El contrato Cullen

Capítulo 9: Una Historia Real

Sinopsis

Después de confesar sus sentimientos, Bella y Edward finalmente pueden estar juntos sin mentiras ni contratos. Sin embargo, James no está dispuesto a rendirse tan fácilmente y prepara un último intento para destruir su felicidad.

La noticia recorrió Forks más rápido que cualquier rumor anterior.

Pero esta vez era diferente.

Bella y Edward ya no fingían.

Ya no ocultaban nada.

Y tampoco pensaban disculparse por enamorarse.

A la mañana siguiente, llegaron juntos al hospital.

Tomados de la mano.

Sin fotógrafos contratados.

Sin estrategias.

Sin planes.

Simplemente juntos.

Cuando entraron al edificio, Emmett fue el primero en verlos.

—¡Finalmente!

Su grito resonó por todo el vestíbulo.

Varias personas levantaron la vista.

Alice apareció corriendo segundos después.

—¡Sabía que pasaría!

—Alice...

—¡Lo sabía!

Ella abrazó primero a Bella.

Luego a Edward.

Luego a ambos al mismo tiempo.

—No puedo respirar.

—Es la emoción.

—Es tu abrazo.

—Lo mismo.

Incluso Carlisle sonrió al verlos.

Una sonrisa tranquila.

Orgullosa.

—Me alegra verlos así.

Bella sintió una punzada de gratitud.

Si Carlisle no hubiera propuesto aquel absurdo contrato...

Nada de esto habría ocurrido.

Sin embargo, la tranquilidad duró poco.

Porque esa misma tarde apareció una nueva publicación de James.

El artículo afirmaba que toda la confesión pública había sido planeada.

Que Bella y Edward seguían engañando a todos.

Que el romance era solo una estrategia para salvar la reputación de los Cullen.

Bella leyó el artículo varias veces.

Y cada vez se enfureció más.

—¿Nunca se cansa?

Edward negó con la cabeza.

—Al parecer no.

Pero esta vez algo era diferente.

Nadie parecía creerle.

Los comentarios en redes defendían a Bella.

Los empleados del hospital defendían a Edward.

Y muchas personas ya estaban cansadas de las acusaciones constantes.

Por primera vez, James estaba perdiendo.

Aquella noche, Alice organizó una reunión familiar en la mansión Cullen.

Según ella, era una celebración.

Según todos los demás, era una excusa para hacer una fiesta.

—Definitivamente es una fiesta.

—Lo sé —admitió Alice.

La casa estaba llena de risas.

Música.

Comida.

Y conversaciones animadas.

Bella observó todo desde el jardín.

Por primera vez en mucho tiempo se sentía en paz.

—¿En qué piensas?

Edward apareció a su lado.

—En que todo esto es extraño.

—¿Qué cosa?

—Hace unos meses apenas podía soportarte.

Edward fingió indignarse.

—Eso hiere mis sentimientos.

—Sobrevivirás.

—Probablemente.

Ambos rieron.

Luego permanecieron en silencio observando las luces de la casa.

—¿Te arrepientes?

Edward la miró.

—¿De qué?

—De aceptar el contrato.

Edward sonrió.

—Jamás.

Bella sintió cómo el corazón se aceleraba otra vez.

Era increíble que todavía ocurriera.

—Yo tampoco.

Edward tomó suavemente su mano.

—Entonces supongo que todo salió mejor de lo esperado.

—Mucho mejor.

Desde una ventana cercana, Alice los observaba.

Y sonreía como alguien que acababa de ganar una apuesta.

—¿Qué haces? —preguntó Jasper.

—Planeando.

—Eso me preocupa.

—Debería.

Jasper suspiró.

Porque conocía esa mirada.

Y significaba problemas.

Problemas románticos.




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