Los días siguientes fueron extrañamente tranquilos.
Demasiado tranquilos.
Bella casi no sabía cómo reaccionar ante eso.
Sin periodistas.
Sin artículos nuevos.
Sin persecuciones.
Solo… vida normal.
Edward la observaba con frecuencia.
Como si todavía no creyera que todo era real.
—Deja de mirarme así —dijo Bella una tarde.
—¿Así cómo?
—Como si fuera a desaparecer.
Edward sonrió.
—No es eso.
—¿Entonces?
Él se acercó un poco.
—Es que todavía me parece imposible que esto sea real.
Bella lo miró en silencio.
Y luego tomó su mano.
—Pues acostúmbrate.
Edward apretó suavemente sus dedos.
—No pienso acostumbrarme. Pienso valorarlo.
Bella sintió un cosquilleo en el pecho.
Y ya no dijo nada más.
Esa misma tarde, Alice irrumpió en la sala de la mansión como una tormenta.
—¡Tengo noticias!
—Eso nunca es tranquilo —murmuró Emmett.
Alice ignoró el comentario.
—Voy a organizar algo.
—¿Algo como qué? —preguntó Bella.
Alice sonrió.
Esa sonrisa peligrosa.
—Una celebración.
Edward suspiró.
—Alice…
—No discutas. Es oficial.
Bella parpadeó.
—¿Oficial qué?
Alice juntó las manos emocionada.
—Su futuro.
Silencio.
Edward la miró con sospecha.
—¿Qué hiciste?
—Nada malo.
—Eso no me tranquiliza.
—Solo… invité a algunas personas.
Bella frunció el ceño.
—¿Cuántas personas?
Alice miró al techo.
—No muchas.
Emmett murmuró:
—Eso significa demasiadas.
La “pequeña celebración” resultó ser una fiesta enorme.
Iluminaciones en el jardín.
Mesas elegantes.
Música suave.
Y toda la familia reunida.
Bella se quedó quieta al ver todo.
—Esto no es pequeño.
Alice sonrió inocente.
—Es íntimo.
—Alice.
—Bueno… relativamente.
Edward se colocó a su lado.
—Respira.
Bella lo miró.
—No es eso lo que me preocupa.
—¿Entonces?
Ella señaló todo alrededor.
—Esto parece una boda.
Edward miró el lugar.
Y luego a Alice.
—Alice.
—¿Qué?
—No.
—Ni siquiera dije nada.
—Lo estás pensando.
Alice suspiró.
—Arruinan todo.
A pesar de todo, la noche fue perfecta.
Risas.
Música.
Conversaciones largas.
Bella vio a Charlie hablando con Carlisle.
Sonriendo.
Por primera vez sin preocupación.
Y eso le dio paz.
Más tarde, Edward la llevó lejos del ruido.
Al borde del jardín.
Donde solo quedaban luces suaves y silencio.
—¿Estás bien? —preguntó él.
Bella asintió.
—Sí.
Pausa.
—Esto se siente… real.
Edward la miró.
—Es real.
Bella sonrió.
—Todavía me cuesta creerlo.
Edward tomó su mano.
—Yo también.
Y luego, más bajo:
—Pero no quiero que cambie.
Bella apoyó su cabeza en su hombro.
—No va a cambiar.
Desde lejos, Alice los observaba.
Sonriendo.
Como si ya hubiera visto todo lo que iba a pasar.