### I. La Paz de la Estatua
Han pasado **dos años** desde el colapso de Lyra y la partida de Kael.
El reino de Aethelgard había encontrado la paz prometida. Los inviernos eran suaves, las cosechas de las Tierras Bajas eran abundantes, y el comercio con Vhorin, aunque cauteloso, se mantenía. La amenaza de la escarcha mágica se había retirado.
El precio de esta paz era la **Regente Gélida**.
Lyra residía en el antiguo trono de piedra, envuelta en las pesadas pieles que la protegían del frío que ahora emanaba de su propio cuerpo. El sello de estasis la mantenía en un estado de vigilia perpetua: consciente, gobernando con frases cortas y frías, pero incapaz de usar su fuego, incapaz de mostrar emoción, y apenas capaz de moverse sin esfuerzo. Su apariencia era la de una reina de mármol.
El pueblo la reverenciaba y la temía. Era la **Dama de Invierno**, la que había elegido la Sombra para que la luz pudiera vivir.
El Capitán Yorven, ahora el Lord Comandante de la Guardia Real, era quien gestionaba el día a día.
—Dama Lyra, los almacenes están llenos, y el invierno ha sido el más suave registrado —informó Yorven, su voz siempre respetuosa—. El pueblo está seguro.
—Bien —respondió Lyra, la palabra fría y sin inflexión.
Ella sentía la runa en su pecho, fría y quieta. Kyrin estaba ahí, dormido, pero latente. Lyra había ganado tiempo, pero estaba existiendo, no viviendo.
### II. El Recuerdo Congelado
Su única conexión real con su vida anterior era el recuerdo de Kael, y la carta que él había dejado.
El Liche había intentado en el pasado corromper su memoria, pero el dolor del sacrificio de Kael y la soledad impuesta de Lyra eran la fortaleza del sello. Ella se aferraba a la imagen de su beso y a la promesa de su regreso.
Lyra se permitía tocar la carta de Kael una vez al día. La nota, arrugada, era su único consuelo. Ella sabía que Kael estaba buscando la "separación elemental" en las ruinas del norte, intentando encontrar la magia para salvarla, sin saber que su ausencia estaba matándola lentamente.
—**Él no vendrá, Dama** —susurró Kyrin, su voz era ahora un hilo débil en el fondo de su mente—. **El cobarde te dejó. Y tú te estás marchitando.**
Lyra no respondía. No gastaría su preciosa energía en la réplica. Simplemente se aferraba a la esperanza que la mantenía viva.
### III. El Retorno de la Escarcha Oscura
Una tarde, mientras Lyra estaba "durmiendo" en el trono, algo cambió.
El aire en la sala, siempre frío por su presencia, se volvió intensamente gélido. La luz disminuyó. La runa de estasis en el pecho de Lyra se estremeció.
Un hombre entró en la sala, cubierto de pieles y escarcha del viaje. No era un guardia ni un consejero. Era Kael.
Había regresado.
Kael estaba más delgado, con cicatrices de viejas heridas, pero su rostro era de una determinación feroz. En sus manos no llevaba una espada, sino dos objetos: un libro grueso y encuadernado en hielo (el conocimiento de Kyrin) y una extraña **piedra de fuego** que parecía pulsar con una luz interna.
Kael se detuvo al ver a Lyra. Ella era una estatua, hermosa pero vacía. Sus ojos de cristal se nublaron por la pena. Había fracasado. Había regresado demasiado tarde para la mujer que amaba, pero justo a tiempo para el peligro que ella enfrentaba.
—Lyra —dijo Kael, su voz baja.
Lyra, forzando cada músculo, levantó levemente la cabeza, sus ojos grises, fijos en él.
### IV. Gancho para el Libro2
Kael se acercó al trono, arrodillándose ante ella. El libro y la piedra de fuego cayeron al suelo.
—He encontrado la forma de liberarte —dijo Kael, tocando la runa en el pecho de Lyra con sus fríos dedos—. La separación elemental requiere un sacrificio de **fuego eterno y voluntad de hielo**. Pero tenemos poco tiempo.
Una risa fuerte y gélida resonó en toda la sala, mucho más fuerte de lo que Lyra había sentido en meses.
—**¡El tonto ha vuelto!** —gritó la voz de Kyrin. El espíritu había sentido la presencia de Kael, su enemigo y su ancla, y se había despertado violentamente.
Lyra sintió la runa romperse. El sello de estasis se desvaneció. El cuerpo de Lyra se liberó del frío, pero fue invadido por la presencia total del Rey Liche.
Los ojos de Lyra se abrieron por completo. No eran grises; eran negros, el color del hielo volcánico.
—**Bienvenido a casa, hijo** —dijo Lyra, pero la voz no era suya. Era el rugido triunfal del Rey Liche Kyrin, que había tomado el cuerpo de Lyra.
El terror y el desafío se encontraron en los ojos de Kael. Había regresado para salvarla, pero solo había logrado liberar al Liche en la forma de la única mujer que amaba