El Corazón Del Otoño: El Guardián Del Ámbar

Capítulo 2: La Ciudad De las Hojas Muertas.

### I. El Cambio en el Aire

Kael avanzaba por los callejones de la capital, Ethel-Hiel, envuelto en una capa andrajosa para ocultar sus rasgos y el brillo de la Piedra de Fuego. La ciudad que una vez fue un bastión de hielo cristalino ahora parecía estar en un estado de **putrefacción acelerada**.

No era invierno, pero tampoco era primavera. Los árboles que habían comenzado a brotar tras la primera derrota de Kyrin ahora tenían hojas de un color marrón enfermizo que se deshacían al tacto. El aire olía a moho y a madera quemada.

—**Míralos** —susurró una voz en su mente, una frecuencia que no era suya pero que conocía bien—. **Míralos morir lentamente. Es más poético que el hielo, ¿no crees?**

Kael apretó los dientes. Kyrin no estaba físicamente con él, pero el vínculo de sangre entre padre e hijo, ahora amplificado por la posesión de Lyra, permitía que sus burlas cruzaran la distancia.

### II. El Mercado de los Susurros

Al llegar a la plaza del mercado, Kael vio el verdadero horror del nuevo régimen. Los ciudadanos caminaban con la cabeza baja. Ya no había guardias del Protectorado con armaduras brillantes; ahora había figuras vestidas con túnicas de color óxido, los **"Segadores del Otoño"**.

En el centro de la plaza, una estatua de la maga Eira había sido derribada. En su lugar, una pira de hojas secas ardía con un fuego azulado que no daba calor, sino que absorbía la vitalidad de quienes se acercaban.

—Se dice que la Dama ha prohibido el fuego real —susurró una mujer a su lado, sin reconocer a Kael—. Dice que el calor es un pecado contra la "Cosecha Eterna".

Kael sintió una punzada de culpa. Lyra, la sanadora que amaba el fuego y la vida, estaba siendo utilizada para predicar la decadencia.

### III. Los Perseguidores de Sombras

Justo cuando Kael se acercaba a la Puerta Sur, un grito desgarrador rasgó el aire.

Desde las almenas del palacio, tres figuras descendieron como jirones de humo negro. Eran los **Perseguidores de Sombras**, entes creados por Kyrin usando la esencia de los soldados que se negaron a servirle. No tenían rostro, solo una máscara de bronce con la forma de una hoja marchita.

—**¡El traidor lleva la semilla de la llama!** —rugieron al unísono, sus voces sonando como el crujido de ramas secas.

Los ciudadanos se dispersaron en pánico. Kael desenvainó su espada, pero sabía que el acero ordinario no dañaría a estas criaturas. Sacó la **Piedra de Fuego** y, por un segundo, permitió que su calor fluyera a través de su brazo.

### IV. El Escape por la Muralla

La piedra brilló con un naranja intenso. Kael golpeó el suelo, y una onda de choque de calor puro barrió la calle, obligando a las sombras a retroceder. El contacto con el fuego real parecía herirlas físicamente.

—¡Abran la puerta! —gritó Kael a los guardias que aún dudaban.

Aprovechando la confusión, Kael corrió hacia el rastrillo. Un Perseguidor lo alcanzó, hundiendo una garra de humo en su hombro. El frío que sintió no era el hielo del libro anterior; era un **frío seco y absorbente** que le robaba el aliento.

Con un grito de agonía, Kael usó la Piedra de Fuego directamente contra la máscara de la criatura. El bronce se fundió y el humo se disipó.

Sin mirar atrás, saltó a través de la rejilla que se cerraba y se perdió en el bosque de árboles moribundos que rodeaba la ciudad. A lo lejos, en la torre más alta del palacio, pudo ver una silueta solitaria observándolo. Sabía que era Lyra. O el monstruo que la habitaba.

—Voy por ti, Sangre de Fuego —juró Kael, desapareciendo entre las sombras del bosque.




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