El Corazon Del Dragon

Capítulo 3.

Alisa se despertó a las nueve en punto. Se sentía destrozada y le dolía la cabeza. Pero el miedo había desaparecido. El resentimiento y el dolor opresivo provocado por la traición de su marido habían retrocedido. En su lugar quedaba una calma cargada de ira.

La joven se duchó, se cambió de ropa, sacó del horno el pescado olvidado y lo arrojó a la basura. No tenía el menor apetito. Preparó más café y regresó al despacho de su marido. En ese momento, el teléfono cobró vida. Era Oleg. Alisa respiró hondo varias veces y contestó.

—Hola, Gorrioncita —saludó él con total naturalidad, como si no hubiera ocurrido nada.

Alisa comprendió de pronto que, si el día anterior no hubiera revisado su computadora ni el Instagram de Kira, aquella voz aterciopelada, llena de ternura, la habría derretido. Pero ahora sabía que todo era mentira. El dolor volvió a agitarse en su pecho, aunque lo reprimió a fuerza de voluntad.

—Hola. ¿Cómo estás? ¿Qué tal las reuniones?

—Cansado —mintió Oleg—. Y te extraño.

La joven miró la hora y añadió cinco horas al horario local. Eso significaba que en la isla ya era mediodía. A aquellas alturas del día, sí que podía estar cansado.

—¿Lograron resolver lo de los documentos?

Solo había hecho la pregunta para mantener la conversación. Entretanto, pensó que sería interesante escuchar cómo justificaba su marido el bronceado de Bali. ¿Mentiría sobre el sol de diciembre en Praga? ¿Se inventaría una visita al solárium con sus socios? ¿O diría que se había vaciado encima frascos enteros de protector solar?

—Sí. Lo hicimos todo de nuevo. Gorrioncita, ¿estás bien? —preguntó Oleg, de pronto alerta.

—Todo está bien —respondió Alisa—. Estos últimos días han sido muy duros en el trabajo.

—¿Quieres contármelo?

No quería prolongar la conversación, pero tampoco pensaba delatarse todavía. Al menos, no hasta decidir qué haría a continuación.

Para mantener la charla, Alisa se quejó de una compañera con la que tenía conflictos de vez en cuando, de un cliente demasiado quisquilloso, del proyecto aburrido y del clima.

—¿Qué planes tienes para hoy? —Era evidente que Oleg no la estaba escuchando, pero a Alisa ya no le importaba.

—Iré de compras —mintió ella—. Buscaré algunos regalos para las fiestas.

Hablaron un par de minutos más. Cuando terminó la llamada, Alisa dejó el teléfono boca abajo con alivio y abrió la laptop.

Aquel día pensaba estudiar con atención los documentos guardados en la computadora de su marido y decidir qué hacer con ellos. Cuanto más se adentraba en el material, más miedo sentía. A través de las conversaciones entre Oleg y Kira, Alisa comprendió que ella no era su primera víctima.

Kira: Haremos con tu esposa lo mismo que hicimos con Elena.

Oleg: No me lo recuerdes.

Kira: Todo salió bien. Nadie sospechó de nosotros.

Oleg: Estuvimos a punto de caer.

Kira: No habría pasado nada. No es culpa nuestra que la madre de Elena sea una idiota.

Alisa comprendió de pronto a qué Elena se referían. Había sido un caso muy sonado en su universidad. Una estudiante de primer año se había quitado la vida y dejó una nota en la que pedía que no culparan a nadie. Sin embargo, su madre aseguró que su hija jamás habría hecho algo así. También corrían rumores de que de la cuenta personal de la joven había desaparecido una suma considerable que ella había ahorrado para pagar sus estudios, además de varias joyas de oro.

Alisa no había conocido a Elena, pero recordaba cuánto la había conmocionado la noticia. Ahora experimentó una sensación parecida, solo que mucho más intensa. Con manos temblorosas, hizo copias de los mensajes. Y solo entonces, el estómago encogido le recordó que durante las últimas veinticuatro horas no había consumido nada salvo café.



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En el texto hay: traicion, romance paranormal, dragones

Editado: 02.09.2026

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