Sinopsis
El gran día ha llegado. Bella y Edward se preparan para el momento que cambiará sus vidas para siempre. Entre nervios, emociones y una ceremonia llena de amor, todo está listo para que su historia tenga un nuevo comienzo.
La mañana amaneció brillante.
Demasiado brillante para los nervios de Bella.
La casa Swan era un caos silencioso.
Peinadores.
Vestido.
Zapatos.
Y una Bella respirando demasiado rápido.
—Estás pálida —murmuró Alice.
—Estoy bien.
—Eso no es verdad.
Bella no discutió.
Porque no tenía energía para hacerlo.
A la misma hora, Edward estaba frente al espejo.
Emmett lo observaba desde la cama.
—Pareces listo para una guerra.
—Me siento igual.
Emmett sonrió.
—Tranquilo. Solo te vas a casar.
Edward lo miró.
—Eso no ayuda.
En la casa Swan, Charlie entró en la habitación.
Se quedó quieto al ver a Bella con el vestido.
—Wow…
Bella levantó la mirada.
Y vio los ojos de su padre llenos de emoción.
—Te ves hermosa, Bells.
Ella sonrió.
—Gracias, papá.
Charlie tragó saliva.
—Listo o no… es hora.
La ceremonia fue en un jardín rodeado de flores y luces suaves.
El lugar parecía sacado de un sueño.
Las sillas estaban llenas.
La música suave llenaba el aire.
Y todos esperaban.
Edward estaba de pie al frente.
Respirando lento.
Intentando controlar su corazón.
—Si te desmayas, te atrapo —susurró Emmett.
—No me voy a desmayar.
—Eso dicen todos.
Entonces la música cambió.
Y Bella apareció.
El mundo se detuvo.
Edward dejó de respirar.
Porque no había nada más.
Solo ella.
Bella caminó lentamente hacia él.
Cada paso parecía más real que el anterior.
Cuando llegó frente a Edward, ambos se miraron.
Y todo lo demás desapareció.
El oficiante comenzó a hablar.
Pero ellos apenas escuchaban.
Porque ya no necesitaban palabras.
—Edward Cullen…
—Sí.
—¿Aceptas a Bella Swan como tu esposa?
Edward la miró.
Y sonrió.
—Sí.
—Bella Swan…
Ella respiró profundo.
—¿Aceptas a Edward Cullen como tu esposo?
Bella lo miró.
Y todo encajó.
—Sí.
Un suspiro colectivo llenó el lugar.
Pero ellos solo se veían entre sí.
Los anillos fueron intercambiados.
Las manos temblaron un poco.
Las sonrisas fueron inevitables.
—Puede besar a la novia.
Y Edward no esperó.
La tomó suavemente.
Y la besó.
Y el mundo, por fin, dejó de tener tensión.
Porque todo lo que había sido contrato, drama y caos…
Había terminado exactamente donde debía.
En un amor real.
FIN