Beso
- Ya deberíamos irnos. – Propone Maximiliano, ya se aburrió de toda esa gente sobre todo de Saul y Lorena que no han hecho mas que enojarlo esa noche.
- Aun no nombran a la nueva presidenta. – Comenta Sofia, aunque ella también se quiera ir de ese lugar sobre todo porque la anfitriona no es precisamente de su agrado de hecho está encabeza en la lista de las personas que menos le agradan en el mundo.
- Ya le dimos nuestras felicitaciones, yo creo que eso es mas que suficiente. – Expone Maximiliano.
- Vaya, tu deberías ser quien menos se quisiera ir, ustedes son muy cercanos no es así, es más tuvieron una relación bastante intima en el pasado. – Sofia ya no aguantó mas y tuvo que reclamar por aquello en un tono que salió un poco mas alto de lo que había planeado, dejando ver su clara molestia por ese asunto, lo que logro sacar una sonrisa de los labios de Maximiliano.
- ¿Celosa? – Pregunta curioso.
- Ja, ¿Por qué habría de estarlo? – Dice Sofia segura haciendo que la sonrisa de Maximiliano se borre ya se imaginaba sus siguientes palabras. – Soy tu esposa. – Siguió ganándose una mirada fija de su esposo. – Aunque te pese a ti o al que quiera, por lo tanto, no tengo porque sentir celos de nadie. Eres absolutamente mío hasta que nos divorciemos. – Declara Sofia con superioridad, que importa el estado de su relación, ella es la señora Montenegro por lo que no, jamás admitirá en voz alta que cualquier otra mujer despierta en ella algo tan absurdo como los celos.
La respuesta de Sofia dejo a su esposo muy sorprendido él pensó que diría algo como “¿celos?, si no siento nada por ti, ¿de que tendría celos? O algo parecido, pero su declaración hizo que todo su cuerpo reaccionara con emoción, aun cuando en ese punto su relación es todo menos estable, Sofia todavía se mantenía en su lugar como su esposa y ya con eso era razón suficiente para querer que eso no cambiara nunca, que Sofia por el resto de su vida le expresara al mundo que ella era su única esposa, su primer amor y el amor de su vida algo que seguramente él tendría que decirle, pues lo mas probable es que ella no lo sepa y de ello solo se puede culpar a sí mismo.
- Tienes razón, no tiene ningún sentido tener un sentimiento como ese. – Dice Maximiliano con seriedad. – Estamos casados, somos marido y mujer, nadie puede ir contra ello. – Finaliza con una gran sonrisa en su rostro, de pronto las palabras de Sofia habían llenado también los espacios y dudas en su corazón, el tampoco debería sentir ningún tipo de celos por nadie, ella es su esposa y lo seguirá siendo, ya perdió demasiado tiempo, pero ahora agradece a sus abuelos por ese acuerdo, de no ser por ello, la habría perdido y seguramente se lamentaría cada día de su vida por ello.
- Vamos. – Dice de pronto Maximiliano con determinación, tomando a Sofia de la mano para sacarla de allí.
- ¿Qué? – Es lo único que puede pronunciar Sofia pues Maximiliano prácticamente la esta arrastrando a la salida, claro que con mucha delicadeza. - ¿De verdad nos vamos a ir? – Pregunta nuevamente.
- Si, tenemos asuntos mucho más importantes que tratar. – Decreta Maximiliano tomando sus abrigos para ponerle el de su esposa ya que afuera hace frio, las palabras que acababa de decir Sofia, sumado a todos los sucesos de la noche fueron el impulso que necesitaba, debía aclarar un par de cosas con su esposa, aprovechando que la mansión de su abuelo esta vacía solo para ellos, decide que ya es hora de tener una conversación con su esposa.
- ¿Asuntos? – Cuestiona Sofia desconcertada, no estaba entendiendo de que hablaba ese hombre lo único claro que tenia es que si antes pensaba que Maximiliano estaba enloqueciendo ahora lo confirma.
- Hablaremos en casa. – Dice y por puro impulso deja un sutil beso sobre los labios de su esposa que hace que los ojos de Sofia se abran hasta donde es humanamente posible.
Después de las acciones tan repentinas y desconcertantes de Maximiliano, Sofia se quedó muda no sabía exactamente que debería decir por lo que uso su derecho a estar en silencio, mientras les traían el auto y Maximiliano la guiaba hasta su puesto para luego subir el y tomar el volante todo esto sin dejar su sonrisa y el brillo de sus ojos.
- Presidenta estamos listos, es hora del anuncio. – Informa Luisa acercándose a Lorena, por fin había llegado el momento más importante de la noche, por el que había luchado por años, lo que hizo que Lorena sonriera feliz, emoción que duro muy poco pues al llevar su mirada por todo el salón, no vio por ningún lado a Maximiliano.
- ¿Dónde esta el presidente Montenegro? – Pregunto a su secretaria que tampoco lo había visto, pues ella estaba muy ocupada encargándose de que todo saliera bien en el evento.
- Se fue. – Dice un hombre acercándose a Lorena con demasiada calma y hasta aburrimiento.
- ¿Quién es usted? – Cuestiono Lorena con molestia.
- Un amigo, si usted quiere presidenta Álvarez. – Menciona el hombre, haciendo que Lorena frunza el ceño no le gusta para nada su presencia y mucho menos lo que pueda querer acercándose a ella.