### I. El Bosque que no Duerme
Kael se internó profundamente en el **Bosque Marchito**. A diferencia del invierno pasado, donde la nieve amortiguaba los sonidos, este bosque era ruidoso: el crujido constante de ramas secas rompiéndose y el siseo de las hojas muertas arrastradas por un viento cálido y viciado.
Se detuvo al pie de un roble centenario cuyas hojas tenían el color de la sangre vieja. Su hombro izquierdo ardía. Al quitarse la capa, vio que la herida causada por el Perseguidor de Sombras no sangraba. En su lugar, la piel alrededor del rasguño se había vuelto de un gris ceniciento y las venas sobresalían como hilos de carbón.
—**Podredumbre Seca** —susurró Kael. Era la magia característica del "Otoño del Liche": no congelaba la vida, la consumía hasta dejar solo la cáscara.
### II. La Tentación del Libro de Hielo
Desesperado por detener el avance de la marca, Kael abrió el **Libro de Hielo** que había recuperado de las ruinas. Sabía que usar magia de escarcha podría ralentizar la infección, pero también sabía que era como invitar a su padre a entrar de nuevo en su mente.
*«Úsalo, hijo mío»*, la voz de Kyrin resonó, no como un susurro, sino como un eco en sus propios huesos. *«El hielo preserva. Detén el marchitamiento con el frío que te heredé. Solo tienes que rendirte un poco...»*
Kael cerró el libro con un golpe seco.
—No seré tu títere de nuevo.
En su lugar, tomó la **Piedra de Fuego**. No era un sanador como Lyra, pero recordaba cómo ella canalizaba el calor. Trató de enfocar su voluntad en la piedra, pidiéndole que quemara la infección sin consumir su brazo. La piedra vibró, pero el calor era errático, casi salvaje.
### III. Los "Huecos" entre los Árboles
Antes de que pudiera intentar el doloroso proceso de cauterización mágica, el bosque se quedó en silencio. De entre los troncos grises surgieron **Los Huecos**: antiguos animales del bosque (ciervos y lobos) que habían sido vaciados de vida y rellenados con la esencia del otoño oscuro. Eran criaturas de piel reseca y ojos que brillaban como brasas agonizantes.
No atacaron de inmediato. Rodearon a Kael, moviéndose con una gracia antinatural y quebradiza.
—Vienen por la Piedra —comprendió Kael. La luz de la llama era el único "alimento" real en este mundo marchito.
Con el brazo izquierdo casi inútil, Kael desenvainó su espada con la derecha. La lucha fue frenética. Cada vez que su acero cortaba a un "Hueco", no salía sangre, sino un polvo fino y amargo que le dificultaba la respiración.
### IV. Una Luz en la Oscuridad
Acorralado contra el tronco del roble y con la infección subiendo por su cuello, Kael rugió y golpeó la Piedra de Fuego contra el pomo de su espada. Una llamarada de color ámbar estalló, incinerando a los atacantes más cercanos en una lluvia de ceniza.
El esfuerzo lo dejó de rodillas. La visión se le nublaba. Justo antes de desmayarse, vio una figura moviéndose entre los árboles. No era un Perseguidor de Sombras, ni un monstruo. Era alguien vestido con túnicas de color amarillo azafrán, portando un báculo que terminaba en una jaula de hierro con una brasa eterna.
—Demasiado fuego para un cuerpo tan frío —dijo una voz anciana y melodiosa.
La figura se acercó, y Kael sintió un calor diferente: no el calor agresivo de su piedra, sino el calor reconfortante de un hogar.