el corazón del abismo

JOSTIN Y EL CORAZÓN DEL ABISMO VOLUMEN I

EL DESPERTAR

PRÓLOGO

La noche en la que cayó el cielo

La luna se partió a medianoche.

No fue una ilusión.

No fue un reflejo.

Y, desde luego, no fue una metáfora.

Una grieta de color rojo oscuro apareció sobre la superficie de la luna y comenzó a extenderse lentamente de un extremo al otro.

Parecía una herida abierta en el cielo.

De ella emanaba una luz carmesí que bañaba los tejados de Valdoria y convertía las calles en un paisaje de sombras.

Durante unos segundos, toda la ciudad quedó en silencio.

Los comerciantes dejaron de cerrar sus negocios.

Los soldados levantaron la mirada.

Los niños dejaron de jugar.

Incluso los animales parecieron comprender que algo terrible estaba ocurriendo.

Entonces sonaron las campanas.

Una.

Dos.

Tres.

Todas las campanas de Valdoria comenzaron a repicar al mismo tiempo.

Lo extraño era que nadie estaba tocándolas.

—¿Qué está pasando? —preguntó una mujer desde una ventana.

—¡Miren la luna! —gritó un hombre desde la calle.

Un anciano cayó de rodillas.

—No puede ser...

Un niño que estaba escondido detrás de él levantó la mirada.

—¿Qué pasa, abuelo?

El anciano observó la luna con terror.

—La última vez que la luna se partió así... el mundo casi terminó.

Antes de que pudiera explicar algo más, la tierra comenzó a temblar.

Al principio fue un movimiento ligero.

Después las casas comenzaron a sacudirse.

Las ventanas estallaron.

Las piedras se desprendieron de los edificios.

Y desde las montañas llegó un rugido profundo.

No era un rugido animal.

Era demasiado profundo.

Demasiado antiguo.

Parecía surgir desde las entrañas mismas de la tierra.

Muy lejos de Valdoria, bajo toneladas de roca, existían lugares que ningún mapa mostraba.

Allí descansaban antiguos guerreros.

Durante siglos habían permanecido inmóviles.

Sus nombres habían sido olvidados.

Sus cuerpos habían sido convertidos en piedra.

Sus historias habían desaparecido de los libros.

Pero aquella noche...

sus ojos se abrieron.

Uno.

Después otro.

Luego otro.

La piedra comenzó a resquebrajarse alrededor de sus cuerpos.

CRAAACK.

Un brazo salió de la roca.

Después una pierna.

Una figura gigantesca se levantó lentamente.

Fragmentos de piedra cayeron de su rostro mientras respiraba por primera vez en cientos de años.

—Finalmente...

La criatura levantó la cabeza.

Sus ojos brillaron con un rojo intenso.

—El corazón ha despertado.

Muy lejos de allí, en las profundidades de una montaña, un joven permanecía frente a una gigantesca puerta negra.

La puerta estaba cubierta de símbolos antiguos.

Algunos parecían ojos.

Otros parecían bocas.

Pero uno aparecía una y otra vez.

Un corazón atravesado por una línea.

El joven tenía dieciocho años.

Cabello negro desordenado.

Ojos dorados.

Y una expresión que mezclaba miedo y determinación.

En sus manos había una espada completamente negra.

La hoja no reflejaba la luz.

Parecía absorberla.

Jostin respiró profundamente.

Frente a él, la puerta comenzó a abrirse.

GRRRRRR...

Un sonido profundo recorrió la caverna.

Jostin apretó la espada.

—No sé qué hay detrás de esa puerta...

La oscuridad del otro lado pareció moverse.

—Pero si quieres salir...

Jostin levantó el arma.

—Vas a tener que pasar por mí.

Dos ojos rojos aparecieron detrás de la puerta.

Jostin se quedó inmóvil.

Una voz habló desde la oscuridad.

—Jostin.

El joven frunció el ceño.

—¿Cómo sabes mi nombre?

La voz soltó una risa.

—Porque llevo mucho tiempo esperando.

La oscuridad avanzó.

—Esperando a que recuerdes.

Jostin sintió un escalofrío.

—¿Recordar qué?

La puerta se abrió por completo.

Una figura gigantesca comenzó a aparecer.

Jostin levantó la espada.

Y entonces...

despertó.

Jostin abrió los ojos de golpe.

Estaba acostado sobre una cama desconocida.

Miró alrededor.

Una pequeña habitación.

Una ventana.

Una mesa.

Una vela apagada.

Jostin se llevó una mano al pecho.

Su corazón latía rápidamente.

—Otra vez ese sueño...

Se sentó.

No recordaba haber estado jamás frente a aquella puerta.

Tampoco recordaba quién era la criatura.

Pero el sueño se repetía desde que era niño.

Siempre terminaba igual.

La puerta.

Los ojos rojos.

Su nombre.

Jostin se levantó.

Entonces escuchó un grito desde abajo.

—¡JOSTIN!

El joven cerró los ojos.

—Ah.

Recordó dónde estaba.

Y por qué probablemente tenía problemas.

—Esto va a ser difícil de explicar.

Saltó por la ventana.

CAPÍTULO 1

Un héroe bastante cuestionable

—¡ATRÁPENLO!

Jostin salió disparado por la ventana.

—¡AAAAAAAH!

Cayó sobre un carro de heno.

El carro no sobrevivió.

Jostin rebotó contra una pared y terminó rodando por el suelo.

Durante unos segundos permaneció completamente inmóvil.

Un caballo lo observó.

Jostin levantó lentamente la cabeza.

—No digas nada.

El caballo relinchó.

Jostin señaló al animal.

—Traidor.

Desde la ventana de la posada apareció nuevamente el dueño.

Era un hombre enorme y tenía el rostro completamente rojo de furia.

—¡VUELVE AQUÍ!

—¡Fue un accidente! —respondió Jostin.

—¡¿Un accidente?! ¡¿Qué hacías en los baños de mujeres?!

Jostin señaló la posada con absoluta tranquilidad.

—Buscaba la cocina.

El posadero se quedó mirándolo.

—La cocina está en el primer piso.

Jostin parpadeó.

—Eso explica muchas cosas.



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En el texto hay: aventura

Editado: 26.08.2026

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