El corazón de Rubí

El baile

han se encontraba bastante ansioso ya que en el baile vería a lady Rubí, esa mujer le llamaba mucho la atención ya que no era la típica chica con la que estaba acostumbrado a tratar, le encantaban los retos y ella era uno de ellos, él sabía que era guapo y encantador, y que al final de la temporada se la llevaría a la cama y caería como una más de sus amantes, ninguna mujer se resistía a sus encantos, ni siquiera su madre, sabía qué hacer y decir con cada mujer en el momento exacto, o eso pensaba, con ese pensamiento termino de arreglase para ir a la dichosa fiesta, solo le gustaban esas fiestas porque sabía que se daría más de un placer  y con amante distintas, se subió a su carruaje y emprendió viaje a la mansión de los Benet.

 Cuando llego, la fiesta ya se encontraba en su apogeo, le entrego a un lacayo su capa y sombrero, y se dirigió al salón, busco por todos lados a Rubí pero esta no estaba, eso lo desanimo un poco pero se percató que todos miraban la entrada y al voltearse la vio con ese hermoso vestido se veía exquisita lista para ser devorada, su belleza no era la común en ese tiempo y eso para era más apetecible le encantaba su exótica belleza su pelo negro y sus ojos miel, su piel era un manjar se veía tan sedosa.

Como le gustaría poder acariciarla y tenerla a gimiendo su nombre, de inmediato se dio cuenta que su entrepierna molestaba y se obligó a sí mismo a dejar de tener ese tipo de pensamiento ya que el dolor seria insoportable.

Siguió observando a la joven mujer y se percató del rubor de sus mejillas, dejando entre ver lo incomoda que se sentía con la situación ya que ningún hombre apartaba la mirada codiciosa de ella y que decir de las madres casaderas y de sus hijas que le tiraban dagas con la mirada.

Preferí apartar la mirada, ya que con ella no ocuparía las mismas tácticas que con las otras mujeres, con ella no servía ser cortes, galante y darle cumplidos y sonrisitas no esa fierecilla necesitaba ser domada y para eso había que ser un poco más duro, al principio la ignoraría un poco aria que su presencia fuera la de cualquier chica sin atractivo, para después acercarme a ella de a poco, la quiero gritando mi nombre cuando ya no puedas más del placer en la cama.

 Rubí

Al entrar a la mansión de los Benet todo mundo se me queda viendo, pero las miradas que más incomodas me hacen sentir son las de los hombres, me ven como si fuera un trozo de carne, en cambio la de las madres y sus hijas es de odio puro.

Ignoro las miradas y me dirijo a la mesa de ponche para beber algo y así poder pasar de ser percibida entre la gente, pero me equivoque ya que Emilie Benet se me acerca para saludarme, nunca he compartido mucho con ella ya que recién hoy es presentada en sociedad, se ve una chica muy simpática pero por experiencia propia sé que cuando se ven así son las peores.

Pienso para mí a poner en práctica mis modales y mi cinismo

- Lady Pierce

- Lady Benet

- Maravillosa velada han preparado, es encantadora

- Muchas gracias Lady Pierce, pero debo decir que todo esto lo ha preparado mi madre, ya que nada es de mi agrado.

- Bueno entonces dele mis felicitaciones a su madre por este apoteósico evento

Las dos jóvenes rieron ante la evidente nota de sarcasmo de Rubí

- Desde luego mi lady

- Y dígame Lady Benet como se encuentra, ¿se siente dichosa de ser presentad?

- Si mi lady me lo permite, en lo absoluto me agrada esta situación

- Si me permite ¿Por qué no es de su agrado?

- Espero y no se ofenda pero siento que el día de hoy me empiezan a vender al mejor postor, es como si fuera un objeto el cual no soy en lo absoluto.

Debo decir que lo que pensaba de esta chica ha quedado atrás me agrada, al fin encuentro otra mujer con cerebro. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




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