El condor y la llama

El paso que lo cambia todo

El murmullo del río no fue lo único que llegó con la mañana.

—Así que al final están aquí.

La voz vino desde el sendero alto, clara como el aire frío. Los tres levantaron la vista Allí estaba Illary, la hermana de Amaru.

No llevaba adornos ceremoniales ni el manto formal que usaba en el consejo. Solo una túnica sencilla ceñida a la cintura y el cabello oscuro trenzado sobre un hombro. La luz del amanecer delineaba su figura con firmeza, como si el sol hubiera esperado su llegada. Amaru camino hacia ella

—Te levantaste temprano.

—Siempre lo hago cuando alguien intenta cambiar su destino sin avisarme —respondió ella, levantandose

Suma retiró las manos del agua, de pronto consciente de su postura, de su respiración, de todo. No era miedo exactamente. Era… reconocimiento. Illary tenía esa presencia que hacía que uno quisiera mantenerse erguido, pero a la vez un aura donde te puedes estar tranquila
Chaska la observó con atención silenciosailenciosa illary se detuvo frente a Suma, a una distancia prudente

—Me alegra ver que estás bien —dijo, mirando el río antes que a él, como si quisiera asegurarse de que esa calma fuera real.

Suma no respondió de inmediato. Las palabras parecían sencillas, pero se acomodaron dentro de él como algo que llevaba tiempo esperando escuchar.

—Yo… —su voz se quebró apenas—. No sabía si podría volver

Illary inclinó el rostro, estudiándolo con esa atención tranquila que no invade

—Volver no siempre significa quedarse —dijo—. A veces solo significa comprobar que ya no te pertenece el miedo.

El agua siguió corriendo entre las piedras. Amaru observó a su hermana en silencio. Había en su mirada algo distinto: no la cautela del guerrero, sino la confianza del hermano que sabe que alguien más entiende lo que él no siempre puede decir.

Illary observó el silencio que se había formado entre ellos y luego volvió su atención a Suma

—Y otra cosa —añadió, con una leve curva en los labios—. Encuentra a alguien bueno para ti.

Suma parpadeó, sorprendido.—¿Alguien…?

—Alguien que no te haga dudar de tu propio valor —continuó ella con calma—. Que camine a tu lado, no delante ni detrás. Que no te pida que seas menos para quedarse.

El aire pareció tensarse apenas, Amaru desvió la mirada hacia el río, como si el agua de pronto le resultara fascinante. Suma sintió el calor subirle al rostro

—Eso suena… difícil.

Illary negó suavemente —No tanto como vivir sin ello.

Sus ojos, sin embargo, se movieron un instante hacia Amaru antes de volver a Suma.

—Y cuando lo encuentres, no lo apartes por miedo.

El mensaje quedó suspendido entre los cuatro. El río siguió fluyendo, indiferente… pero el silencio ya no era el mismo.

El río siguió fluyendo, pero el aire había cambiado. No era incómodo. Era consciente.

Suma bajó la mirada un segundo. Luego la levantó.
—Gracias —dijo a Illary con sinceridad.

Ella asintió, satisfecha, como si no necesitara más. Chaska fue el primero en romper la quietud

—El trabajo no va a esperar —murmuró Chaska, mirando hacia el sendero superior donde las primeras voces ya comenzaban a organizar la mañana.

El comentario devolvió el mundo a su ritmo habitual. No eran héroes en una historia. Eran jóvenes con responsabilidades

—Sí, vamos —le dijo a Chaska. Luego inclinó apenas la cabeza—. Con su permiso, Illary Ñusta.

Illary sostuvo su mirada un segundo más de lo habitual. No como autoridad. Como testigo.

—Vayan —respondió con serenidad—. El día no espera a quienes dudan.

Chaska hizo un gesto breve de despedida y comenzó a caminar. Suma lo siguió, esta vez sin volver la vista atrás.

Cuando el murmullo de sus pasos se perdió entre las piedras del sendero, el río volvió a ocupar el silencio.
Illary no se movió de inmediato.Amaru tampoco.

—Habla —dijo ella al fin, sin mirarlo.

Amaru dejó escapar el aire por la nariz, casi una risa breve.

—Siempre sabes cuándo estoy pensando demasiado.

—No —corrigió ella—. Solo sé cuándo estás sintiendo demasiado.

Amaru bajó la vista al agua.

—Es joven – camino hacia su lado

—Tú también lo eres —respondió Illary. Mientras miraba el rio

—No en lo que importa.

Ella se volvió hacia él entonces. Para mirarlo fijamente

—¿Y qué es lo que importa, hermano?

Amaru tardó en responder. El sonido del río parecía llenar el espacio que él no lograba ocupar con palabras. Pasó la lengua por sus labios, como si buscara algo que no encontraba. Su mirada se perdió en el agua en movimiento, siguiendo el curso incierto de la corriente, como si allí pudiera ordenar lo que llevaba dentro.

Respiró hondo, Sus manos, acostumbradas a la firmeza de la lanza y al peso de la tierra húmeda, se cerraron lentamente en puños y luego se relajaron.
No era que no supiera qué decir, era que decirlo en voz alta lo haría real.

Finalmente habló, pero su voz salió más baja de lo habitual.

—La responsabilidad… —empezó, midiendo cada sílaba—. El equilibrio que debo mantener. Lo que esperan de mí. Lo que siempre han esperado.

Levantó la vista hacia Illary.

—No solo soy un hombre, hermana. Soy un símbolo para algunos. Un ejemplo para otros. Si doy un paso en falso…

No terminó la frase y Illary no lo interrumpió. Amaru bajó la mirada otra vez.

—Y si ese paso arrastra a alguien más conmigo —añadió finalmente—, entonces deja de ser solo mi riesgo.

El río siguió fluyendo, ajeno a sus dudas. Pero en la tensión de su voz había algo nuevo: no solo miedo. También un Deseo

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#2519 en Novela romántica

En el texto hay: romance, boylove

Editado: 18.02.2026

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