Sinopsis
Edward ya tomó una decisión. Ahora solo necesita encontrar el momento perfecto. Mientras tanto, Bella comienza a sospechar que algo importante está ocurriendo, aunque nadie parece dispuesto a decirle la verdad.
Los días siguientes fueron muy extraños.
Demasiado extraños.
Alice sonreía cada vez que veía a Edward.
Jasper intentaba no reírse.
Emmett hacía comentarios misteriosos.
Y Carlisle parecía saber algo.
Bella estaba empezando a desesperarse.
—¿Alguien piensa explicarme qué ocurre?
—Nada —respondieron todos al mismo tiempo.
Bella cruzó los brazos.
—Eso fue sospechoso.
—Lo sabemos —contestó Emmett.
Esa tarde, Bella encontró a Edward revisando unos papeles.
—¿Tú también escondes algo?
Edward levantó la vista.
—Tal vez.
—Edward Cullen.
—Bella Swan.
—No es gracioso.
—Un poco sí.
Bella tomó un cojín y se lo lanzó.
Edward lo atrapó sin dificultad.
—Ataque inesperado.
—Te lo merecías.
Ambos terminaron riendo.
Pero cuando Bella salió de la habitación, Edward volvió a ponerse serio.
Porque el momento se acercaba.
Y quería que todo fuera perfecto.
Dos días después, Alice apareció temprano en casa de Bella.
—Necesitas arreglarte.
—¿Por qué?
—Porque sí.
—Alice...
—Bella.
La conversación terminó ahí.
Como casi siempre.
Una hora más tarde, Bella estaba lista.
Llevaba un vestido sencillo pero elegante.
El cabello ligeramente recogido.
Y una enorme cantidad de preguntas.
—¿Adónde vamos?
—Sorpresa.
—Odio las sorpresas.
—Mentira.
—Un poco.
Cuando llegaron al destino, Bella se quedó inmóvil.
Frente a ella había un hermoso observatorio ubicado en una colina.
Las luces de Forks brillaban a lo lejos.
Sobre ellos, el cielo estaba lleno de estrellas.
—Edward...
Él estaba esperándola.
Y sonreía.
Esa sonrisa que siempre lograba acelerar su corazón.
—Hola.
—Hola.
Bella caminó hasta él.
—¿Qué es todo esto?
Edward tomó suavemente su mano.
—Quería mostrarte algo.
Entraron al observatorio.
El lugar estaba vacío.
Silencioso.
Perfecto.
Durante varios minutos observaron las estrellas a través del enorme telescopio.
Bella estaba fascinada.
—Es hermoso.
Edward no miraba el cielo.
La estaba mirando a ella.
—Sí.
Cuando Bella se dio cuenta, sintió calor en las mejillas.
—¿Qué?
—Nada.
—Mentiroso.
—Tal vez.
Más tarde salieron a la terraza exterior.
La brisa era suave.
Las luces de la ciudad parecían pequeñas estrellas bajo ellos.
Edward respiró profundamente.
Era el momento.
El momento que había imaginado durante semanas.
Tomó ambas manos de Bella.
Ella lo observó confundida.
—Edward...
—Antes de conocerte, creía que mi vida ya estaba planeada.
Bella permaneció en silencio.
—Creía que sabía exactamente quién era.
Pausa.
—Entonces apareciste tú.
Los ojos de Bella comenzaron a humedecerse.
—Y cambiaste todo.
Edward sonrió.
—Cambiaste mis días.
Mis planes.
Mis sueños.
Mi futuro.
Bella sintió que el corazón le latía tan fuerte que apenas podía respirar.
Edward metió una mano en el bolsillo de su chaqueta.
Y sacó una pequeña caja.
Bella abrió los ojos.
—Edward...
Él bajó lentamente a una rodilla.
Y el mundo entero pareció detenerse.