### I. El Despertar de la Piedra
Con el corazón del primer gigante —el Centinela del Risco— latiendo de nuevo, el Valle comenzó a transformarse. La nieve oxidada no se derritió, sino que fue absorbida por los poros de la tierra metálica. Kael, Sora y los dos buscadores supervivientes se encontraban ahora en una red de túneles que conectaban a los colosos bajo tierra.
Estos túneles eran los **Conductos de Linfa**, antiguos pasillos por donde circulaba la energía pura del mundo.
—Si este mapa es correcto —dijo Sora, señalando la proyección que emanaba del báculo de Kael—, estos túneles nos llevarán directamente al pecho de **Aethelos**, el Padre de las Montañas. Pero estamos caminando por las arterias de un dios que lleva siglos dormido. No sabemos qué habita en su torrente sanguíneo.
### II. Los Parásitos del Vacío
No tardaron en descubrirlo. A medida que avanzaban, las paredes de cobre empezaron a vibrar con un sonido agudo, como el chirrido de miles de agujas. De las grietas del metal surgieron los **Garrapatas de Óxido**: pequeños autómatas del tamaño de un puño, pero con mandíbulas capaces de perforar el acero.
No servían a Kyrin, eran simplemente el sistema inmunológico corrupto del valle.
—¡No usen fuego! —gritó Kael, viendo cómo uno de los buscadores sacaba una antorcha—. El gas de la linfa es altamente inflamable. Si encendemos una chispa aquí, volaremos todo el valle.
Kael usó su **Equilibrio de Ámbar** para proyectar una onda de calma magnética. Las criaturas se congelaron, confundidas por la frecuencia, permitiéndoles pasar, pero el esfuerzo le provocaba punzadas de dolor en la herida de su cuello, que ahora brillaba con un tono naranja febril.
### III. El Eco del Pasado
En un tramo del túnel donde el cristal era transparente, Kael se detuvo. Al otro lado del vidrio orgánico, vio algo que le heló la sangre: miles de cuerpos humanos preservados en una resina ámbar.
—¿Qué es esto? —susurró Sora, bajando su ballesta.
—Son los antiguos —respondió una voz que no era la de Kael ni la de Sora.
Del techo descendió una figura delgada, vestida con jirones de tela que parecían hojas secas. Su piel tenía la textura de la corteza y sus ojos eran como dos brasas de ámbar. Era una **Dríade del Metal**, una de las últimas guardianas de la linfa.
—Ellos no murieron —continuó la dríade—. Se ofrecieron. Cuando el Rey Liche trajo el primer Invierno, los humanos de este valle se fundieron con los Gigantes para mantener el mundo caliente. Lo que buscas, hijo de Kyrin, es la sangre de sus sacrificios.
### IV. La Condición de la Guardiana
La dríade, llamada **Vesper**, bloqueó el paso hacia el corazón de Aethelos.
—Para obtener el Ámbar de la Tierra, debes demostrar que tu fuego no es el de un destructor, sino el de un hogar —dijo Vesper, mirando directamente a la Piedra de Fuego que Kael llevaba oculta—. Kyrin-Lyra ya está perforando la superficie de Aethelos desde arriba. Si te dejo pasar, y tú fallas, le entregarás el poder de convertir este sacrificio en una tumba para toda la humanidad.
Kael se adelantó, arrodillándose ante la guardiana.
—No busco poder. Busco separar el alma de una mujer que prefirió morir antes que ver este mundo marchitarse.
Vesper extendió una mano de madera y metal, tocando la frente de Kael. En ese instante, él sintió el peso de miles de años de otoño.
—Pasa, caminante. Pero ten cuidado: el Padre de las Montañas no distingue entre el hijo y el padre. Para él, ambos huelen a la misma escarcha.