, con las manos intentando sujetar el bolso que rebotaba en cada pisada. Intentaba mantener el control concentrándome en el sonido del viento a alta velocidad, pero era ridículo. Yo lo era. Mis dientes chirriaron de tanta presión. Tengo que respirar bien, me repetía incontables veces. El estómago se me retorcía, una presión insoportable que subía hasta el pecho.
El camino entre la galaxia y la Tierra parecía infinito, pero la vista era única. Abajo, todo se movía. Capas de luz, sombras, fragmentos de mundos superpuestos. Era hermoso. Tanto que tenía una belleza que dolía, me generaba algún tipo de nostalgia en mí.
¿Por qué hacía esto?¿Estaba exagerando?

Estoy poniendo en peligro la Tierra.

El pensamiento pareció tener eco. Mis valores, mis sentidos, mi vida… todo parecía haberse multiplicado para bien o para mal. Miré al suelo. Parecía que no avanzaba, las piernas me pesaban, los músculos estaban llegando a su límite.
Corré.
Corré.
Cerré los ojos, pero incluso en esa oscuridad una luz parecía traspasar mis párpados. No tuve tiempo de abrirlos. De la nada, todo pareció flotar. Fragmentos aparecían. Escuchaba voces. No palabras claras. Murmullos superpuestos. Risas suaves. Discusiones leves. Sentí que hablaba, que respondía. Que preguntaba algo sin saber qué. Vi siluetas sin rostro, presencias cercanas, familiares de una forma que me descolocó.
No sabía quiénes eran. Pero sabía que importaban.
Algo rojo cruzó la luz. Revoloteaba. Era un hilo, fino, tenso. No tenía inicio ni fin. Entonces apareció una mirada, ojos similares al hielo con algo que no supe nombrar. No había rostro, solo sensación, supe que los reconocería incluso sin haberlos visto nunca.
Otra luz llenó el espacio. Dorada, cálida. No dolía. Tampoco era calma. Era algo contenido. Algo se desplazó en el espacio, como una sombra que no proyectaba forma. Sentí un peso suave, inexistente y absoluto al mismo tiempo, como si el aire a mi alrededor se volviera nulo. No tocaba mi cuerpo, pero me rodeaba. Me contenía.
Un nombre resonó. Un eco lo repetía insistente como si no quisiera que lo olvidara.
Ahí lo supe.
Era el comienzo de algo que ya había sido escrito.
La luz se cerró de golpe. No hubo dolor. Solo la sensación de haber cruzado un límite que ya no podía deshacerse. Y entonces,

todo se apagó.

[Buenos Aires, Palomar]
Una gota, una más entre tantas, cayó por mi cuello. El calor se me pegaba a la piel como si no quisiera soltarse. El sol parecía estar demasiado cerca, sentía que me quemaba vivo. Aun así, nadie parecía alarmado. La gente seguía con su día como si nada, reían, hablaban fuerte, caminaban sin apuro.
Me quedé quieto un momento, observando. Había personas sentadas en lo que llamaban reposeras, a la sombra de árboles flacos, tomando algo que parecía caliente pero tenía olor a fruta. No entendía la mezcla, pero ellos lo tomaban felices, compartiéndolo, y eso me provocó una sensación rara en el pecho.
El ruido era constante. Colectivos que frenaban de golpe, autos tocando bocina, sirenas lejanas que se acercaban y se alejaban. Todo sonaba al mismo tiempo. Había leído que la sociedad en la Tierra se había desarrollado con tecnología avanzada, pero leerlo no se comparaba con estar acá, en medio de todo. Aun así, prefería esto. Mil veces esto antes que allá. Acá nadie me pedía nada. Por eso elegí la Tierra, y por momentos, incluso me hacía sentir un poco en paz.
Intenté orientarme. Miré las calles, los carteles, los nombres que no me decían nada. Caminé sin rumbo durante un rato. Cada vez que pensaba haber entendido por dónde iba, terminaba en otro lugar distinto. Me agote. Me senté en el suelo y comencé a observarlos. Todos tenían algo en la mano. Caminaban mirando hacia abajo, hablaban solos, tocaban una pantalla con los dedos como si fuera lo más natural del mundo. Algunos se detenían de golpe, otros se reían de la nada. Ahí recordé que esto era de lo que había leído, no era solo un aparato. Era la forma en la que este mundo sobrevivia. Suspiré despacio y agarré mi bolso. Saqué la libreta. Si quería sobrevivir acá, tenía que empezar por lo básico. Necesitaba uno de esos. Un ‘celular’. Ahora nadie usaba mapas, nadie preguntaba direcciones. No iba a ser fácil acostumbrarme, pero no tenía opción. Voy a ver dónde venden uno. ¿Tendrá algún nombre en especial?
Después de estar un buen rato buscando y metiéndome a cada local que vendía lo que serían “protectores para los celulares", encontré su mundo. Era grande, el suelo reluciente, parecía que los teléfonos flotaban. Eran demasiados. Miré un modelo sencillo, negro y sin tantas vueltas. Observé dónde los iban a buscar, habían varias personas que iban y venían de una dirección similar, otras personas estaban frente a una… ¿se llamaba computadora, eso? No recuerdo. Había varias personas, todas con el mismo uniforme.
De la nada, un sonido que era similar a rayar un vidrio se hacía más fuerte conforme pasaba el tiempo. Intenté buscar de dónde venía ese sonido tan molesto y sorprendentemente venía de una chica.
—Ay papii, salió un nuevo modelo, mira, mira, este tiene la cámara más alargada—. Señaló eufórica.
Miré con atención, no era el único al parecer. Todos los que estaban en el local se dieron la vuelta, algunos giraron los ojos y otros miraban con destellos. Por otro lado, el que supongo que era su padre estaba lleno de bolsas, tanto que su brazo se estaba volviendo morado.
—Pero, anda bien el tuyo, ¿o no?
—Si, pero yo quiero este modelo.
Fruncí el ceño. Las personas de alrededor comenzaron a murmurar entre sí, pero no hacían nada. Yo tampoco podía hacer nada. Mi mirada volvió al celular, tenía que agarrarlo. Todavía no tengo dinero de la tierra como para dejarlo en la caja y no robar. Tengo que ¿cometer otro crimen? Mi estómago parecía apretujarse y la culpa me dominaba.
Isai, tenes que sobrevivir en la tierra, aunque sea lo mínimo. Es para poder vivir, después lo devolverás, como sea.
Traté de autoconvencerme.
Al seguirlo terminé entrando en una sala casi sin iluminación, habían cientos de productos clasificados con códigos, habían electrodomésticos de todo tipo y todos los colores. Aunque… eran bastantes sobrios. Mientras observaba todo terminé perdiendo al chico, así que busqué el primer celular negro que vi, no sé ni que modelo era. Lo guardé en mi bolso sintiéndome totalmente un ladrón.
Me fui del lugar viendo como el padre pagaba y la hija claramente feliz. Lo mínimo que podía hacer. Ahora debo buscar comida, gracias a la Diosa que tenemos la misma comida acá que allá. Con tan solo imaginarme qué podría comer se me hacía agua en la boca, hace muchas horas no tenía algo en el estómago.
Una verdulería se asomaba por la esquina, y yo ya me sentía completo. Pero la idea de que tenía que robar “indirectamente” me pesaba sobre los hombros. Si no me acostumbro a esto no voy a poder vivir en paz. Comencé a ver la fruta y terminé llevándome dos de cada. Sabía que no podía cocinar con fuego, y no voy a tener una cocina.
—¡Es increíble que sean las siete de la tarde y todavía sea de día!
Está mal escuchar conversaciones ajenas pero, esta señora gritaba. Me sorprendía el hecho de que todavía sea de día pero, eso significaba que debía encontrar dónde quedarme a dormir lo más rápido posible.
Guarde rápido las demás cosas, el bolso me explotaba y pesaba bastante, pero traté de ignorarlo. Estuve un rato largo intentando buscar una casa en construcción, no sé ni cuánto caminé, ni dónde fue que comencé, pero por lo menos encontré un techo. Era de dos pisos, le faltaba revocar, no había ventanas, pero eso no era un impedimento para quedarme. Subí las escaleras, era plena noche, tenía una linda vista. El ruido de los pedazos de cemento crujían a cada paso que daba, era seco, solitario. Mi voz rebotaba en un pequeño eco que luego desaparecía. Me senté en el suelo y comencé a comer mirando por lo que sería la ventana. Las estrellas acá se veían super pequeñas. Saqué mi libreta y comencé a hacer una lista. Debo tener en claro mi vida aquí, y organizarme lo más posible. Con esa idea en mente, comencé a escribir:
No quedarme demasiado tiempo en un mismo lugar.
No llamar la atención (deja todo en su lugar y DISIMULA)
Olvídate del pasado.
No te metas en la vida humana.
No te ena
Ah, todavía no configuré el celular.
Traté un buen de minutos pero me pedía cosas que no sé ni qué son, ni cómo crearlas. Refunfuñe como nunca, hasta que pude.



#5069 en Novela romántica
#1234 en Fantasía

En el texto hay: amor, poderes, invisible

Editado: 25.02.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.