Sinopsis
Bajo un cielo lleno de estrellas, Edward está a punto de hacer la pregunta que cambiará sus vidas para siempre. Mientras tanto, Alice y el resto de la familia esperan ansiosos noticias del momento que todos han estado anticipando.
Bella se quedó completamente inmóvil.
El tiempo parecía haberse detenido.
Las estrellas brillaban sobre ellos.
La brisa movía suavemente su cabello.
Y Edward estaba arrodillado frente a ella.
Con una pequeña caja entre sus manos.
Los ojos de Bella comenzaron a llenarse de lágrimas.
—Edward...
Él sonrió.
Una sonrisa nerviosa.
Sincera.
Y llena de amor.
—Había preparado un discurso mucho más largo.
Bella soltó una pequeña risa entre lágrimas.
—¿Y qué pasó?
—Te vi.
Ella sintió que el corazón se aceleraba aún más.
—Y olvidé la mitad.
Bella se cubrió la boca para contener la emoción.
Edward tomó aire.
—Pero hay algo que sí recuerdo perfectamente.
La miró directamente a los ojos.
—Te amo.
El silencio se volvió absoluto.
—Te amo cuando discutimos.
Te amo cuando me haces reír.
Te amo cuando me corriges.
Te amo cuando me recuerdas quién quiero ser.
Las lágrimas comenzaron a rodar por las mejillas de Bella.
—Y quiero pasar el resto de mi vida contigo.
Edward abrió lentamente la caja.
Dentro brillaba un hermoso anillo.
Edward respiró profundamente.
—Bella Swan...
Su voz tembló ligeramente.
—¿Quieres casarte conmigo?
El corazón de Bella pareció detenerse.
Había imaginado muchos momentos felices.
Pero ninguno se comparaba con aquel.
Porque no había contratos.
No había mentiras.
No había actuaciones.
Solo amor.
Edward esperaba.
Nervioso.
Esperanzado.
Y entonces Bella sonrió.
La sonrisa más hermosa que él había visto jamás.
—Sí.
Edward parpadeó.
—¿Sí?
Bella soltó una pequeña carcajada.
—Sí.
Las lágrimas seguían cayendo.
—Sí, Edward.
Mil veces sí.
La felicidad iluminó por completo el rostro de Edward.
Con cuidado tomó el anillo y lo colocó en la mano de Bella.
Ella observó la joya.
Pero lo que realmente importaba no era el anillo.
Era él.
Edward se puso de pie.
Y antes de que pudiera decir algo más, Bella lo abrazó.
Con toda la fuerza de su corazón.
—Te amo.
—Yo también te amo.
Permanecieron así durante varios minutos.
Sin preocuparse por nada más.
Muy lejos de allí, en la mansión Cullen, Alice caminaba de un lado a otro.
—¿Ya llamaron?
—No —respondió Jasper.
—¿Y ahora?
—Tampoco.
—¿Y ahora?
—Alice...
La puerta principal se abrió.
Y Bella y Edward entraron.
Tomados de la mano.
Sonriendo.
Alice observó el anillo.
Y lanzó un grito tan fuerte que prácticamente hizo temblar la casa.
—¡¡¡LO SABÍA!!!
Emmett apareció corriendo.
—¿Qué pasó?
Alice señaló la mano de Bella.
Emmett abrió los ojos.
—¡AL FIN!
Carlisle y Esme sonrieron emocionados.
Charlie se quedó inmóvil unos segundos.
Luego abrazó a Bella.
—Felicidades, Bells.
Bella sonrió.
—Gracias, papá.
Por primera vez en mucho tiempo, todos estaban felices.
Y aquella noche se convirtió en una de las más especiales de sus vidas.
Porque el contrato había terminado.
El escándalo había terminado.
Los problemas habían terminado.
Y una nueva historia estaba comenzando.