James aparece dispuesto a arruinar el momento más importante de Bella y Edward. Sin embargo, esta vez las cosas son diferentes. Ya no hay secretos entre ellos, y Edward está decidido a proteger su futuro juntos.
James sostuvo la cámara con una sonrisa de satisfacción.
—Perfecto. Esto es exactamente lo que necesitaba.
Bella sintió cómo la tensión llenaba el ambiente.
Edward permaneció delante de ella.
Sin moverse.
Sin retroceder.
—¿Qué quieres ahora? —preguntó Edward.
James soltó una pequeña risa.
—La verdad.
—La verdad ya salió a la luz.
—No toda.
James levantó la cámara.
—La gente ama los escándalos.
—La gente también se cansa de las mentiras —respondió Bella.
James la observó durante unos segundos.
Luego negó con la cabeza.
—Todavía no entienden cómo funciona esto.
Edward dio un paso adelante.
—Y tú no entiendes cuándo detenerte.
Por primera vez, James perdió un poco de su confianza.
Porque Edward no parecía preocupado.
Parecía decidido.
—Publica lo que quieras.
James parpadeó.
—¿Qué?
—Hazlo.
Bella lo miró sorprendida.
Edward continuó.
—Publica cada fotografía.
Cada documento.
Cada historia.
James frunció el ceño.
—Porque nada de eso cambia lo que siento por Bella.
El silencio fue inmediato.
Bella sintió que su corazón se aceleraba.
Edward tomó su mano.
—Nada de lo que publiques va a separarnos.
James permaneció inmóvil.
Por primera vez no tenía una respuesta preparada.
Porque había esperado miedo.
Negación.
Desesperación.
No había esperado honestidad.
Finalmente bajó la cámara.
—Cometieron un error.
Edward negó.
—No.
Y miró a Bella.
—La mejor decisión de mi vida.
James observó a ambos unos segundos más.
Luego dio media vuelta.
Y se marchó.
Sin amenazas.
Sin gritos.
Sin una última palabra.
Simplemente se fue.
Cuando desapareció entre los árboles, Bella soltó el aire que había estado conteniendo.
—¿Crees que volverá?
Edward la observó.
—Tal vez.
—Eso no suena tranquilizador.
—No lo es.
Bella soltó una risa.
Y Edward también.
Porque después de todo lo ocurrido, ya no tenían miedo.
Mientras regresaban al automóvil, Bella notó algo.
—No terminaste.
Edward levantó una ceja.
—¿Terminar qué?
—Lo que estabas diciendo antes de que apareciera James.
Edward sonrió.
—Tienes razón.
Se detuvo.
Tomó ambas manos de Bella.
Y la miró directamente a los ojos.
—Te prometo algo.
Bella permaneció en silencio.
—No importa lo que pase después.
No importa si las cosas se complican.
No importa cuántos problemas aparezcan.
Edward sonrió suavemente.
—Voy a elegirte una y otra vez.
Todos los días.
Las lágrimas aparecieron en los ojos de Bella.
Porque sabía que él hablaba en serio.
—Y yo voy a elegirte a ti.
Edward la abrazó.
Y por primera vez en mucho tiempo, el futuro dejó de parecer incierto.
Ahora parecía posible.
Muy posible.
Esa noche, al regresar a la mansión Cullen, toda la familia los esperaba.
Alice fue la primera en correr hacia ellos.
—¡Cuéntenme todo!
Emmett apareció detrás.
—¿Hubo drama?
—Sí —respondió Edward.
—Perfecto.
—Emmett.
—¿Qué?
—No digas eso.
—Nunca.
Todos terminaron riendo.
Y durante esa noche, por primera vez, Bella sintió que pertenecía allí.
No como una invitada.
No como una novia temporal.
Como parte de la familia.