### I. El Aislamiento Voluntario
El éxito de Lyra en el Valle de las Sombras cimentó su autoridad, pero a un costo incalculable. Los consejeros no la desafiaban, sino que la evitaban. La gente la respetaba, pero no la amaba; la llamaban "La Regente Gélida" a sus espaldas.
Lyra se aisló en el ala más fría del palacio de Ethel-Hiel. No por necesidad, sino para intentar contener a Kyrin. Ella evitaba usar su fuego sanador y recurría al silencio, sintiendo que cualquier emoción la haría vulnerable.
El Capitán Yorven intentó acercarse, preocupado por su frialdad.
—Dama Lyra, los ciudadanos de Eldoria han enviado un regalo por su paz, una manta tejida por su abuela —dijo Yorven, acercando el tejido.
Lyra apenas miró la manta.
—Dígales que agradezco su pensamiento, Capitán. Pero no tengo necesidad de paños cálidos. El calor es una distracción.
La voz de Kyrin era de júbilo. **"¡Excelente, Dama de Invierno! Desecha los lazos, desecha la debilidad. Solo el frío es eterno."**
Lyra había llegado al punto de no retorno: estaba imitando la personalidad de su prisionero para evitar ser poseída.
### II. La Trampa del Recuerdo
El Liche, sin embargo, encontró una nueva forma de atacarla. Él la atacó con el recuerdo de **Kael**.
Una noche, Lyra estaba examinando un viejo mapa. De repente, la runa en su pecho se quemó con un dolor helado.
Imágenes mentales inundaron su mente: Kael, buscando en ruinas frías, leyendo textos olvidados, luchando contra criaturas de la escarcha. Pero Kyrin distorsionó el recuerdo.
—**Míralo, Lyra** —siseó el Liche—. **Te dejó, buscando su propio poder. Él no volverá. Él te teme. Y sabes que si regresa, tú tendrás que cumplir la Profecía. El dolor de esa traición es tu debilidad final.**
La duda carcomió a Lyra. El amor se convirtió en una trampa. ¿Kael regresaría para salvarla, o regresaría para ofrecerse como sacrificio y poner fin a su propia vida, y con ello, a Lyra?
El conflicto mental la hizo tropezar. Ella se aferró a la pared de hielo para mantenerse en pie. Su mano se congeló en el acto. No era la magia del Liche; era su propia falta de control.
### III. El Punto de Quiebre
Lyra se miró las manos. Estaban pálidas y frías, sin el calor que la definía. Ella había usado tanto su voluntad para sellar a Kyrin, y tanto de su fuego para crear el miedo político, que se había vaciado.
Se dirigió al único lugar donde el peligro era honesto: el estanque de hielo en el Jardín Olvidado.
Se arrodilló, y por primera vez en meses, se permitió un momento de dolor. Las lágrimas cayeron, pero se congelaron antes de tocar el hielo.
—¡Basta! ¡Déjame en paz! —gritó Lyra al hielo.
El espejo de hielo no le mostró a Kyrin esta vez. Le mostró su propio rostro, vacío, pero con una sonrisa sutil y cruel: la sonrisa del Rey Liche. La posesión estaba al borde de la consumación.
—**El Fuego se ha rendido. Y el Hielo ha ganado** —siseó la voz en su propia mente.
Lyra se levantó con una resolución terrible. No iba a ser el recipiente del Rey Liche. Ella debía recuperar el control.
### IV. Un Juramento Congelado
Lyra usó su voluntad para crear un último y desesperado sello. Ella concentró la última chispa de su verdadero fuego interior y lo usó, no para sanar, sino para forzar un **sello de estasis** alrededor de la runa de escarcha.
El dolor fue agonizante. Ella sintió que su alma se desprendía de su cuerpo. El Liche gritó en su mente, atrapado.
El acto la dejó inconsciente, desplomada en el musgo. Ella había logrado un último acto de voluntad: detener la batalla, detener la posesión, a costa de su propia vitalidad y conciencia.
Cuando Lyra despertó, estaba en su cama, con Yorven a su lado. Se sentía fría, terriblemente fría. El sello la había puesto en un estado de **vigilancia perpetua**, pero semi-inconsciente.
—Dama Lyra, usted está bien. Pero ha estado dormida durante una semana.
Lyra sintió la runa. Estaba fría, inactiva. Ella había ganado el tiempo, pero se había convertido en una estatua, una regente de hielo, esperando el regreso de su único contrapeso.