El Corazón de los Ocho: bajo la sombra y la llama

Capítulo 15

Una mujer cruzó el umbral con la postura impecable de quien no conoce el cansancio. Su capa gris oscuro cayó en líneas rectas, sin una arruga fuera de lugar, y un broche con tres círculos concéntricos brilló bajo la luz de las runas. Su rostro severo no mostraba grietas, pero sus ojos evaluaban la sala calculadamente antes de posarse en ella. Caelia sintió que aquella mirada era la de alguien que iba a sentenciar.

—Señora Kir. —La voz de Darek sonó desde la puerta, firme y controlada.

—Riven. —Ella respondió con apenas un leve movimiento de cejas. Su trenza impoluta.

Caelia los observó en silencio. Había algo en ese cruce de miradas que parecía un pulso en tablas, una historia no dicha. Darek dio un paso atrás, dispuesto a marcharse. Antes de salir, giró apenas la cabeza y, fugaz, le guiñó un ojo. Ella se tensó al instante. El gesto no tenía sentido, no era el guiño de complicidad de un instructor, ni el de un aliado improvisado.

El portazo suave que siguió la dejó a solas con esa mujer, pero su mente seguía anclada en él. ¿Quién era realmente ese hombre? ¿Riven? ¿Ese es su nombre? No podía sacarse de la cabeza lo que le había contado unos minutos antes: los Devastadores, las leyendas, la onda expansiva que podía haber llegado a otras Casas, las grabaciones borradas. Había hablado con demasiada seguridad, parece que hubiera visto más de lo que admitía y supiera de primera mano lo que Alta Torre intentaba enterrar bajo silencio. Y ahora, esa tensión entre él y ella… No era simple respeto. Había algo, algo personal.

Caelia sintió un escalofrío. Apenas empezaba a conocer este mundo y ya estaba atrapada en un juego de secretos que la superaba. ¿Hasta dónde llegaban las mentiras? ¿Hasta qué punto la estaban vigilando? ¿Y cuánto de lo que el hombre del pañuelo le había dicho era verdad… o parte de otra manipulación? Tenía que ser cauta. Se obligó a inspirar hondo, clavando la vista en la mujer que acababa de entrar.

La mujer avanzó hasta situarse a un lado de la camilla, sin acercarse demasiado. Sus pasos eran tan medidos que parecían marcar el compás de la sala.

—Hola, Caelia. Me presento, soy Velesa Kir —dijo, con voz firme y clara—. Alta representante de la Torre y miembro del Consejo de Kaerun.

Caelia tragó saliva. El nombre le sonaba, había escuchado historias entre instructores y alumnos, pero nunca la había visto de cerca. Ahora comprendía por qué todos bajaban la voz al mencionarla. Velesa la observó en silencio durante unos segundos que se hicieron interminables, cada parpadeo de Caelia era evaluado y registrado.

El tono de Velesa se suavizó, apenas un matiz, pero suficiente para no sonar frío.

—Me alegra verte consciente, aprendiz.

Caelia sintió cómo esa última palabra le calaba más hondo de lo necesario. No era una simple forma de dirigirse a ella; sonaba a un recordatorio de su lugar, una advertencia de jerarquía.

—Gracias… —asintió, precavida, midiendo el peso de cada sílaba—. ¿Qué ocurre?

—Más de lo que debería haber pasado en una simple sesión de prueba. —Velesa dio un par de pasos hacia la camilla, su capa rozando el suelo sin un pliegue fuera de lugar—. Pero sobreviviste. Eso dice mucho.

No invadió su espacio, pero la proximidad bastaba para que Caelia sintiera el peso de su presencia. Velesa ladeó la cabeza apenas, estudiando un objeto de valor incierto.

—Tienes muchas preguntas, lo sé —añadió con calma—. Y pronto obtendrás respuestas… al menos, las que puedo darte ahora.

Caelia se obligó a sostenerle la mirada, aunque el corazón le martilleaba en el pecho.

—¿Qué quiere de mí? —preguntó al fin, la voz aún débil pero cargada de desconfianza—. ¿Por qué ha venido a verme?

El ceño de Velesa no se alteró. Se limitó a unir las manos por delante, con la calma de quien está acostumbrada a recibir preguntas y no dar todas las respuestas.

—Porque es mi deber evaluar lo que ocurrió.

—¿Y mis amigos? —insistió—. ¿Dónde están?

El brillo de las runas de la sala se reflejó en los ojos oscuros de Velesa cuando contestó.

—Reciben tratamiento en otra sala. Están vivos, aunque algunos en estado delicado. Eso debería bastarte por ahora.

El alivio se abrió paso en el pecho de Caelia, aunque no disipó del todo la tensión que le crispaba los dedos contra la sábana. El instructor ya le había dicho que estaban vivos, incluso que seguían intentando salvar a Edrien, y ahora las palabras de Velesa encajaban con lo que él le había asegurado. Eso la tranquilizó en parte, pero no borró la desconfianza: si ambos decían la verdad, ¿por qué sentía que aún le ocultaban algo?

—Entonces… ¿por qué yo? —se inquietó—. ¿Por qué está aquí conmigo y no con ellos?

Velesa la observó cual pieza de ajedrez recién colocada sobre el tablero.

—Porque tú eres el centro de lo que ocurrió. Cuando te recuperes, seguirás tu formación hasta graduarte en Alta Torre —continuó—. Allí se te asignará un rango oficial, instructor y se decidirá tu función dentro de Kaerun.

Caelia parpadeó, incapaz de ocultar su desconcierto.

—¿Mi… función? ¿Qué función puede tener alguien así después de lo que pasó?




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