Sinopsis
Los preparativos de la boda continúan. Mientras Bella busca el vestido perfecto junto a Alice, Edward recibe algunos consejos muy peculiares de Emmett. Entre risas, emociones y sorpresas, la fecha de la boda está cada vez más cerca.
El sábado por la mañana comenzó con una misión.
Una misión muy importante.
Encontrar el vestido de novia perfecto.
Bella ya estaba arrepentida.
—Ni siquiera hemos llegado a la tienda.
Alice sonrió desde el asiento del conductor.
—Y ya será un día maravilloso.
—Eso es exactamente lo que me preocupa.
Angela y Alice soltaron una carcajada.
Al llegar a la boutique, Bella comprendió que estaba perdida.
Había vestidos por todas partes.
Largos.
Cortos.
Brillantes.
Elegantes.
Y todos parecían imposibles de elegir.
—Respira.
—Alice, hay como mil vestidos.
—Mil doscientos dieciséis.
Bella abrió mucho los ojos.
—¿Los contaste?
—Por supuesto.
Durante horas probaron distintos modelos.
Algunos eran demasiado grandes.
Otros demasiado incómodos.
Y uno tenía una cola tan larga que Bella casi se cae.
Alice tomó una fotografía.
—¡Bórrala!
—Jamás.
Finalmente apareció un vestido diferente.
Sencillo.
Elegante.
Hermoso.
Cuando Bella salió del probador, el salón quedó en silencio.
Angela sonrió emocionada.
Alice se quedó inmóvil.
Y eso nunca ocurría.
—Alice...
La voz de Bella sonó nerviosa.
—¿Qué pasa?
Alice tenía lágrimas en los ojos.
—Es ese.
Bella observó su reflejo.
Y por primera vez pudo imaginar el día de la boda.
De verdad.
Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, Edward enfrentaba otro problema.
Emmett.
—Escúchame bien.
Edward suspiró.
—Ya estoy preocupado.
—Los futuros esposos necesitan un plan.
—¿Qué clase de plan?
—Uno legendario.
Edward ya sabía que aquello era una mala idea.
Durante una hora completa, Emmett propuso ideas absurdas.
Un desfile.
Un espectáculo de fuegos artificiales.
Una entrada en helicóptero.
—No.
—¿Y un oso entrenado?
—Definitivamente no.
—Estás arruinando mis sueños.
Edward se levantó.
—Me voy.
—Cobarde.
Esa tarde, Bella regresó a casa agotada.
Pero feliz.
Más feliz de lo que había estado en mucho tiempo.
Cuando abrió la puerta de su habitación encontró algo inesperado.
Sobre su escritorio había una pequeña caja.
Y una nota.
La letra era inconfundible.
"Para la mujer que cambió mi vida."
—Edward
Bella sonrió inmediatamente.
Abrió la caja con cuidado.
Dentro había un delicado colgante plateado.
En el centro había una pequeña estrella.
La misma estrella que aparecía grabada en una fotografía del observatorio donde Edward le había pedido matrimonio.
Los ojos de Bella se llenaron de lágrimas.
Porque no era un regalo costoso lo que la emocionaba.
Era el significado.
La memoria.
El recuerdo.
El amor detrás del detalle.
Esa noche llamó a Edward.
—¿Te gustó?
Bella sonrió.
—Lo adoro.
—Me alegra.
—Gracias.
Hubo un breve silencio.
Y luego Edward habló.
—Dentro de unos años quiero seguir regalándote cosas así.
Bella sintió que el corazón se aceleraba.
—¿Sí?
—Sí.
—Entonces tendrás que acostumbrarte a verme llorar.
Edward soltó una risa.
—Creo que puedo vivir con eso.
Y mientras las estrellas brillaban sobre Forks, ambos comprendieron algo.
La boda estaba cada vez más cerca.
Pero lo que realmente esperaban no era la ceremonia.
Era todo lo que vendría después.
Una vida juntos.