El falso noviazgo de Bella y Edward comienza oficialmente. Lo que debería ser una simple actuación termina convirtiéndose en una noche llena de malentendidos, celos inesperados y momentos que ninguno de los dos estaba preparado para enfrentar.
El sábado por la tarde, Bella estaba frente al espejo de su habitación.
Miró el vestido que Alice le había prestado.
Luego volvió a mirarlo.
Y otra vez.
—No pienso usar esto.
Pero ya lo estaba usando.
Desde la sala, Charlie sonrió cuando la vio bajar las escaleras.
—Te ves hermosa, Bells.
—Papá...
—Solo digo la verdad.
Bella suspiró.
Justo en ese momento sonó el timbre.
Charlie abrió la puerta.
Y allí estaba Edward.
Con una camisa oscura, chaqueta elegante y una expresión de evidente incomodidad.
—Buenas noches.
Charlie sonrió.
—Pasa.
—No gracias. Ya sufrí suficiente por hoy.
Bella casi se ríe.
Charlie los observó.
—Parecen una pareja normal.
—No lo somos —respondieron ambos al mismo tiempo.
Charlie arqueó una ceja.
—Exactamente como una pareja normal.
El restaurante elegido por Alice era uno de los más elegantes de la ciudad.
Y también uno de los más concurridos.
Lo cual era perfecto para los fotógrafos.
Apenas entraron, Edward tomó suavemente la mano de Bella.
Ella se congeló.
—¿Qué haces?
—Hay cámaras.
—Ah.
—Intenta parecer feliz.
—Intenta parecer agradable.
—Imposible.
—Pensé lo mismo.
Durante varios segundos caminaron así.
Tomados de la mano.
Y ninguno mencionó que ninguno parecía tener prisa por soltarse.
Mientras cenaban, las cosas comenzaron a salir mejor de lo esperado.
Por primera vez hablaron sin discutir.
Bueno...
Casi.
—¿Entonces te gustan los libros antiguos?
—Sí.
—Eso explica muchas cosas.
—¿Qué significa eso?
—Que eres una abuela atrapada en el cuerpo de una joven.
—Y tú eres un abuelo atrapado en el cuerpo de un modelo.
—Gracias.
—No era un cumplido.
—Lo tomaré como uno.
Bella puso los ojos en blanco.
Pero terminó sonriendo.
Y Edward lo notó.
Sin darse cuenta, se quedó observándola unos segundos de más.
Todo iba relativamente bien.
Hasta que apareció ella.
Lauren Mallory.
Una antigua amiga de Edward.
Y una mujer que siempre había querido algo más.
—¡Edward!
Bella vio cómo Lauren se acercaba inmediatamente.
Y cómo abrazaba a Edward sin pedir permiso.
—Cuánto tiempo sin verte.
—Hola, Lauren.
La sonrisa de Lauren desapareció cuando vio a Bella.
—¿Y ella quién es?
Edward abrió la boca.
Pero Bella respondió primero.
—Su novia.
Lauren parpadeó.
Edward también.
Bella sonrió dulcemente.
Una sonrisa completamente falsa.
Lauren no pareció convencida.
—No sabía que tenías novia.
—Hay muchas cosas que no sabes —respondió Edward.
Bella lo miró sorprendida.
Edward acababa de defenderla.
Aunque fuera parte de la actuación.
¿Verdad?
Lauren finalmente se marchó.
Pero el ambiente había cambiado.
Porque ahora Bella estaba extrañamente molesta.
Y Edward también.
—¿Qué fue eso?
—¿Qué fue qué?
—Lo de Lauren.
—Nada.
—Parecía algo.
—No lo era.
—Claro.
—¿Estás celosa?
Bella casi se atraganta con su bebida.
—¿Qué?
Edward sonrió.
—Lo estás.
—No estoy celosa.
—Definitivamente lo estás.
—Y tú pareces muy feliz de pensarlo.
—Porque es divertido.
—Eres insoportable.
—Y tú adorable cuando te enojas.
Bella se quedó inmóvil.
Edward también.
Porque ninguno esperaba que él dijera eso.
Al salir del restaurante ocurrió el verdadero problema.
Un fotógrafo apareció de repente.
—¡Edward! ¡Bella! ¡Miren aquí!
—Genial —murmuró Bella.
Los flashes comenzaron a iluminar la calle.
—Sonríe —susurró Edward.
—No puedo.
—Inténtalo.
—No.
—Bella.
Entonces, sin pensarlo demasiado, Edward rodeó su cintura con un brazo.
Bella sintió que el corazón se aceleraba.
Y antes de que pudiera reaccionar...
Edward besó su frente.
Los fotógrafos se volvieron locos.
Los flashes aumentaron.
Y Bella olvidó completamente que aquello era una actuación.
Durante un instante.
Solo un instante.
Se sintió real.
Esa noche, al regresar a casa, Bella no pudo dormir.
Y en otra parte de Forks, Edward tampoco.
Porque ambos seguían recordando exactamente el mismo momento.
Y eso era un problema.
Uno muy grande.