### I. La Caravana de los Desposeídos
Tras dejar atrás los límites del Bosque Marchito, Kael se unió a un grupo de refugiados que huían de las aldeas del este. Eran campesinos con la piel cetrina y los ojos hundidos, arrastrando carros cargados de pertenencias que ya no tenían valor en un mundo que se caía a pedazos.
Kael se mantenía al margen, usando su **Velo de Ámbar** para ser apenas una sombra más entre la multitud. Sin embargo, su atención se centró en una niña que lloraba en silencio sobre un fardo de paja. Su brazo mostraba las primeras manchas grises de la **Podredumbre Seca**.
—No hay medicina para el "Toque de la Dama" —susurró un anciano a su lado, notando la mirada de Kael—. Ella dice que es el precio por la paz. Que debemos marchitarnos para que el reino renazca fuerte.
Kael sintió una náusea profunda. Lyra, su Lyra, estaba siendo el rostro de esta doctrina de muerte.
### II. El Puente de los Suspiros
La caravana llegó a un desfiladero custodiado por un grupo de **Segadores del Otoño**. A diferencia de los Perseguidores de Sombras, estos eran hombres y mujeres vivos, soldados que habían jurado lealtad a Kyrin-Lyra a cambio de no ser "cosechados".
—¡Alto! —gritó el oficial al mando, cuya armadura estaba adornada con hojas de metal oxidado—. El peaje para cruzar a las Tierras del Ámbar no es oro. Es vitalidad.
Los Segadores sacaron unos orbes de cristal oscuro, similares al Corazón de Cristal pero más pequeños. Al pasarlos cerca de los refugiados, los orbes absorbían un brillo tenue de sus pechos. Los ancianos caían de rodillas, envejeciendo años en segundos.
Kael apretó el báculo de Elian. Su instinto le gritaba que atacara, que usara la **Piedra de Fuego** para incinerar a los opresores. Pero sabía que eso atraería a Kyrin-Lyra directamente hacia ellos.
### III. La Sanación Prohibida
Cuando llegó el turno de la niña enferma, el oficial se detuvo.
—Esta está corrupta. No sirve para la cosecha. Arrójenla al desfiladero.
Kael no pudo contenerse más. Rompió su velo de sigilo y dio un paso al frente.
—¡Basta!
Los Segadores desenvainaron sus espadas. Kael no buscó su espada; buscó el equilibrio que Elian le había enseñado. Concentró el frío de su linaje y el calor de la piedra en la punta de sus dedos, creando un destello de **Luz Ámbar**.
En lugar de atacar a los guardias, tocó el brazo de la niña. La magia de equilibrio actuó como un disolvente: no quemó la podredumbre, sino que la "maduró" instantáneamente hasta que se convirtió en polvo seco y cayó, dejando piel sana debajo.
—¿Qué clase de brujería es esa? —rugió el oficial, lanzándose hacia él.
### IV. La Huida en el Desorden
Kael usó el báculo de fresno para desviar el golpe. No mató al hombre; golpeó el suelo con una vibración de energía que levantó una nube de hojas muertas tan densa que cegó a los soldados.
—¡Corran! ¡Crucen ahora! —gritó Kael a los refugiados.
En el caos, la caravana se precipitó a través del puente. Kael se quedó atrás para cubrir la retirada, derribando a los Segadores con movimientos precisos y fluidos, sintiendo por primera vez que su poder no era una carga, sino una herramienta de justicia.
Sin embargo, al mirar hacia el norte, sintió un escalofrío que no era físico. En su mente, una imagen se formó: Lyra, de pie en un balcón, dejando de mirar el horizonte para mirar **directamente hacia él**, con una sonrisa gélida.
Kyrin lo había sentido. El uso de la sanación de equilibrio había sido como un faro en la oscuridad.