El Congreso

Capítulo 7


 

Cassidy Moore Díaz

¡Patatas! No puedo conciliar el sueño, hace un par de horas que choque con el ¿turco? ¿inglés? La verdad no se por que tenía un poco de todo a los que mis ojos alcanzaron a ver y esa su voz tan potente y melodiosa como canto de ángeles.

Ya deja de babear》

Babear ¿yo?. No lo hago, sólo admiro las hermosas obras de arte y bellos paisajes.

《Haces todo, menos admiras

Eso es golpe bajo.

Por los tamarindos de mi abuela, al único que debo tener en mente es Marcus  se supone que es el chico que me gusta y no al Fortachon ese, quizá no lo vuelva a ver otra vez así que me quedaré con el recuerdo de ese cabello rubio y su manos fuertes, grandes y cálidas.

Estúpido y se...

El ruido de la puerta siendo abierta detiene mis pensamientos haciendo que me acueste como si hace unos segundos no hubiera pasado nada, cubriendo mi cuerpo con la sábana.

-Eres un idiota primo -entra una Elena pasada de copas a la habitación lanzando su bolso y zapatos por ahí, camina unos pasos hasta llegar a su cama y se desploma sobre esta susurrando palabras sin sentido haciendo que ria internamente.

No se que habrá pasado con Marcus, para que lo llame idiota y luego hable entre sueños bocharra sobre que va a conquistar al señor Black u Özdemir. Lo que se, es que mi hermoso rubiecillo esta aquí.

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Hoy me desperté antes de lo previsto a las 5:00 am. Deberia recibir un premio a mi gran hazaña ya que si estuviera en Bolivia seguro abriría un ojo a las 8:30 am. daría dos vueltas sobre la cama y luego besaria el suelo.

En estos momentos bebo de mi taza de café mientras pruebo unos deliciosos panecillos de canela  y me enamoro más de las vista que tengo en frente mía, son las ocho de la mañana y no tengo nada que hacer, la primera  conferencia comienza a las 14:30 de la tarde y luego hay un a segunda que termina a las 21:30 de la noche.

Según mis cálculos debería dormir, pero como este lugar es tan hermoso no puedo pegar un ojo. 
Un grupo de muchachos en traje pasan delante de mi, los miro de reojo sobre mi libro y reconozco a mi rubiecillo que se queda quieto al darse cuenta que lo observo y detiene a un castaño barbudo.

¡Señor tu si que sabes hacer las obras de arte!

Mi conciencia grita y estoy de acuerdo con ello. Dios se esmera mucho en ello con cada uno... algunos altos, bajos, gordos, flacos, blancos, negros su creación es perfecta Él nos ama tanto que no importa cuantas veces nos equivoquemos nos perdona, por eso tiene el título de mi primer amor.
Los demás de quedan al final de la lista y eso incluye a mi hermano y primo.

-¿Caos? -pregunta el castaño y asiento, ya que el rubio se quedó mudo de la emoción.

-¡Desastre! -me levanto de mi silla sin pensarlo dos veces y salto sobre mi querido castaño el cual abre sus brazos y me atrapa- Hola, mudo rubiecillo.

Este sonrie y niega, uniéndose a nuestro abrazo.

-Princesa, estas más bella que cuando vi esa foto tuya en esos archivos -habla mientras toma un mechón de mi cabello entre sus manos y lo miro desconcertada- Creo que ahora tienes la belleza D'Alessandro.

-Cierra la boca Black, sabes que... -mi querido desastre no puede terminar la frase ya que comienzan a tomarnos fotos un par de hombres y algunas mujeres  preguntan quien soy, no me queda más que ocultar mi rostro en el cuello de mi hermano cosa que es casi imposible y Egan se quita el saco que trae puesto y lo coloca sobre mi cabeza.

-Joven D'Alessandro ¿ella es su novia?

-¿Por qué el joven Black dirigió el apellido D'Alessandro a ella?

-¿La señorita tiene que ver algo con su familia?

-¿Es acaso su nueva amante?

Así y muchas otras preguntas surgieron de parte de los periodistas hasta que llegamos al ascensor y las puertas se cerraron es sus caras, nunca pensé pasar por eso fue intenso.

《Demasiado diría yo》

Estoy de acuerdo, ¡por el cuerpo perfecto que me gustaría tener! Deje mi libro en aquella mesita. Golpeo mi frente en señal de frustración mientras estos chicos sólo ríen y Egan pasa el libro por mis ojos el cual lo tomo en mis manos y lo abrazo.

-¡Mi bebé! Gracias rubiecillo te mereces un premio por esto.

-Y espero que me lo des antes de que terminen las conferencias -asiento mientras ambos besan a cada lado de mi mejilla y bajan del ascensor sin decir nada, como siempre unos imbéciles a la hora de despedirse.

Voy hasta mi piso en todo el ajetreo se hicieron las 9:30 de la mañana y no tengo idea de que hacer, así que aprovecharé a leer mi libro. Doy un paso fuera del ascensor y tropiezo al salir de este lastimado mis rodillas.

-Se encuentra bien señorita -habla un hombre de traje que apenas puedo verlo sus zapatos, se agacha hasta mi altura y quita un mechón de mi rostro.

¿Se puede morir uno a causa de un tropezón he ir al cielo?

Díganme que ¡Si! Por que lo ven mis ojitos es demasiado bello para ser real... y es el mismo tipo con él que choque anoche. Ahora que lo tengo cerca y puedo apreciarlo es mucho más sexy y comestible de lo que pensé.




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