El Corazón Del Otoño: El Guardián Del Ámbar

Capítulo 14: Alas De Cuero Y Metralla.

### I. El Abismo bajo los Pies

Kael salió a la cubierta tropezando, el viento le azotaba la cara con una fuerza brutal. El cielo, de un tono naranja mortecino, estaba plagado de siluetas oscuras. Los **Buitres de Óxido** eran criaturas de pesadilla: esqueletos de aves gigantes cuyos huesos habían sido reforzados con metal podrido y cuyas alas eran jirones de cuero curtido en sangre.

—¡Mantengan la presión en el motor de babor! —gritaba Sora, enganchada a un arnés mientras disparaba ráfagas de virotes explosivos contra las criaturas.

El dirigible se escoró violentamente. Uno de los buitres había hundido sus garras de hierro en el depósito de gas superior, y el siseo del helio escapando sonaba como una sentencia de muerte.

### II. La Danza sobre el Casco

Kael desenvainó su espada. Sabía que no podía usar el "Velo de Ámbar" aquí; necesitaba fuerza bruta. Pero la advertencia de Lyra en el sueño aún le quemaba: *Kyrin lo estaba usando*.

—¡Kael, al mástil central! —ordenó Sora—. ¡Si no soltamos a esa bestia, nos arrastrará al suelo antes de llegar al Valle!

Kael corrió por la cubierta inclinada. Un buitre se lanzó sobre él, con el pico de bronce abierto para arrancarle la cabeza. Kael no retrocedió. Canalizó una chispa de la **Piedra de Fuego** a través del acero de su espada. La hoja brilló con un calor blanco y, con un giro preciso, cercenó el cuello mecánico de la criatura. El cuerpo de la bestia cayó al vacío, desintegrándose en chatarra antes de tocar las nubes.

### III. El Dilema del Capitán

Subiendo por las jarcias, Kael llegó a lo más alto del dirigible. Allí, el líder de la manada —un buitre el doble de grande, con restos de una armadura real de Aethelgard— estaba desgarrando la lona del globo.

Kael se detuvo al ver los ojos de la criatura. No eran ojos de animal. Eran gemas de cristal que proyectaban una imagen: la cara de Lyra, observándolo con una mezcla de burla y agonía.

—**Suéltalo, Kael** —siseó la voz de Kyrin a través de los graznidos metálicos de la bestia—. **Deja que el barco caiga. Únete a mí en el Valle. Ahorra el sufrimiento de estos insectos.**

Kael sintió la tentación de rendirse, de dejar que la gravedad decidiera su destino. Pero entonces vio a Sora, arriesgando su vida para remendar una tubería de vapor que goteaba fuego. Ella no era una "insecto"; era la vida que Lyra quería proteger.

### IV. La Caída Controlada

Con un grito de guerra, Kael clavó su espada en el lomo metálico del gran buitre. En lugar de quemarlo, usó el **Equilibrio de Ámbar** que Elian le enseñó. Introdujo una vibración de energía rítmica en la criatura, sobrecargando sus engranajes internos hasta que el metal se volvió quebradizo.

La bestia estalló en una nube de óxido y ceniza. Sin embargo, el daño en el dirigible era terminal.

—¡Perdemos altura! —gritó el piloto desde la cabina—. ¡Sujétense a algo!

El *Ícaro de Ámbar* comenzó un descenso vertiginoso hacia los picos nevados y oxidados que marcaban la entrada al **Valle de los Gigantes Dormidos**. Kael se aferró al mástil, viendo cómo el suelo se acercaba a una velocidad suicida. En el último momento, Sora activó los propulsores de emergencia, frenando el impacto lo suficiente para que el barco no se desintegrara, sino que se deslizara por la ladera de una montaña como un trineo de mil toneladas.




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