Cuando se da cuenta de que lo ven, comienza a correr entre las aguas, pero el agua lo frena (porque le daba por encima de las rodillas y por la herida que tenía anteriormente). No obstante, la lancha no lo puede alcanzar, pues logra esconderse en un edificio al que consiguió entrar.
Al ver que no lo encontrarían, Baruc decidió arriesgarse y le hizo una propuesta:
—¡Queremos que vengas con nosotros! Te prometo que ya no tendrás que buscar más entre la chatarra ni lidiar con los animales salvajes que aquí hay. Ven con nosotros a la Ciudad Alta, donde tus sueños se pueden hacer realidad.
—¡No estoy solo! Si quieren que vaya con ustedes, deben cuidar a mis hermanos —se oye una voz con eco que no se sabe de dónde viene.
—¡¿Cuántos sois?! —pregunta Baruc.
—¡Somos tres, contándome! —responde Milian desde su escondite.
Baruc lo piensa bien, hace un gesto cerrando un poco sus ojos como quien se va a arriesgar al responder, y dice:
—¡Está bien, los puedes traer!
Milian sale de donde estaba escondido, cojea un poco de su pie herido, se monta en la lancha y buscan a sus hermanos. Cuando los recogen y todos están dentro de la lancha, Baruc, que tenía un buen corazón, les da de comer.
—No sé cómo te llamas. Tampoco lo quiero saber. Desde hoy eres el número cinco. Has sido elegido para una misión secreta que cuatro jóvenes, junto a ti, deben cumplir, pues de ella depende el futuro de este mundo destruido.
Milian sonríe y no cree las palabras que le dice Baruc. Entonces, sarcásticamente, le responde:
—Iremos al Nuevo Mundo —luego sonríe.
—Serán quienes tracen un camino para llegar hasta allá —responde Baruc.
Mientras la lancha cruza los ríos y entra en el Gran Canal que llevaba a la Ciudad Alta #1, Baruc comenzó a contarle a Milian todo el plan y le aseguró que sus hermanos estarían en su casa junto a sus hijos, y que estarían bien.
Tres meses después, los cinco jóvenes elegidos habían pasado todo el entrenamiento y estaban listos para partir hacia el Nuevo Mundo.
Gracias a un infiltrado que tenían en la Farmacéutica Bremenger (la MNM en el Nuevo Mundo), conocieron que estos operaban en los dos mundos. Durante dos años planearon su viaje hasta que llegó el día.
La farmacéutica iba a recibir nuevos medicamentos y este era el momento ideal para que los cinco jóvenes pudieran entrar. Todos ellos estaban trabajando en dicha empresa como encubiertos por más de un año.
Cuando llegó el cargamento, se percataron de que los que lo entregaban lucían mejor que ellos en cuanto a su aspecto físico. De lejos se veía que vivían muy bien.
Milian, el cual era más astuto que sus otros cuatro compañeros, logró camuflarse entre todos y entrar al barco que traía los medicamentos, ocultándose en un camarote. Lo mismo hicieron los otros cuatro unos minutos más tarde.
Una hora después de desmontar todo, el barco zarpó y todos los que estaban a bordo comenzaron a relajarse.
—Han contratado a nuevos empleados. Esos que vi hoy no eran los mismos de hace dos años, cuando vinimos por última vez.
—En dos años cambia el mundo.
Milian, escondido en el camarote, recordó su primer encuentro con Dairon Yerop.
—Hace un año atrás tenía una ligera sospecha de la Farmacéutica Bremenger. Sabía que escondían algo. Tienen medicamentos muy avanzados para este mundo. Entonces logré conquistar el corazón de una de sus empleadas y ella me contó realmente quiénes eran. Así que, con esa información, trazamos este proyecto para que ustedes cinco puedan introducirse en el Nuevo Mundo y crear un camino para que nosotros también podamos entrar.
En ese momento, su recuerdo fue interrumpido por alguien que entró en el camarote. Con un poco de temor, Milian lo ve desde su escondite. En ese instante, otro recuerdo viene a su mente:
—Cuando estén dentro del barco, nadie los puede descubrir, porque ser descubiertos implicaría su muerte. Sabemos que ellos no se andan con juegos.
Los días pasaron y los cinco jóvenes seguían bien ocultos, pero el hambre empezó a atacarlos. Como parte de sus entrenamientos, habían aprendido a pasar hambre durante unos quince días, que era el tiempo que debía demorar el viaje al Nuevo Mundo. Sin embargo, uno de ellos decidió arriesgarse y salió de su escondite para agarrar comida en la cocina.
Eran aproximadamente las dos de la madrugada cuando eso sucedió. El joven número uno salió y tomó de la cocina pan, queso y una botella de agua. Luego se volvió a esconder, pensando que nadie lo había visto. Sin embargo, alguien sí lo había visto.
Al otro día, cuando aún no despertaba, fue sacado bruscamente de su escondite.
—Así que tenemos un polizón —decía el capitán del barco, quien lo arrastraba hacia la cubierta—. Dinos, ¿qué sabes? ¿Por qué decidiste entrar a este barco?
—Siempre he sido pobre, me pagaron para que entrara aquí. Fue una apuesta. Por favor, no me hagan nada.
—Así que una apuesta… ¿Qué creen que debamos hacer con él? —pregunta el capitán a su tripulación.
—¡Que camine sobre la plancha! —gritaron todos al unísono.
Entonces, unos hombres fuertes lo tomaron, amarraron sus manos y lo pusieron en pie sobre una tabla que salía fuera del barco.
—Si logras ir hasta la punta de la tabla y traerme esa bandera que está allí, te dejaremos vivir.
Asustado, el número uno comenzó a dar un paso tras otro hasta que llegó a la punta. Cuando fue a tomar la bandera, perdió el equilibrio y cayó al mar, hundiéndose.
El capitán le dijo luego de esto a su tripulación:
—Busquen bien, quizás haya otro por ahí…