### I. La Boca del Inframundo
La entrada al pasaje era una rejilla de hierro colosal, oculta tras una cascada de hielo eterno en la base de los picos fronterizos. Al abrirla, un aire rancio y gélido escapó del túnel, trayendo consigo un sonido que no era el del viento, sino el de miles de susurros solapados.
—Los Gritos del Invierno —dijo Tobias, el cartógrafo, santiguándose—. Recuerdos que el hielo no dejó escapar.
Kael lideró la marcha. Su brazo de ámbar brillaba con una luz ocre mortecina, sirviendo como la única antorcha en la oscuridad absoluta. A su lado, Lyra mantenía una esfera de fuego azul en su mano, pero la oscuridad del túnel parecía devorar la luz.
### II. Los Ecos de la Helada
A medida que avanzaban, las paredes de piedra empezaron a mostrar relieves que no habían sido tallados por manos humanas. Eran formas de personas atrapadas en el momento exacto de su muerte: padres abrazando a sus hijos, soldados de rodillas, todos convertidos en escarcha negra por la primera maldición de Kyrin.
De repente, los susurros se hicieron nítidos.
—*¿Por qué nos dejaste morir, príncipe?* —susurró una voz de mujer cerca del oído de Kael.
—*Tienes su sangre... eres su monstruo...* —siseó otra desde las sombras.
No eran solo fantasmas; eran **Ecos Psíquicos**. La cúpula de Aethelgard proyectaba el dolor de la ciudad hacia los túneles. Kael sintió que su brazo de ámbar vibraba con fuerza. El cristal estaba absorbiendo la angustia del pasaje, actuando como un filtro para que Lyra y los demás pudieran seguir adelante.
### III. El Guardián de los Lamentos
En el punto más profundo del túnel, el camino se ensanchaba en una cámara circular donde el permafrost era tan grueso que el suelo parecía cristal negro. Allí les esperaba el **Espectro del Senescal**, un guardián de energía pura creado por el remanente de la magia de Kyrin.
El Espectro no atacó con armas, sino con una ráfaga de frío absoluto que congelaba la voluntad. Sora y los Buscadores de Ceniza cayeron de rodillas, con sus pulmones ardiendo por el aire gélido.
—¡Atrás! —gritó Kael.
Se interpuso entre el Espectro y el grupo. Extendió su brazo derecho, el brazo de ámbar sólido. El frío negro del guardián chocó contra el cristal dorado. En lugar de romperse, el brazo de Kael empezó a absorber la oscuridad. Las grietas en el ámbar se llenaron de vetas negras, como tinta cayendo en miel.
### IV. La Visión de la Ruina
Al absorber la energía del Espectro, Kael tuvo una visión relámpago de la capital. Vio el gran salón del trono de Aethelgard. No estaba vacío. Una figura de hielo puro, una construcción mágica dejada por su padre, estaba sentada en el trono, sosteniendo un cetro que latía al unísono con la cúpula.
—El **Nudo de Hielo** —jadeó Kael cuando el Espectro finalmente se disolvió, absorbido por su brazo—. El hechizo no está en la cúpula... está en el trono. Si destruimos el cetro, la barrera caerá.
### V. El Final del Camino Oscuro
Kael se desplomó contra la pared. Su brazo derecho ahora estaba jaspeado de negro y oro, y el frío había subido hasta su cuello. Lyra corrió hacia él, rodeándolo con su calor, pero esta vez el cuerpo de Kael no respondió. Su piel se sentía como piedra fría.
—Estamos cerca —dijo Tobias, señalando una escalera de caracol que subía hacia el techo—. Esas escaleras llevan a las cocinas reales. Estamos bajo el palacio.
Kael levantó la cabeza. Sus ojos, antes dorados, ahora tenían un anillo exterior de color negro humo. Kyrin estaba ganando terreno, alimentándose del frío que Kael acababa de absorber para salvarlos.
—Subamos —dijo Kael, con una voz que ya no parecía humana—. Terminemos con esto antes de que yo me convierta en lo que vine a destruir