El Corazón Del Otoño: El Guardián Del Ámbar

Capítulo 23: El Pueblo Bajo El Velo.

### I. La Aldea de Ceniza-Blanca

La Guardia del Ámbar, encabezada por Kael y Harek, llegó a los límites de **Ceniza-Blanca**, una aldea agrícola que solía ser el granero de las tierras fronterizas. Ahora, el lugar estaba sumergido en una penumbra constante. El aire estaba saturado de hollín y escarcha, producto de la proximidad con la gran cúpula negra de Aethelgard.

Al ver acercarse a las figuras metálicas y brillantes, los aldeanos no salieron a recibirlos con vítores. Las puertas se cerraron de golpe y las ballestas de madera vieja asomaron por las ventanas.

—¡Atrás, engendros de la Cosecha! —gritó un hombre desde una torre de vigilancia—. ¡No nos queda nada que puedan secar!

### II. El Miedo a la Luz

Kael se detuvo a la entrada del pueblo. Su propia imagen, con las venas doradas palpitando bajo la piel y seguido por soldados que parecían estatuas vivientes, era aterradora. Para esta gente, él no era el príncipe que regresaba, sino una nueva forma de la misma pesadilla.

—No venimos a cosechar —dijo Kael. Su voz, amplificada por el ámbar en sus pulmones, vibró en las paredes de las casas—. Venimos a cruzar.

Lyra dio un paso adelante, quitándose la capucha para mostrar su rostro.
—Soy Lyra de Aethelgard. ¿Acaso han olvidado el rostro de quien sanaba sus heridas?

Un murmullo recorrió la aldea. Algunos bajaron las armas, pero el miedo seguía allí, palpable como la niebla. El alcalde, un hombre encorvado por el frío, salió al encuentro.
—Si son quienes dicen ser, deben saber que el **Duque Draven** tiene espías en cada rincón. Si les damos cobijo, él vendrá y quemará lo poco que nos queda para "purificar" el rastro de la magia de la Tierra.

### III. La Infección del Aire

Antes de que Kael pudiera responder, un grito desgarrador provino de la plaza central. Una mujer sostenía a su hijo, quien convulsionaba mientras sus pulmones exhalaban un vapor negro. Era el **Aliento del Liche**, un residuo de la magia que escapaba de la cúpula de Aethelgard.

Kael se acercó rápidamente. Los aldeanos retrocedieron, pero Harek y sus hombres formaron un círculo protector. Kael puso sus manos sobre el pecho del niño. Sintió la oscuridad dentro del pequeño, una mancha de frío absoluto.

—*Úsalo...* —susurró la voz de Kyrin desde el fondo de su mente—. *Absorbe el dolor. Conviértelo en parte de tu prisión. Hazte más fuerte a costa de su debilidad.*

Kael ignoró la voz. En lugar de absorber la sombra, proyectó una pulsación de **Ámbar Puro**. El color dorado inundó los pulmones del niño, neutralizando el frío negro. El pequeño tosió una nube de ceniza inerte y volvió a respirar.

### IV. El Precio del Milagro

El niño se salvó, pero Kael cayó de rodillas. Un mechón de su cabello se volvió blanco al instante. El esfuerzo de usar el ámbar para sanar, en lugar de para retener a Kyrin, había debilitado su control.

—Kael, te estás consumiendo —susurró Lyra, sosteniéndolo por los hombros.

—Ellos... necesitan saber que no somos como él —logró decir Kael.

El silencio de la aldea se rompió cuando un cuerno de caza sonó en la distancia, profundo y metálico. En el horizonte, un grupo de jinetes sobre monturas de hueso y hierro comenzó a descender de las colinas. Eran los exploradores de **Draven, el Duque de la Ceniza**, el general más despiadado de Kyrin, que no aceptaba la derrota de su señor.

—Han venido —dijo el alcalde, temblando—. La purificación ha comenzado.




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