El Corazón Del Otoño: El Guardián Del Ámbar

Capítulo 11: La Sangre De La Llama Ámbar.

### I. El Valor del Sacrificio

Kael miró a los cautivos. Vio a una madre abrazando a su hijo, cubriéndole los ojos para que no viera la muerte. Sintió la presencia de Kyrin en su mente, relamiéndose ante la inminente caída de su hijo.

—No —susurró Kael. Su voz fue ganando fuerza hasta llenar la catedral—. No voy a cosechar sus vidas para salvar la de ella. Lyra nunca me perdonaría, y yo no sería el hombre que ella ama.

Valerius soltó una carcajada seca.
—Entonces morirás aquí, y ella seguirá siendo el trono de tu padre hasta que el mundo se convierta en cenizas.

—Hay otra fuente de energía —dijo Kael, dando un paso hacia el Crisol—. Una que no le pertenece al Otoño, sino al Sol.

### II. La Apertura Prohibida

Kael no sacó su espada. Sacó la **Piedra de Fuego** y, al mismo tiempo, abrió el **Libro de Hielo**. Por primera vez desde que comenzó su viaje, permitió que ambas energías fluyeran por sus brazos sin el Velo de Ámbar para ocultarlas.

Sus brazos comenzaron a temblar. El brazo izquierdo se cubrió de una escarcha azulada y cortante; el derecho se volvió incandescente, con la piel agrietándose como lava.

—¡Estás loco! —gritó Valerius, retrocediendo—. ¡Ese choque te desgarrará!

Kael puso ambas manos sobre el cilindro del Crisol. No intentó forzarlo; intentó **alimentarlo**. Usó su propio cuerpo como un conductor, dejando que el frío absoluto de su linaje y el calor infinito de la piedra se aniquilaran el uno al otro dentro del artefacto.

### III. El Grito del Alma

El dolor fue más allá de lo físico. Kael sintió que su alma estaba siendo estirada entre dos polos. Sus ojos brillaron con una luz blanca cegadora. El Crisol empezó a girar, absorbiendo la energía de Kael a una velocidad aterradora. Las runas pasaron de naranja a un oro puro.

En ese momento de agonía, Kael vio el "plano de construcción" del alma humana. Vio cómo los hilos de Kyrin se enredaban en el corazón de Lyra, como espinas de una rosa negra. El Crisol no le dio una fórmula, le dio una **visión**: para separar a Kyrin de Lyra, necesitaba un tercer elemento, algo que no fuera ni fuego ni hielo. Necesitaba el **Ámbar de la Tierra**, la resina fósil que guarda el tiempo mismo.

El cilindro se abrió con un estallido sónico que lanzó a los guardias al suelo y apagó las antorchas de la catedral.

### IV. La Huida en el Vacío

Kael se desplomó sobre el Crisol, ahora abierto y vacío de energía. Su pecho subía y bajaba con dificultad; su piel estaba marcada por quemaduras de frío y fuego. Pero en su mano sostenía un pequeño objeto que había salido del cilindro: una **Llave de Engranajes de Oro**, el mapa hacia la ubicación del Ámbar de la Tierra.

Valerius, recuperándose del impacto, señaló a Kael con furia.
—¡Mátenlo! ¡Ha profanado el Crisol!

Pero antes de que los Segadores pudieran avanzar, el techo de la catedral estalló. Una lluvia de escombros y vapor inundó la sala.

—¡Por aquí, portador! —gritó una figura que descendía mediante cables desde las alturas.

No eran alquimistas. Eran hombres y mujeres con ropas de cuero reforzado y gafas de aviador. La resistencia de las Tierras del Sur, los **Buscadores de Ceniza**, habían llegado.




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