Contra todo pronóstico, el barco del pirata Jerles avanzaba por todo el océano de Edén sin ser descubierto; logró entrar a Frenom sin levantar sospechas.
—Bueno, ya estamos aquí frente a las costas de Everius. Solo falta rodear el continente y llegar a Takar por lo necesario para el viaje —dijo Jerles.
—Ahora sí debemos andar con sumo cuidado. Sé cómo operan los KAENU aquí y ver este barco les resultará muy sospechoso —les dijo Noah, muy pensativo.
—Propongo que atravesemos el continente por tierra y luego consigamos un barco del otro lado —les propuso Kevin.
—Les propongo algo mejor: ustedes atraviesen el continente mientras que los gemelos y yo rodearemos todo el continente hasta Takar, y allí los estaremos esperando —les dijo Jerles.
—Es muy arriesgado, Jerles. No sabremos si lo puedan lograr —le dijo Anyela, medio asustada.
—Denme tres meses. Si en tres meses no hemos llegado, sigan el plan de Kevin —dijo Jerles, seguro de sí mismo.
—¿Estás seguro, amigo mío? —le preguntó Noah.
—Nunca había estado tan seguro de algo. Confío en mi barco y sé cómo moverme por esta zona, así que no se preocupen.
Luego de despedirse, Noah, Kevin y Anyela se van en un bote hacia Everius, mientras que Jerles, los dos gemelos y el Explorador Negro —quien aún permanecía oculto— siguieron el rumbo rodeando el continente.
Horas después:
—No nos conviene irnos de aquí, hermano. Nuestra recompensa se nos escapa —le dijo el gemelo de piel oscura a su hermano.
—Lo sé. Esperemos a que se duerma, lo matamos y llamamos a los KAENU. Cobramos la recompensa por él y buscamos a los otros. Les inventamos cualquier historia y, cuando lleguemos a Takar, los entregamos. En menos de lo que canta un gallipavo seremos ricos —dijo, emocionado, el gemelo de piel blanca.
Lo que ambos no sabían era que el Explorador Negro los estaba escuchando. Cuando Jerles se fue a su camarote y los dejó al mando del barco, ellos esperaron unas dos horas. Fueron hasta el camarote y, con mucha violencia, se lanzaron contra Jerles, que estaba en la cama bien cubierto por sus sábanas.
Con sus cuchillos lo apuñalaron repetidas veces hasta que se dieron cuenta de que en realidad él no estaba ahí. Su cara se llenó aún más de asombro cuando encendieron la luz y lo vieron en la puerta apuntándoles con un arma.
—Sabía que ustedes no eran confiables, por eso los traje conmigo, para que mostraran su verdadera cara —dicho esto, les lanza una soga y añade—: amarra a tu hermano de piel oscura y luego tírate al suelo para amarrarte tú.
El de piel blanca, mientras lo amarraban, decía:
—Capitán Jerles, podemos llegar a un acuerdo. Dividimos la recompensa por Noah. Nosotros sabemos quién eres y todo lo que has hecho. Yo no creo que hayas cambiado y te hayas hecho amigo de alguien que te perseguía.
—Solo quiero volver a casa, y volveré, aunque para lograrlo tenga que ser amigo de mi enemigo.
Luego Jerles amarró al de piel oscura y llevó a los dos a la proa:
—Ustedes saben cómo hacemos nosotros los piratas. Caminen sobre la plancha y Frenom se encargará de ustedes.
Los montó a los dos en la plancha y los hizo caer en el agua de Frenom, la cual se los tragó y no se vio más restos de ellos.
—Gracias, amigo —decía Jerles desde la proa—. No eres mala persona. Eres igual que yo, alguien que busca su hogar.
—¿Crees que Home pueda darme eso que busco? —dijo el Explorador Negro.
—Home nos puede dar todo, aunque no lo merezcamos. Solo debemos ofrecer nuestro corazón al servicio de los demás. El agua de Feiyul te transformará, te lo prometo —le dijo Jerles, que continuaba mirando hacia adelante.
—Pues no se diga más, vamos —dijo el Explorador Negro, poniendo su mano en el hombro derecho de Jerles.