El Corazón Del Otoño: El Guardián Del Ámbar

Capítulo 24: El Baluarte de Oro Y Ceniza.

### I. La Carga de los Jinetes de Hueso

El Duque Draven no envió una delegación de paz. Los jinetes que descendían por las colinas eran los **Caballeros del Sudario**, guerreros cuyas armaduras habían sido fundidas directamente sobre su piel por la magia de Kyrin. Montaban corceles que no eran más que andamios de hueso y tendones, movidos por una sed de sangre insaciable.

—¡Formen el muro! —rugió el Capitán Harek.

Los doce soldados de la **Guardia del Ámbar** se plantaron en la entrada de la aldea. Al golpear sus escudos contra el suelo, el metal dorado resonó con una vibración que hizo que los caballos de hueso titubearan. Pero eran superados en número de diez a uno.

### II. El Duque de la Ceniza

A la retaguardia de los atacantes, un carruaje de hierro negro tirado por bestias deformes se detuvo. De él descendió un hombre alto, con una armadura que goteaba ceniza caliente de forma perpetua. Era **Draven**.

—¡Miren qué espectáculo tan patético! —gritó Draven, su voz era como el crujido de un incendio—. El hijo del Gran Liche, jugando a ser el salvador de hormigas. Si no entregas el Ámbar que robaste, quemaré este pueblo hasta que no quede ni el recuerdo del nombre.

Kael se puso en pie, apoyándose en su espada. La debilidad por la sanación anterior lo hacía tambalear, pero sus ojos brillaban con un fuego ocre que intimidaba incluso a los caballeros enemigos.

### III. El Dilema del Vórtice

Draven alzó su mano y una lluvia de saetas envueltas en fuego negro cayó sobre las casas de paja de los aldeanos. Los gritos de las mujeres y niños llenaron el aire.

—¡Kael, no puedes salvarlos a todos uno por uno! —gritó Sora, disparando su ballesta desde un tejado.

Lyra intentó invocar una barrera de hielo para detener el fuego, pero el calor de la ceniza de Draven era una contra-magia diseñada específicamente para anular los poderes de la Reina. El hielo se evaporaba antes de formarse.

Kael cerró los ojos. Podía sentir a Kyrin riendo en su interior. *«Suéltame un poco, hijo. Solo un poco de mi poder y yo borraré a este Duque impertinente por ti»*.

—No —susurró Kael—. Lo haré a mi manera.

### IV. La Tormenta de Ámbar

Kael hundió su espada profundamente en el suelo de la plaza. En lugar de canalizar el fuego de la piedra, abrió de par en par los conductos de su propio pecho. El **Ámbar de la Tierra** brotó de él no como una luz, sino como una onda expansiva de materia física.

La resina dorada fluyó por el suelo como lava fría, atrapando las patas de los caballos y las botas de los caballeros de Draven. En segundos, la plaza se convirtió en un bosque de estatuas doradas. Pero Kael no se detuvo ahí. Expandió la energía hacia el cielo, creando un domo translúcido sobre la aldea que interceptaba las saetas de fuego.

El esfuerzo fue sobrehumano. La piel de los brazos de Kael empezó a agrietarse, dejando ver que su interior ya no era de carne, sino de cristal líquido.

—¡Retirada! —gritó Draven, viendo cómo sus mejores hombres quedaban convertidos en monumentos de ámbar inamovibles. El Duque huyó hacia las colinas, pero su mirada prometía que regresaría con toda la fuerza del ejército del Sur.

### V. El Silencio Tras la Victoria

La tormenta se detuvo. La aldea estaba a salvo, protegida bajo una capa de resina que se solidificaba rápidamente. Sin embargo, en el centro de la plaza, Kael no se movía. Su brazo derecho se había vuelto completamente de ámbar sólido hasta el hombro, dejándolo rígido como una estatua.

Lyra corrió hacia él y le tocó el rostro. Estaba frío, pero su corazón latía con un sonido metálico y lento.

—Lo has hecho —susurró ella, con lágrimas en los ojos—. Pero a qué precio, Kael... a qué precio.




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