### I. El Retorno al Hogar de Cristal
La escalera de caracol desembocó en una pesada trampilla de hierro que conducía a las antiguas bodegas de vino del palacio. Al abrirla, el grupo no fue recibido por el calor de las cocinas, sino por un silencio sepulcral y una capa de escarcha tan espesa que las botellas de cristal habían estallado por la presión.
—El aire... apenas se puede respirar —susurró Sora, cubriéndose la boca con un pañuelo.
Kael salió primero. Su brazo de ámbar, ahora veteado de negro tras absorber al Espectro, emitía un zumbido sordo que hacía vibrar el suelo. La luz que desprendía era intermitente, como un corazón en agonía.
### II. Los Ojos en la Penumbra
Mientras avanzaban entre los estantes rotos, el sonido de una ballesta siendo amartillada resonó en la oscuridad.
—Un paso más, engendro de oro, y te juro que este virote encontrará el hueco entre tus placas —dijo una voz áspera, cargada de fatiga y odio.
De detrás de unos barriles surgieron una docena de figuras esqueléticas. No eran monstruos de hielo, sino hombres y mujeres con los rostros demacrados y las armaduras remendadas con pieles de lobo. Al frente estaba una mujer con una cicatriz que le cruzaba el ojo izquierdo: la **Comandante Vala**, la mano derecha de la familia real, a quien Kael creía muerta durante la caída inicial de la ciudad.
### III. El Reconocimiento de la Reina
—¿Vala? —la voz de Lyra se quebró al salir de las sombras.
La comandante dejó caer su ballesta, y el sonido del metal contra el suelo fue el único ruido en la estancia. Se arrodilló lentamente, seguida por sus hombres.
—Mi Reina... creímos que el invierno se la había llevado —dijo Vala con voz ronca—. Hemos sobrevivido aquí abajo, alimentándonos de hongos y de la poca energía que queda en las piedras rúnicas de las bodegas. Pero arriba... arriba el palacio pertenece a las **Sombras de Kyrin**.
Vala explicó que la construcción de hielo que Kael vio en su visión no era solo una estatua; era un **Simulacro**, una cáscara vacía que Kyrin usaba como antena para canalizar el vacío desde el otro lado.
### IV. La Estrategia del Suicidio
—El Simulacro está custodiado por la **Guardia de Escarcha**, soldados que ya no tienen alma —informó Vala, mirando con recelo el brazo de Kael—. Si intentan entrar por la puerta principal, los harán pedazos antes de que lleguen al trono.
Kael se acercó al mapa de la ciudad que Vala tenía extendido sobre un barril. Su dedo de ámbar rozó el papel, dejando una marca quemada.
—El Simulacro está conectado al **Nudo de Hielo** en el trono —dijo Kael—. Si yo puedo tocar el trono con mi brazo de ámbar, el choque de energías anulará la cúpula. Pero necesito que alguien distraiga a la Guardia de Escarcha.
—Lo haremos nosotros —dijo Harek, dando un paso adelante con sus soldados Oxidados—. Somos de metal y oro. El frío de la guardia no nos detendrá tan rápido como a los hombres de carne.
### V. La Marca de la Despedida
Antes de partir hacia el gran salón, Lyra detuvo a Kael en un rincón. Le tomó la mano izquierda, la que aún era humana, y sintió que estaba ardiendo. La fiebre del ámbar estaba consumiendo a Kael.
—Si tocas ese trono, la energía del Nudo de Hielo entrará directamente en el ámbar —dijo Lyra con urgencia—. Podrías cristalizarte por completo en un instante. Serías una estatua eterna sosteniendo el trono de Aethelgard.
Kael la miró con una sonrisa triste, sus ojos ahora más negros que dorados.
—Si ese es el precio para que tú vuelvas a ver el sol sobre esta ciudad, lo pagaré mil veces, Lyra.
Vala dio la señal. La resistencia de las bodegas y la Guardia del Ámbar comenzaron a subir las escaleras hacia el salón principal. El asalto final por el alma del Norte había comenzado.