El Congreso

Capítulo 22



 

HADES ÖZDEMIR PRIDE

Había logrado lo que quería, tenerla para mi por una noche, pero no estaba satisfecho, quería más de ella.

Me sentía poderoso al tenerla entre mis brazos y ser el primer hombre en haber explorado su anatomía, su respiración volvía a ser tranquila mientras ella miraba mi rostro como si quisiera grabar este momento en su memoria.

Su sonrisa.

¡Maldita sea!

Por que me gusta tanto y me vuelve loco ese pequeño gesto de ella, debería ser un delito, ser tan... tan ella.
Acerco mi rostro al suyo y vuelvo a unir nuestros labios está vez con delicadeza como si se tratase de una rosa, ella sigue el beso pasando su brazos alrededor de mi cuello y eso es lo que necesito para saber que es mía.

Mía por toda la noche, aunque mi lado egoísta la quiere para siempre.

Nos volvemos a fundir en las llamas que no dejan de arder en nuestro interior, diciendo con aquellos roces llenos de placer lo que las palabras no pueden expresar por miedo a arruinar esto que tenemos.

Mis movimientos son lentos, quiero disfrutar de su cuerpo, de sus gemidos, de sus manos que se pasean por mi abdomen, de sus labios que saben a fresas después de haber bebido aquel champán.

—Me encantas —mumuro sobre su cuello dejando unas leves marcas a causa de los besos, las uñas de Cassidy se entierran en mi espalda por mis movimientos mas rápidos y bruscos, sus gemidos llenos de placer son como melodía, podría ser mi canción favorita escuchar mi nombre salir de sus labios con cada arremetida.

—Hades... Más por favor —jadea atrapando su labio inferior entre sus dientes, haciendo con ese gesto estragos en mi sistema, puedo sentir que está por llegar una vez más.

Beso sus pechos que me han encantado desde que quite el brasier de encaje, mi control se va por el caño al ver sus expresión llena de placer, por su cuerpo que se estremece con cada una de los embestidas, nuestras respiraciones agitadas llenan la habitación, nuestros gemidos se convierten en melodía, nuestros cuerpos se atraen como imanes como si buscarán más que unión física. Mis manos se pasean por su anatomía queriendo grabar parte de su ser en el mío, sus labios se pasean por mi cuello haciendo que salga un gemido de mis labios, acerco mi rostro al suyo y beso sus labios ambos disfrutando del placer de estar juntos.

🔥🔥🔥🔥🔥🔥

Camino por la cocina en busca de algo sencillo para preparar, no era experto pero tampoco idiota.

Cereal con leche ¿sirve no?

La música que se escuchaba por los parlantes era lo que yo no escucharía, sólo había una persona loca por ella y era mi prima que le había insertado el gusto a Fiore, la cual había puesto el listado de canciones en mi reproductor de música, no era mala, la letra me la había enseñado en inglés, era interesante y me sentía así.

—¿Probando tus dotes en la cocina mi niño?

—Demonios nana —si media vuelta y ella se encontraba al otro lado del meson viéndome con diversión mientras llevaba mi dedo con una pequeña cortadura a mis labios.

—¿Ahora soy nana? Hace mucho que no me decías así Hades —dice con una sonrisa triste en sus labios y camina hasta quedar a mi lado y ver lo que preparaba— Nunca creí verte en la cocina otra vez.

—Yo tampoco.

Asiente y toma mi mano entre las suyas para ver la diminuta herida en mis manos

Gruño maldiciendo en griego al sentir el ardor causado por la pomada que me coloca sobre la herida y luego una pequeña venga, quito mi mano de las suyas al ver lo que va hacer y camino hacia la salida de la gran cocina.

—Avísame cuando este el desayuno, Zeinep.

Salgo a paso apresurado de allí, subo las escaleras de dos en dos hasta mi habitación y al entrar me encuentro el cuerpo de Cassidy cubierto por las sabanas en lugares específicos mientas otros me dejan ver su suave piel, la cual mis manos recorrieron y mus labios marcaron. Hago mis manos en puños, controlando esto que está quemando dentro de mi, el deseo que tengo por volver a hacerla mía es tan fuerte que no me importaría levantarla a las cinco de la mañana por sentir su cuerpo bajo el mío mientras me apoderó de sus labios y su alma.

Terminó de ponerme la camiseta deportiva y comienzo a correr por la misma ruta de siempre, la calle está desierta, las personas son escasas y el Bósforo como siempre imponible con las gaviotas revoloteando sobre él.

—¿Hades? ¿Pedazo de griego eres tu?

—Soy yo menemen, perdón Mehmet.

—Ja, que chistoso ¿Dónde te pierdes? —dice mi amigo de la infancia y dueño de unas de las textiles más grandes del país.

—Ya sabes, el extranjero y hace un par de años volví a Estambul para hacerme cargo de Empresas Özdemir —me encojo de hombros mientras sigo con las abdominales frente al Bósforo.

—Si que envejeciste rápido hermano, este lunes estamos viajando a Izmir —se coloca a mi lado con la sonrisa divertida y me copia— Estaremos festejando el cumpleaños de Ekrem ¿te unes?

—Aceptó —dejo de hacer las abdominales y lo miro de reojo— Tu sin máquinas no tendrías ese físico, ¿cierto?




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