La noticia de Ashfen llegó al castillo antes que ellos, filtrándose por las grietas de las piedras como una corriente de aire frío.
Lyra lo supo en el instante en que espoleó a su caballo dentro del patio de armas a medianoche. El mozo de cuadra que tomó las riendas no la miró a los ojos; la miró de reojo, con la fijeza codiciosa de quien custodia un secreto y espera a ver si ella también compartía el peso. Lo confirmó a la mañana siguiente. Al cruzar el umbral del comedor, el murmullo de dos doncellas se cortó en seco. El silencio que siguió tuvo esa vibración densa y específica que delata que el objeto de los chismes acaba de entrar por la puerta.
—El alcalde de Ashfen envió un mensajero al príncipe —anunció Sela, deslizando una bandeja de plata sobre la mesa con una reverencia demasiado rígida—. Llegó antes del amanecer. Dicen que el manantial maldito vuelve a brotar agua clara y que el ganado ya se pone en pie.
Lyra dejó el trozo de pan a medio masticar sobre el plato. El apetito se le había evaporado.
—Es pronto para una mejoría real —sentenció, limpiándose los dedos con una servilleta de lino—. Los milagros de la tierra no son tan rápidos, Sela.
—¿No es buena señal que lo digan, mi señora?
—Es bueno que lo crean. —Lyra rodeó la taza de té con las manos, buscando un calor que el castillo de piedra siempre le negaba—. Significa que vuelven a mirar el agua con esperanza, y eso es lo único que importa para los próximos días. La verdadera purificación tardará casi una semana. Lo que han visto es solo el alivio de los animales al beber sin veneno por primera vez en meses. Eso cambia el ánimo de cualquiera.
Sela la observó, ladeando la cabeza con una curiosidad que rozaba el atrevimiento.
—¿Los animales tienen ánimo?
—Todo lo que sangra y respira lo tiene.—Lyra clavó la mirada en la sirvienta—. ¿Kael ya lo sabe?
—El príncipe recibió el mensaje en sus propios aposentos, según dicen las cocinas. No ha dejado de recibir visitas desde entonces.
Kael la interceptó en los jardines del ala este, justo donde los arbustos de hojas plateadas bloqueaban la vista desde las ventanas de la corte.
No caminaba; avanzaba con la energía eléctrica de un hombre que apenas ha dormido, pero cuyas piezas ya se mueven exactamente como quiere en el tablero.
Antes de que Lyra pudiera articular palabra, él ya le había atrapado las manos. Su agarre fue firme, tibio, un segundo más prolongado de lo que dictaba el decoro. La obligó a mirarlo, exhibiendo en los ojos esa chispa peligrosa que Lyra ya había aprendido a temer: la euforia del cazador que ve caer la presa en la red.
—Funcionó —susurró él, acortando la distancia entre ambos hasta invadir ese espacio personal que Lyra siempre intentaba proteger.
—Siempre iba a funcionar —respondió ella, negándose a apartar la vista. Sabía lo que valía su magia, aunque en ese lugar la trataran como un truco de feria—. Solo necesitaban que alguien fuera a limpiar el lodo de las raíces. Alguien con la sangre adecuada.
—Ese es el punto —Kael le soltó las manos, pero no retrocedió. Se apoyó contra el borde tallado de la fuente de piedra, cruzando los brazos sobre el pecho bordado en oro—. Esta mañana, Lord Aldric me pidió una audiencia privada. No fui yo quien lo buscó. Vino él. Rogando.
Lyra arqueó una ceja. —¿El lord que controla las tierras del trigo? ¿El que se negó a pagar el diezmo de la corona el mes pasado?
—El mismo. —Una sonrisa lenta y afilada transformó las facciones de Kael—. Al parecer, tiene un conflicto de tierras en su región sur que el Consejo Real lleva un año ignorando. Quiere resolverlo conmigo. En secreto.
—¿Y eso te beneficia?
—Es la primera grieta en el bloque de la vieja aristocracia. —Kael se inclinó hacia ella, evaluando las ojeras bajo sus ojos con una atención que se sintió casi íntima—. Te ves exhausta. ¿Cómo te encuentras?
—Bien. Cansada del viaje, pero bien.
—¿Y Ryker? —La pregunta cayó con una ligereza tan ensayada que a Lyra se le erizó el vello de la nuca.
—Cumplió su trabajo —replicó ella, manteniendo la voz tan plana como el agua de la fuente—. No se apartó de mi sombra en ningún momento.
—¿Pudiste trabajar con él? ¿O su presencia te resultó... molesta?
Lyra desvió la mirada hacia las hojas de un arbusto cercano, obligándose a respirar despacio. El recuerdo del caballero en el bosque, su silueta imponente recortada contra la niebla y la forma en que sus ojos oscuros descifraban sus movimientos sin juzgarla, volvió a pasarle factura al corazón.
—Es diferente a lo que esperaba de un capitán de la Guardia Real —admitió—. No pregunta de más. Ni de menos. Hace las preguntas correctas.
Kael la estudió en silencio. El silencio del príncipe era siempre un espacio peligroso, un lugar donde calculaba el valor de cada palabra.
—Bien —dijo al fin, y un matiz gélido tiñó su tono de voz—. Es exactamente el carácter que necesito que esté cerca de ti, Lyra. Alguien que entienda las órdenes y no se deje llevar por la curiosidad.
Lyra asintió, pero la frase se le quedó clavada en el pecho como una astilla. No era protección lo que Kael le había asignado; era una jaula con armadura de acero.
La cena de esa noche no fue la reunión íntima que Kael le había prometido. El salón comedor bullía con una tensión noble que Lyra detectó en cuanto cruzó el umbral, flanqueada, como siempre, por la imponente presencia de Ryker.
Kael presidía la mesa con una teatralidad impecable. A su derecha se sentaba Lord Aldric, cuyas cejas blancas subían y bajaban mientras escuchaba al príncipe con una devoción que no tenía el día anterior. Pero lo que detuvo el paso de Lyra no fueron los lores. Fue la mujer sentada a tres puestos de Kael.
Era una criatura de la corte, pulida hasta la crueldad. Llevaba un vestido de seda color vino oscuro que se ceñía a su silueta con la precisión de una segunda piel, y su cabello, de un rojo violeta artificial, caía en ondas perfectas sobre unos hombros sutilmente bronceados. Tenía unos ojos negros y desmesurados que recorrían el salón como un halcón catalogando a sus presas.
#679 en Fantasía
#3355 en Novela romántica
traicion decepsion dolor deseo amor, romantasy juvenil, romance a fuego lento
Editado: 02.06.2026