El contrato Cullen

Capítulo 3: Demasiado Cerca

Sinopsis

Alice decide que el falso noviazgo necesita más credibilidad. Su solución: una sesión de fotos romántica. Lo que nadie esperaba era que pasar tanto tiempo juntos comenzara a cambiar la forma en que Bella y Edward se veían.

Bella llegó al hospital el lunes convencida de que todo volvería a la normalidad.

Se equivocó.

Apenas entró al edificio, varias personas la saludaron con sonrisas sospechosas.

—Buenos días, Bella.

—Hola...

—Qué linda foto.

—¿Qué foto?

La enfermera le mostró su teléfono.

Bella casi dejó caer su bolso.

Era la fotografía de Edward besando su frente frente al restaurante.

La imagen estaba por todas partes.

Y los comentarios eran aún peores.

"La pareja más adorable de Forks."

"Edward Cullen finalmente encontró novia."

"Se ven perfectos juntos."

Bella sintió calor en las mejillas.

—Genial...

Cuando llegó a la oficina de Carlisle encontró a Edward mirando exactamente la misma fotografía.

—No digas nada.

—No iba a decir nada.

—Bien.

—Aunque sí te ves nervioso.

—Bella.

—¿Sí, novio?

Edward cerró los ojos.

—Voy a renunciar.

—No puedes.

—Lo estoy considerando.

Antes de que la discusión continuara, la puerta se abrió de golpe.

Y apareció Alice.

Sonriendo.

Lo cual nunca era una buena señal.

—¡Tengo una idea maravillosa!

Edward palideció.

Bella también.

Dos horas después estaban en un parque.

Posando para una sesión fotográfica.

Contra su voluntad.

—Alice, esto es ridículo.

—Sonríe, Edward.

—No.

—Sonríe.

—No.

Alice sacó su teléfono.

—Voy a enseñarle estas fotos a Esme.

Edward sonrió inmediatamente.

—Perfecto.

—Mucho mejor.

Bella soltó una carcajada.

Y el fotógrafo tomó una fotografía justo en ese momento.

—¡Excelente! ¡Otra más!

La sesión continuó.

Y cada pose era más

vergonzosa que la anterior.

—Ahora mírense a los ojos.

—No.

—Ahora.

Edward y Bella obedecieron.

Durante unos segundos quedaron frente a frente.

Muy cerca.

Demasiado cerca.

Bella podía distinguir pequeñas manchas doradas en los ojos verdes de Edward.

Y Edward descubrió que los ojos de Bella tenían diminutos reflejos color miel.

Ninguno apartó la mirada.

Hasta que Alice gritó:

—¡Perfecto!

Ambos se separaron de inmediato.

Más tarde decidieron caminar por el parque para evitar sospechas.

Por primera vez no estaban discutiendo.

Solo hablando.

—¿Siempre eres tan mandón?

—Solo cuando estoy contigo.

—Qué honor.

—¿Y tú siempre eres tan terca?

—Sí.

—Lo imaginaba.

Bella sonrió.

Edward también.

Y por un momento todo resultó extrañamente sencillo.

Sin embargo, desde el otro lado del parque, alguien los observaba.

James.

El periodista que estaba investigando a la familia Cullen.

Tomó varias fotografías.

Frunció el ceño.

Algo no encajaba.

Aquella pareja parecía real.

Demasiado real.

Y eso hacía que sospechara aún más.

Esa misma noche, Alice publicó algunas imágenes de la sesión.

Una fotografía destacó sobre todas.

Era una imagen sencilla.

Bella estaba riendo.

Edward la observaba.

Y ninguno parecía estar posando.

La foto se volvió viral en Forks en pocas horas.

Porque había algo evidente en ella.

Algo que ni Bella ni Edward querían admitir.

La forma en que Edward la miraba.

Mientras tanto, en su habitación, Bella observó la fotografía una vez más.

Y luego otra.

Y otra.

Finalmente dejó el teléfono sobre la cama.

—Esto es una mala idea.

Pero no estaba segura de si hablaba del contrato.

O de Edward.




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