El contrato Cullen

Capítulo 6: Lo Que No Se Dijo

Sinopsis

Después de la noche en la cabaña, Bella y Edward ya no pueden ignorar lo que sienten. Sin embargo, una información mal entendida amenaza con destruir la confianza que apenas comenzaban a construir.

La mañana siguiente llegó demasiado rápido.

La tormenta había terminado.

Los rayos del sol atravesaban las ventanas de la cabaña mientras Bella terminaba de recoger sus cosas.

Todo parecía normal.

Excepto ellos.

Cada vez que sus miradas se encontraban, ambos desviaban los ojos casi de inmediato.

Y eso era mucho más extraño que cualquier discusión.

El viaje de regreso transcurrió en silencio.

Un silencio incómodo.

Pero también lleno de cosas que ninguno sabía cómo decir.

Bella observaba el paisaje por la ventana.

Edward mantenía ambas manos sobre el volante.

Varias veces pareció querer hablar.

Varias veces se arrepintió.

Al llegar al hospital, la realidad volvió de golpe.

Papeles.

Reuniones.

Pacientes.

Llamadas.

Y periodistas.

Demasiados periodistas.

James seguía buscando cualquier oportunidad para demostrar que la relación era falsa.

Esa tarde, Bella entró en la oficina de Carlisle para dejar unos documentos.

La puerta estaba entreabierta.

Y escuchó una conversación sin querer.

—¿Ya revisaste el acuerdo? —preguntó una voz.

Era uno de los abogados de la familia.

—Sí —respondió Carlisle.

—¿Y Bella lo sabe?

—Todavía no.

Bella frunció el ceño.

¿Saber qué?

—Cuando termine el contrato, recibirá el pago completo.

—Perfecto.

Bella se quedó inmóvil.

El contrato.

El pago.

La recompensa.

De pronto recordó por qué había aceptado todo aquello.

Dinero.

Era solo un acuerdo.

Nada más.

Nada menos.

Y por alguna razón, eso dolió más de lo que esperaba.

Durante el resto del día evitó a Edward.

No respondió mensajes.

No respondió llamadas.

Ni siquiera quiso escucharlo.

Edward lo notó enseguida.

Y no entendía por qué.

Al anochecer, finalmente logró alcanzarla en el estacionamiento.

—Bella.

Ella siguió caminando.

—Bella.

—¿Qué?

Edward se detuvo frente a ella.

—¿Qué ocurre?

—Nada.

—Eso es mentira.

—No tienes derecho a exigirme explicaciones.

Edward parpadeó.

—¿De qué estás hablando?

Bella cruzó los brazos.

—Todo esto es un contrato.

—Ya lo sabíamos.

—Sí.

—Entonces...

—Pero olvidé lo que significaba.

Edward permaneció en silencio.

Porque comenzaba a entender.

—Escuché la conversación con los abogados.

Bella bajó la mirada.

—Cuando todo termine, cada uno seguirá con su vida.

—Bella...

—Y yo fui una tonta por pensar otra cosa.

Edward sintió que algo se encogía dentro de él.

Porque aquella no era la razón.

Nunca había sido la razón.

Ya no.

En ese momento sonó el teléfono de Edward.

Era Alice.

—¿Qué pasa?

La voz al otro lado respondió tan rápido que Bella apenas entendió algunas palabras.

Pero sí escuchó una frase.

—¡Las fotografías se hicieron virales otra vez!

Edward cerró los ojos.

—Gracias, Alice.

Colgó inmediatamente.

—¿Ves?

Bella soltó una pequeña risa amarga.

—Todo esto es un espectáculo.

—No.

—Sí.

—No para mí.

Bella levantó la vista.

Por primera vez desde que comenzó la conversación.

Y encontró a Edward observándola con una seriedad que nunca había visto.

—¿Qué quieres decir?

Edward abrió la boca.

Y luego volvió a cerrarla.

Porque decir la verdad era aterrador.

Mucho más que cualquier periodista.

Mucho más que cualquier escándalo.

—Edward...

—Yo...

Las palabras se quedaron atrapadas.

Bella sintió que el corazón comenzaba a latir más rápido.

—¿Tú qué?

Edward dio un paso adelante.

Y luego otro.

Bella no retrocedió.

Por un instante el mundo pareció detenerse.

Solo estaban ellos.

Las luces del estacionamiento.

El aire fresco de la noche.

Y aquella distancia cada vez menor.

Bella podía escuchar su propia respiración.

Edward también.

Sus miradas se encontraron.

Y ninguno apartó los ojos.

Lentamente.

Muy lentamente.

Edward levantó una mano y apartó un mechón de cabello del rostro de Bella.

Ella se quedó inmóvil.

El corazón le latía tan fuerte que estaba segura de que él podía escucharlo.

Y entonces...

Edward se inclinó apenas.

Bella también.

Solo un poco.

Pero una bocina sonó cerca del estacionamiento.

Ambos se separaron de golpe.

Como si despertaran de un sueño.

Edward soltó una pequeña risa nerviosa.

Bella tampoco sabía qué decir.

Porque habían estado a punto de besarse.

Y ninguno podía fingir lo contrario.




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