Después del casi beso, Bella y Edward intentan comportarse como siempre. Sin embargo, los sentimientos que han estado evitando son cada vez más evidentes. Mientras tanto, James está más cerca que nunca de descubrir la verdad.
La mañana siguiente fue incómoda.
Terriblemente incómoda.
Bella llegó al hospital decidida a actuar con normalidad.
Entró a la oficina.
Saludó a todos.
Se sentó en su escritorio.
Y entonces vio a Edward.
Él también parecía decidido a actuar con normalidad.
El problema era que ninguno recordaba cómo hacerlo.
—Buenos días.
—Buenos días.
Silencio.
—¿Dormiste bien?
—Sí.
—Bien.
—Bien.
Más silencio.
Emmett, que observaba desde la puerta, negó con la cabeza.
—Son imposibles.
Durante toda la mañana evitaron quedarse solos.
Si Bella iba a una reunión, Edward encontraba algo urgente que hacer.
Si Edward aparecía en un pasillo, Bella cambiaba de dirección.
Y cada miembro de la familia Cullen lo notó.
Especialmente Alice.
A la hora del almuerzo, Alice reunió a Bella y Edward en una sala vacía.
—Muy bien.
—¿Qué ocurre? —preguntó Bella.
—Quiero saber quién va a contarme lo del casi beso.
Bella se atragantó con el agua.
Edward cerró los ojos.
—Alice.
—¿Qué?
—¿Cómo lo sabes?
—Los conozco.
Alice sonrió triunfante.
—Además, ambos tienen la misma cara de pánico.
Bella quiso protestar.
Pero no pudo.
Porque Alice tenía razón.
Más tarde, mientras organizaba documentos, Bella recibió una llamada.
Era Charlie.
—Hola, papá.
—¿Tienes un momento?
La voz de Charlie sonaba preocupada.
—Claro.
—Quería agradecerte.
Bella frunció el ceño.
—¿Por qué?
—El taller está mejorando.
Bella sonrió.
Aquello era una buena noticia.
—Me alegra.
—Y también quería decirte que Edward vino a verme hace unos días.
Bella parpadeó.
—¿Qué?
—Sí.
—¿Cuándo?
—Antes de la gala.
Bella se quedó inmóvil.
Edward nunca había mencionado eso.
—Solo quería asegurarse de que estuvieras bien.
Charlie sonrió al otro lado de la línea.
—Es un buen muchacho, Bella.
Cuando la llamada terminó, Bella permaneció varios segundos mirando el teléfono.
Porque aquello no tenía nada que ver con el contrato.
Edward no tenía ninguna obligación de ayudar a Charlie.
Ninguna.
Esa noche decidió buscarlo.
Lo encontró en la azotea del hospital.
Observando las luces de la ciudad.
—¿Por qué no me lo dijiste?
Edward se giró.
—¿Decirte qué?
—Que visitaste a mi padre.
Durante unos segundos pareció sorprendido.
—Ah.
—¿Por qué?
Edward se encogió de hombros.
—Porque quería hacerlo.
—Eso no responde mi pregunta.
—Tal vez sí.
Bella se acercó.
—Edward...
—Tu padre estaba preocupado por ti.
—Lo sé.
—Y tú estabas preocupada por él.
Bella bajó la mirada.
—Siempre lo estaré.
Edward sonrió suavemente.
—Lo sé.
El silencio que siguió fue diferente.
Ya no incómodo.
Ya no tenso.
Simplemente tranquilo.
—Bella.
—¿Sí?
Edward respiró profundamente.
Como si estuviera reuniendo valor.
—Hay algo que quiero decirte.
Ella levantó la vista.
Y de pronto sintió que el corazón comenzaba a acelerarse.
—Cuando empezó todo esto...
Edward sonrió levemente.
—Pensé que eras la persona más desesperante que había conocido.
Bella soltó una pequeña risa.
—Qué romántico.
—Déjame terminar.
—Está bien.
Edward dio un paso más cerca.
—Después comenzamos a hablar.
—Sí.
—Y luego empecé a esperar esos momentos.
Bella dejó de sonreír.
Porque la expresión de Edward era completamente sincera.
—Esperaba verte cada mañana.
—Edward...
—Esperaba escuchar tus opiniones.
—Edward.
—Esperaba tus mensajes.
Bella sintió que el corazón le latía con fuerza.
—Y entonces comprendí algo.
Edward bajó la mirada un instante.
Solo uno.
Como si aquello le costara más que cualquier otra cosa.
Luego volvió a mirarla.
—Ya no estaba fingiendo.
El aire pareció desaparecer.
Bella se quedó inmóvil.
Sin saber qué responder.
Edward sonrió nerviosamente.
—Creo que dejé de fingir hace mucho tiempo.
Bella sintió que los ojos se le humedecían.
Porque ella también había dejado de fingir.
Pero antes de que pudiera responder...
Un teléfono sonó.
El de Edward.
Ambos se sobresaltaron.
Edward contestó.
Y la expresión de su rostro cambió inmediatamente.
—¿Qué ocurrió?
Bella sintió un mal presentimiento.
Edward escuchó durante unos segundos.
Luego bajó lentamente el teléfono.
—James consiguió una copia del contrato.
El mundo pareció detenerse.
Porque si eso se hacía público...
Todo podría derrumbarse.