Holaaaa a todos,
¿cómo están?
Si están leyendo esto, significa que han llegado al final de El Corazón de Kymíra. Y aunque aquí termina este libro, no termina esta historia… ni el camino de Lex.
Gracias. De verdad.
Gracias por quedarse hasta el final, por acompañarme en cada capítulo, por caminar junto a Lex cuando el sendero se volvió gris, cuando los dioses callaron, cuando el miedo pesó más que la esperanza. Llegar hasta aquí significa que confiaron en mí y en la historia, y eso es algo que nunca voy a dar por sentado.
Este libro nació en un momento muy extraño y muy personal de mi vida. Surgió de una caída, de un cuerpo cansado y una mente que, incluso en medio del caos, decidió imaginar. En una camilla de hospital, entre delirios y luces blancas, apareció la imagen de un chico pálido como la nieve, destinado a desafiar a los dioses sin querer ser un héroe. Ahí nació Lex. Y con él, todo este mundo.
Escribir El Corazón de Kymíra fue muchas cosas a la vez: un refugio, un reto, una herida abierta y también una forma de sanar. Hubo noches interminables, dudas constantes, silencios largos en los que pensé que la historia no avanzaba… pero aun así, página a página, este libro encontró su forma. Y hoy, poder cerrarlo, me llena de una emoción difícil de explicar.
Lex me enseñó más de lo que imaginé. Su resistencia silenciosa, su negativa a obedecer ciegamente, su forma de seguir adelante incluso cuando el mundo —y los dioses— parecían estar en su contra. Riven, con sus silencios, sus lealtades rotas y su mirada cargada de cosas no dichas. Raya, con su fuerza, su cuidado, su manera de sostener a otros incluso cuando ella también tiene miedo. Cada uno de ellos dejó algo en mí, y espero que también haya dejado una huella en ustedes.
Esta historia está llena de sombras, de secretos, de heridas que no cierran fácilmente. Pero también de pequeños destellos: amistades que nacen en medio del peligro, promesas no dichas, decisiones que importan. Tal vez, en el fondo, esta historia trata de eso: de seguir caminando incluso cuando no hay un camino claro, de aferrarse a algo —o a alguien— cuando todo parece perdido.
Si llegaron hasta aquí, les debo un agradecimiento enorme. Porque cada lector le da sentido a estas páginas. Porque escribir nunca ha sido un acto completamente solitario: es un puente, y ustedes decidieron cruzarlo conmigo. Gracias por leer, por sentir, por enojarse, por emocionarse… incluso estoy dispuesto a escuchar reclamos por el final.
Este libro cierra un ciclo, pero deja muchas puertas abiertas. Aún hay verdades que no han salido a la luz, decisiones que Lex tendrá que enfrentar, y un mundo que apenas comienza a mostrar su verdadero rostro. Lo que viene será más oscuro, más intenso, y también más revelador.
Prometo magia, conflictos, dioses que no dicen toda la verdad y personajes que seguirán creciendo —para bien o para mal— junto a ustedes.
Gracias por confiar en mí, por darme su tiempo y su corazón. Gracias por acompañar a Lex, a Riven, a Raya, a Milo, a Aether y a todos los que forman parte de esta historia. Gracias por permitirme crecer no solo como escritor, sino también como persona.
Esto no es un adiós.
Es solo el final de este capítulo.
Nos leeremos muy pronto.
Y cuando llegue el momento de volver a cruzar el sendero, espero que sigan aquí, conmigo.
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Editado: 25.01.2026