El contrato Cullen

Capitulo 4: Celos inesperados

Sinopsis

La gala benéfica anual del hospital reúne a las familias más importantes de Forks. Bella y Edward deben asistir como la pareja perfecta, pero una noche elegante se convierte en una batalla de emociones cuando alguien muestra demasiado interés en Bella.

La mansión Cullen brillaba bajo las luces de la noche.

Dentro, Alice corría de un lado a otro organizando los últimos detalles de la gala.

—¡Más rápido! ¡Nos retrasaremos!

—Alice, faltan cuarenta minutos —dijo Jasper.

—¡Exactamente!

Nadie entendió la lógica detrás de esa respuesta.

Mientras tanto, Bella estaba atrapada en una habitación enorme.

Alice había aparecido esa tarde con vestidos, zapatos y accesorios.

Muchos accesorios.

Demasiados accesorios.

—No necesito todo esto.

—Sí lo necesitas.

—No.

—Sí.

—No.

—Bella, eres la novia de Edward Cullen.

Bella abrió la boca.

Luego volvió a cerrarla.

Era difícil discutir cuando Alice tenía esa mirada determinada.

Una hora después, Bella bajó las escaleras.

El salón quedó en silencio.

Charlie parpadeó.

—Vaya.

Alice sonrió orgullosa.

—Lo sabía.

Bella llevaba un vestido elegante color azul oscuro y el cabello ligeramente recogido.

Se sentía rara.

Y un poco nerviosa.

Entonces escuchó pasos.

Edward apareció desde el otro extremo de la sala.

Vestido con un traje negro impecable.

Se quedó inmóvil al verla.

Durante varios segundos.

Sin decir nada.

—Edward —canturreó Alice.

Él reaccionó.

—Te ves... bien.

Alice puso los ojos en blanco.

—Eso fue terrible.

Bella ocultó una sonrisa.

Porque, por alguna razón, sabía que Edward había querido decir algo más.

La gala estaba llena de médicos, empresarios y periodistas.

Todos querían hablar con los Cullen.

Y todos querían conocer a Bella.

—Es agotador.

—Te acostumbrarás.

—No quiero acostumbrarme.

Edward soltó una pequeña risa.

Y Bella se sorprendió al escucharla.

Cada vez era más frecuente.

La noche avanzó sin problemas.

Hasta que comenzó la música.

Una melodía suave llenó el salón.

Varias parejas salieron a bailar.

—No pienso bailar.

—Perfecto.

—Bien.

—Bien.

Se quedaron en silencio.

Ninguno invitó al otro.

Y ambos parecían ligeramente decepcionados.

Entonces apareció Tyler Crowley.

Un joven empresario invitado por Carlisle.

—Bella, ¿verdad?

—Sí.

—¿Me concederías este baile?

Bella se sorprendió.

—Oh...

Edward apretó la mandíbula.

Tyler era amable.

Educado.

Y claramente interesado.

—Claro.

Edward giró la cabeza inmediatamente.

Como si no le importara.

Pero sí le importaba.

Muchísimo.

Desde el otro lado del salón observó cómo Tyler y Bella bailaban.

Y cómo ella sonreía.

Y cómo Tyler parecía disfrutar cada segundo.

—Estás mirando demasiado.

Edward volteó.

Era Emmett.

—No estoy mirando.

—Claro que sí.

—No.

—Sí.

—No.

—Hermano, llevas tres minutos observándolos.

Edward decidió ignorarlo

La música terminó.

Tyler acompañó a Bella de regreso.

—Gracias por el baile.

—Gracias a ti.

Tyler sonrió.

—Espero repetirlo algún día.

Edward apareció junto a Bella antes de que pudiera responder.

—Lo dudo.

Tyler arqueó una ceja.

Bella abrió mucho los ojos.

—Edward.

—¿Qué?

—Eso fue grosero.

—Fue honesto.

Tyler decidió retirarse antes de quedar atrapado en una discusión.

Una decisión inteligente.

Cuando estuvieron solos, Bella cruzó los brazos.

—¿Qué te ocurre?

—Nada.

—Mentira.

—No estoy mintiendo.

—Edward.

—Bella.

—Estás celoso.

—¿Qué?

—Estás celoso.

—No estoy celoso.

—Lo estás.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

—Bella.

Ella comenzó a reír.

Y eso solo empeoró la situación.

Porque Edward descubrió algo incómodo.

Le gustaba verla reír.

Mucho.

Más tarde, cuando la gala estaba por terminar, una reportera se acercó.

—Una última fotografía para el periódico.

Bella sonrió educadamente.

—Por supuesto.

—Más cerca, por favor.

Edward rodeó suavemente la cintura de Bella.

—Perfecto.

—Sonrían.

Bella levantó la vista.

Y se encontró con los ojos verdes de Edward.

Durante un instante.

Solo un instante.

El ruido del salón desapareció.

Ninguno apartó la mirada.

Y la fotógrafa capturó exactamente ese momento.

Al final de la noche, mientras regresaban a casa, ninguno habló mucho.

Porque ambos estaban pensando en lo mismo.

Aquello ya no parecía una actuación.

Y eso comenzaba a ser peligroso.




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