El Compañero Que No Veo

CAPÍTULO 02

Al pisar el colegio una incomodidad en mi pecho era imposible de ignorar. El sonido de mi suela contra el mármol resonaba más de lo normal, como si cada paso anunciara algo que no debía ser anunciado. Me tensé. Entrar había sido una decisión impulsiva; quedarse, una peor.

Cuando entre había un patio enorme, uno con techo y otro no. Algunos hacían deportes gritando, peleando y claramente con una fuerte competencia entre sí. Por otro lado, algunas chicas se quedaban sentadas charlando. Un contraste brusco. Pero pensaba que eran inteligentes, los demás que jugaban parecían perder la cordura en cada paso.

Por lo que veía, los demás alumnos estaban en otros salones. Eso me alivió un poco. Caminé despacio husmeando por las ventanas, me llamaban la atención algunas mochilas que eran todo menos mochilas. Estaban rotas, una peor que otra. Habían carteles, decoraciones, eran lindos creativamente. Pero algunos salones pedían repararse a gritos.

Mientras pensaba todo esto subí al segundo piso. Estos eran de alumnos más grandes, los de último año tenían carteles por todos lados, banderas colgando con frases distintas. Y así me pasé horas hipnotizado, probé algo que tomaban los directivos, estaba super caliente, pero era muy rico, debo buscar como se llamaba eso. Después me di cuenta que habían salones de todo. laboratorio, música, talleres de algo, biblioteca, y más. Solo me falta mirar el patio de recreo.

Antes de llegar allí un rayo de sol traspasaba la pared, en esos recovecos la luz cálida se hacía paso. Al entrar ese patio era bellísimo, un pasto verde perfectamente liso, algunas plantas y flores. Pero lo que más me extrañó fue la presencia de un gato, un gato atigrado. Inmediatamente cuando entré se despertó de su siesta y vino con un dulce ronroneo a pedirme mimo, sus ojos se cerraban y su cola parecía vibrar. Estaba feliz. Pero antes de que llegará a mi una campana aturdió nuestros tímpanos provocando que el gato se vaya corriendo asustado. Me levanté alarmado, ¿qué ocurría? Mire para todos lados en busca de alguna amenaza, debía salir de ahí lo antes posible ante cualquier duda. Cientos de chicos comenzaron a salir de a montones, no estaban asustados, estaban ansiosos. Lo que me ponía más ansioso a mi. Tenía que irme si o si, esto era descontrol de gente acumulada. Intenté orientarme, la salida estaba a la derecha pero eso significaba que debía pasar por la escalera. Más gente todavía. Tenía miedo de que algo de mi les roce. No querría que con treinta y cuatro grados a la sombra sienten un escalofrío. Fruncí el ceño, claramente aturdido por las pocas opciones de salida. No me quedaba otra que esquivar, aunque esperara a que se vayan todos a un sitio, era imposible. Todos merodeaban de acá para allá.

Agarré valentía y caminé a paso apurado, cada persona que venía era estirarme como un fideo, juntar mis brazos y hacerme contorsionista. Uno, dos, tres y más. Parecía que estaba escapando de una epidemia sin tocar a nadie. Pase por al lado de un chico que venía moviendo sus manos de una forma errática. Parecía que los dioses se pusieron de acuerdo en castigarme por entrar donde no debía. Intentaba analizar sus movimientos a un metro de distancia pero era totalmente imposible. Le iba a generar un escalofrío. Y así fue. Al pasar al lado de él, mi hombro se juntó con su mano, estremeciéndolo y dejándolo callado un par de segundos. Pensé que iba a ser más caótico, pero actuó como si nada.

La salida se acercaba, y la gente disminuía. Era totalmente un alivio. Reí internamente al notar como me sentía.

—No puedo creer que me haya sacado un siete ¡de pedo, mal!

—Yo te dije que ibas a aprobar. lo que me habías dicho en el repaso se notaba que sabías bastante.

—Si.. pero, sabes como es el profe, Yasumi.

—Bueno, pero—sin antes terminar la frase nuestras miradas se cruzaron. Esta chica me miraba un poco sorprendida, pero a la vez me analizaba juzgándome la vestimenta. Yo, por otro lado, estaba atónito. No supe reaccionar. Me miró.

Me miró…

Eran esos ojos. Me suena. Pero, ¿por qué me vio? Me voltee a verla nuevamente pero seguía caminando junto a una chica como si nada ¿casualidad? No. Me vio perfectamente. La tensión en mi cuerpo parecía expandirse a cada extremidad, las manos me comenzaban a sudar. Solo pensaba en salir y pensar sin tanto bullicio.

Al pisar el afuera, los ruidos exteriores me inundaron nuevamente, parecía que estaba en una burbuja, pero no me podía sacar de la cabeza su mirada, me vio. Pero no entiendo el por qué, se supone que nadie me ve ¿tengo poder ahora? Una pizca de ilusión parecía apoderarse de mí. No puede ser, si tengo poder es peor ahora, ¿hace cuanto pueden verme? ¿Me vieron robar?

Mi mente no paraba, y una ansiedad subía. Demasiadas preguntas sin respuestas, y demasiadas situaciones hipotéticas que terminaban mal. Me aturdia. Debía confirmarlo para estar un poco más relajado.

Me acerqué a una madre con su hijo, agarrando algo del piso como excusa.

—hola, disculpe ¿esto es suyo?

Ni me miraron, ni escucharon. Era invisible otra vez. O nunca lo fui. No me disgusta, pero la poca ilusión que tenía se me cayó a pedazos. Me senté en el pasto sin un propósito. Al parecer debía autorregularme porque disocie por largos minutos. Mi cerebro al parecer se había exaltado con todo lo que pasó y necesitaba desconectarse pero, inconcientemente seguía sacando hipótesis.

Se me habían ocurrido tres cosas.

La primera era, de la nada tengo poder y ahora me materializo. Como sería normalmente, no lo sé controlar o sea, a veces soy visible y otras veces no. Segunda, es de Enerfeliz y me descubrieron.

Tercera, algo raro tiene esa chica que logró verme.

No importa, si llegan a ser de Enerfeliz me tengo que ir de acá. Ahora mismo. Debo buscar otra zona. Irme de nuevo a palomar o quedarme en caseros en la zona más lejana. Dudé unos segundos. Ninguna opción me parecía fiable.



#5069 en Novela romántica
#1234 en Fantasía

En el texto hay: amor, poderes, invisible

Editado: 25.02.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.