Mientras la tranquilidad regresa poco a poco a sus vidas, Edward comienza a pensar seriamente en el futuro. Sin embargo, Alice tiene preparada una sorpresa que hará que Bella viva uno de los días más especiales de su vida.
El sábado por la mañana, Bella pensaba disfrutar de un día tranquilo.
Sin trabajo.
Sin periodistas.
Sin contratos.
Sin dramas.
Lamentablemente, había olvidado un detalle importante.
Alice Cullen existía.
A las ocho de la mañana, alguien llamó a su puerta.
—¿Quién es?
—¡Abre!
Bella reconoció la voz inmediatamente.
—No.
—¡Bella!
—No.
—¡Tengo una sorpresa!
—Eso es exactamente lo que me preocupa.
Cinco minutos después, Alice ya estaba dentro de la casa.
Charlie observaba la escena mientras tomaba café.
—Creo que nadie puede detenerla.
—Definitivamente no —respondió Bella.
Una hora más tarde, Bella descubrió el motivo de la visita.
Alice había organizado una salida para toda la familia Cullen y algunos amigos cercanos.
Un día completo en un hermoso lago cerca de Forks.
—¿Era necesario todo esto?
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque ustedes dos necesitan recuerdos felices que no involucren periodistas.
Bella tuvo que admitir que Alice tenía razón.
Cuando llegaron al lago, el paisaje era espectacular.
El agua reflejaba el cielo azul.
Los árboles se movían suavemente con el viento.
Y por primera vez en mucho tiempo, todo parecía perfecto.
La mañana transcurrió entre juegos, conversaciones y risas.
Emmett organizó una competencia absurda de carreras.
Perdió.
Luego exigió una revancha.
Y volvió a perder.
—Esto está arreglado.
—Emmett, llegaste último.
—Detalles.
Bella no recordaba la última vez que había reído tanto.
Y Edward parecía disfrutar verla feliz.
Más tarde, mientras todos preparaban el almuerzo, Bella caminó hacia el muelle.
Necesitaba un momento de tranquilidad.
No estuvo sola mucho tiempo.
—Sabía que te encontraría aquí.
Bella sonrió sin voltear.
—Empiezo a creer que tienes un talento especial para eso.
Edward se sentó a su lado.
Durante unos segundos simplemente observaron el agua.
—¿Eres feliz?
La pregunta tomó a Bella por sorpresa.
Pensó en Charlie.
En los Cullen.
En los meses que habían vivido.
En todas las dificultades.
Y finalmente en Edward.
—Si.
Edward sonrió.
Una sonrisa sincera.
—Me alegra.
Bella lo observó.
—¿Y tú?
Edward tardó unos segundos en responder.
—Más de lo que imaginé posible.
El corazón de Bella se aceleró.
Porque cada vez que Edward hablaba así, parecía que estaba guardando algo más.
Algo importante.
Antes de que pudiera preguntarle, Alice apareció corriendo desde la distancia.
—¡Foto grupal!
—Alice...
—¡Ahora!
Nadie tuvo oportunidad de escapar.
Minutos después, toda la familia y los amigos estaban reunidos frente a una cámara.
—Sonrían.
El fotógrafo tomó varias imágenes.
Y en una de ellas ocurrió algo especial.
Bella giró la cabeza justo cuando Edward la estaba mirando.
Ambos sonrieron al mismo tiempo.
Sin darse cuenta.
Sin posar.
Sin fingir.
Y aquella fotografía terminó convirtiéndose en la favorita de todos.
Esa noche, cuando regresaron a casa, Charlie encontró a Bella observando las fotos.
—Lo amas mucho, ¿verdad?
Bella levantó la vista.
Sorprendida.
Charlie sonrió.
—Siempre has tenido una forma especial de mirarlo.
Bella sintió que sus mejillas se calentaban.
—Sí.
Lo amo.
Charlie asintió.
—Entonces asegúrate de decírselo siempre.
Porque las personas importantes merecen escuchar esas palabras.
Bella sonrió.
Y guardó aquellas palabras en su corazón.
Sin saber que muy pronto serían más importantes de lo que imaginaba.
Si fueras Bella, ¿qué regalo crees que Edward le prepararía: un collar especial, un viaje romántico o algo completamente diferente?